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Eibar, donde el fútbol es solo fútbol

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Enclaustrado en un mundo de fútbol mediático, presupuestos de más de 500 millones de euros, traspasos multimillonarios y Balones de Oro sobrevive en modesto club como la SD Eibar. El pasado domingo tuvo lugar un enfrentamiento al más puro estilo “David contra Goliat”. Un encuentro de poderes, un choque de clases; ricos contra pobres, donde, al igual que en la sociedad actual imperante, siempre ganan los ricos. El Barça ganó y el Eibar perdió, no creo que nadie se vea sorprendido por este resultado pero, tal vez, deberían destaparse ante el Eibar; un club que resiste en un mundo que lo rehúye y menosprecia.

La Sociedad Deportiva Eibar nació en 1940. Como anécdota, en 1944 la Federación Guipuzcoana de Fútbol le cedió al club un equipamiento completo del FC Barcelona, de ahí el blaugrana de su indumentaria actual. En 1950 debutó en categoría regional. 26 años naufragando entre 3ª y 2ª división (no existía aún 2ªB) volvió a descender a regional en 1976. Para que se hagan una idea, el Real Madrid ya había ganado 17 Ligas y 6 Copas de Europa por aquel entonces. Nada hacía presagiar que el Eibar iba a tener, alguna vez, la oportunidad de luchar con los grandes.

Pero se repuso de aquel percance y consiguió volver a 3ª, 2ªB e incluso 2ª división, donde militó 18 temporadas de forma consecutiva, record histórico. Un equipo humilde que habita entre los embarrados campos de 2ª división y 2ªB pero sin grandes aspiraciones más allá de la permanencia. Un objetivo: competir y disfrutar, siempre como un equipo. Hasta la temporada 2013-2014.

Gaizka Garitano consiguió el ascenso a 2ª división en la campaña 2012-2013. El Eibar partía con el presupuesto más bajo de la categoría en su retorno a la Liga Adelante (3.9 millones de €). Sin embargo, y contra todo pronóstico, el conjunto armero ascendió a Primera División por primera vez en su historia y como campeón de la categoría. Con trabajo y humildad como bandera, Eibar se convirtió en la ciudad con menos habitantes (27.000) en participar en la máxima categoría del fútbol español.

Un sueño, pero un sueño complicado. El inicio no fue fácil. Ipurúa tuvo que bregar para conseguir ser un estadio apto en Primera División ya que no cumple el aforo mínimo exigido (15.000 localidades), es más, no alcanza ni la mitad (6.300). Un presupuesto de 15.8 M€, el menor de Primera, por supuesto, no permite grandes atavíos ni excesos. Cesiones, jugadores libres y la inseguridad de hacer una plantilla nueva cada temporada no ayudan a afianzar un proyecto. Más el club guipuzcoano puede sentirse orgulloso de estar libre de deuda, lo que le valió para salvarse ocupando la plaza del Elche (descenso administrativo).

El equipo puede disfrutar, como mínimo, una temporada más en la cima. Una alegría que no hace olvidar la triste realidad. La necesidad de remplazar 18 bajas en tres meses para un equipo modesto; apenas 4.000 socios, sin filial y sin entrenador puesto que Garitano dimitió antes de conocer que el descenso no sería tal. Sin embargo, la fórmula de la austeridad volvió a triunfar. Incluso “sobró” dinero para comenzar un proyecto de ampliación de Ipurúa y permitirse el lujo de realizar un fichaje “mediático”. El japonés Takashi Inui es el fichaje más caro de la historia del Eibar. Aterrizó por la astronómica cifra de 300.000€, que viene a ser lo que cobra Leo Messi en aproximadamente 16 horas.

La antítesis del fútbol moderno. Jugar para los aficionados y no para las cámaras. Alejados de los millones, las portadas, los contratos exacerbados, los premios, la corrupción y las ayudas externas. Que la televisión solo se acuerde de ti cuando juegas contra el Real Madrid o el Barcelona, y como pierdas; además es que eres malo. Humildad, trabajo, lucha, el equipo por encima de todo, la duda del que pasará mañana si no rindo, el barro, el fútbol visto desde el balcón. En definitiva, fútbol, porque los domingos en Ipurúa son eso; SOLO FÚTBOL.

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