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De EEUU a China: la exótica retirada de los futbolistas

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El fútbol ha cambiado. Lejos quedan aquellos jugadores que rechazaban grandes ofertas para quedarse en el club de sus amores. El dinero era algo secundario. Nadie buscaba acabar su carrera profesional con un gran contrato. El fútbol era para disfrutar, para vivirlo y hacer grande el equipo que te vio crecer. Jugadores como Matt Le Tissier, Julen Guerrero o Claude Puel rechazaron grandes fortunas por quedarse en el club de su vida. Decía el bueno de Matt que “jugar en los mejores clubes es un bonito reto, pero hay un reto mucho más difícil: jugar contra los grandes y ganarles. Yo me dedico a eso”.

Hoy en día los jugadores entienden el fútbol de forma distinta. La retirada futbolística ha ido evolucionando a lo largo de los años. En un principio, los futbolistas buscaban finalizar su carrera profesional en su primer club, aunque fuera en una categoría inferior. Por respeto y por amor a unos colores. Algunos aún lo hacen, como Rivaldo, pero son solo un pequeño porcentaje.

Todo empezó con Estados Unidos. Jugadores como Pelé o Beckenbauer acabaron compartiendo equipo al final de su carrera, el New York Cosmos, pero quien abrió la veda del éxodo americano fue otro. Se trata de David Beckham. Su fichaje por Los Ángeles Galaxy se volvió viral. La estrella inglesa iba a retirarse en Estados Unidos a cambio de un jugoso contrato. En ese momento la MLS, una liga menor y prácticamente desconocida para muchos, empezó a ser el foco de atención de los aficionados del balompié. Los estadounidenses vieron que podían hacer lo que mejor sabían: negocio. Varios equipos americanos empezaron a firmar jugadores al borde de la retirada: Frings, Keane, Henry, Ljungberg o Nesta acabaron sumándose a David en el nuevo sueño americano.

La MLS fue llenándose de estrellas. Empezaron a llegar jugadores más jóvenes, que no encontraban su hueco en Europa. El dinero empezaba a ser determinante en el fútbol y jugadores como Giovinco dejaban el fútbol Europeo con 27 años. Actualmente, Drogba, David Villa, Pirlo, Steven Gerrard, Ciman, Iraola, o Howard disputan una liga que sigue creciendo año tras año.

Después del boom americano aparecieron dos países dispuestos a asaltar la banca: Catar y los Emiratos Árabes. Los petrodólares entraban en juego. Rusia también lo intentó con el Anzhi de Eto’o, Roberto Carlos, Zhirkov y compañía pero el proyecto acabo siendo un completo fracaso. En ese momento, los salarios que pagaban equipos como Al-Sadd eran estratosféricos. Pocos clubes europeos se podían permitir esos sueldos y dar un nivel de vida tan alto a sus jugadores. Pero había un problema, muchos se dejaban seducir por el dinero pero no eran capaces de convivir con la cultura y el modo de vida del país. El dinero no da la felicidad, aunque muchos lo piensen. Jugadores como Raúl González Blanco probaron suerte en Catar y otros como Xavi Hernández (Al-Sadd), Sergio García (Al-Rayyan) o Nilmar (Al-Nasr), siguen jugando en equipos de la península arábiga.

Mención especial merece la India. El país asiático cuenta con 1.252 millones de habitantes pero con escasa tradición futbolística. Para ello, decidieron crear una pequeña liga de superestrellas con el objetivo de promocionar el deporte rey en el país. Los equipos, filiales de grandes clubes europeos, como el Atlético Kokalta del Atlético de Madrid o el Pune City de la Fiorentina, se encargaban de llevar a jugadores dispuestos a dar espectáculo y llenar los estadios por todo el país. Grandes jugadores como Anelka, Cannavaro, Zambrotta, Helder Postiga, Simao o Trezeguet pasaron por la Hero Indian Super League.

La idea de promocionar el fútbol usada por la India gustó a varios países que se dispusieron a tomar medidas para que el fútbol fuera un deporte importante en su estado. El fútbol mueve mucho dinero y eso es un factor determinante. China, conocedora de la importancia de este deporte en la sociedad actual, se lo tomó en serio. Decía Camacho, en su etapa como seleccionador, que “entre mil millones de chinos seguro que hay buenos futbolistas”. Los había pero costaba encontrarlos. Por ello, el gobierno chino creó una serie de normas, como impartir un número de horas obligatorias en las escuelas, para promover el fútbol en el país. El objetivo: ganar un Mundial.

Para conseguir mayor repercusión y interés por parte del público local, comenzaron a fichar a grandes estrellas mundiales para hacer la liga más atractiva y competitiva. Empezaron poco a poco, fichando un par de jugadores clave por temporada. Futbolistas como Elkeson, Muriqui o Ricardo Goulart llegaban al país asiático dispuestos a dar espectáculo. La samba brasileña siempre vende.

La llegada de jugadores brasileños a la liga local provocó una oleada de nuevos aficionados al balompié por lo que decidieron aumentar las inversiones con el objetivo de convertir la Superliga China en una de las competiciones más importantes a nivel mundial. Lavezzi, Gervinho, Demba Ba, Alex Teixeira, Oscar, Hulk o Jackson Martínez hacían las maletas al fútbol Chino en los últimos tres años. Los equipos europeos llenaban sus arcas vendiendo a sus jugadores muy por encima de su valor de mercado. Futbolistas de apenas 25 años, dejaban equipos punteros de Europa para jugar en el fútbol chino. La recompensa, salarios estratosféricos.

Por suerte, la locura del futbol chino empezará a verse limitada. Tras el fichaje de Carlos Tévez, que recibirá 40 millones de euros por temporada, el gobierno de la República Popular China decidió imponer una serie de restricciones para limitar el gasto de los equipos y fomentar el fútbol local, limitando a tres el número de jugadores extranjeros que pueden estar jugando simultáneamente sobre el terreno de juego.

La retirada en el fútbol ya no es lo que era. Pocos dirían que Frank Lampard, estrella del Chelsea durante años, acabaría jugando en el Manchester City y marcando un gol a su exequipo. La razón: su fichaje por el New York City. Todo lo bueno del deporte, la parte sentimental del mismo, se está perdiendo. Ya no interesa lo que pase sobre el terreno de juego. Lo que importa de verdad está en un bolsillo. Un bolsillo lleno de dinero.

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