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Dybala, el faro que guía a la Juventus

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Hace tiempo que una estrella brilla con luz propia en Turín. Con el “21” a la espalda, herencia de ilustres como Pirlo o Zidane, y con tan solo 23 años, Paulo Dybala se ha convertido en el faro de la Juventus. Paulo es la luz, el ingenio y la brujería del conjunto de Allegri. La ‘joya’ argentina ha pasado de ser una promesa para consagrarse ya en una realidad que no para de crecer partido tras partido.

Nacido en Laguna Larga (Córdoba, Argentina), Dybala dio sus primeros pasos como futbolista en Instituto de Córdoba, donde llegó a los 10 años. Sería en la temporada 2011-12, mientras su equipo se encontraba en plena lucha para conseguir el ascenso a Primera División Argentina, cuando se produciría su debut, a la temprana edad de 17 años. Durante esa campaña, el argentino no paró de golear y de cuajar grandes encuentros, lo que llamó la atención de grandes clubes europeos. Finalmente, sería el Palermo quien apostara fuerte por él, pagando alrededor de 15 millones por un jugador que tan solo había jugado en la segunda división argentina, pero que había maravillado con sus actuaciones.

Su periplo en la capital de Sicilia fue algo convulso. En su primer año tuvo que vivir el descenso de su equipo. No le fue fácil adaptarse al fútbol europeo, donde tuvo que cambiar algunas costumbres de alimentación y varios aspectos de su juego. Ya en la segunda temporada, en Serie B, Paulo fue importante para lograr el retorno a la Serie A. Allí encontró a un aliado perfecto, el ‘Mudo’ Vázquez, que hoy triunfa en Sevilla. Juntos, congeniaron a la perfección y devolvieron al Palermo a primera división. Su tercera campaña fue la de su explosión definitiva. Sus 13 goles y 10 asistencias, combinado con auténticas exhibiciones, como la de San Siro, le sirvieron para firmar por la Juventus de Turín, por nada menos que 32 millones de euros.

En Turín, la “Joya” (así lo apodan en Argentina y en su mismo vestuario) solo ha hecho que quemar etapas a ritmo vertiginoso. Solventó con creces la ardua tarea de suplir al ‘Apache’ Tévez y en su año de presentación en el Juventus Stadium anotó 23 tantos en 46 partidos. Pero Dybala no conquistó precisamente a la hinchada bianconera por sus goles. Su magia, su fantasía, su preciosa forma de conducir el balón cosido al pie, al más puro estilo Messi, conquistaron a una ciudad que comienza a ser consciente del diamante en bruto que tiene en sus manos. Ahora, el cordobés se ha convertido en uno de los líderes de la Juventus y media Europa se pelea por él. Su valor de mercado se ha disparado hasta cotas inimaginables y la Vecchia Signora ansía renovar a su estrella a toda costa.

Higuaín y Dybala se abrazan tras un gol | GIUSEPPE CACACE/AFP/Getty Images

Su estilo de juego es brillante, es una maravilla verle jugar. No es un 9 puro, pero en alguna ocasión puede desempeñarse en esa demarcación. Su posición ideal es la de segundo punta, acompañado de una referencia ofensiva que asuma la carga goleadora y donde él pueda moverse con libertad. Cuando arranca con la pelota, olvídense de pararle. Pese a su baja estatura, su tren inferior es muy potente, lo que le permite aguantar bien en el cuerpo a cuerpo. Su técnica es exquisita: posee desborde, regate, velocidad, disparo, visión de juego y un último pase a la altura de muy pocos. La zurda, de seda. Es un maestro en los balones parados, las pone con música, pero también es capaz de colocar en la misma escuadra una falta directa.

En la delantera, ha encontrado a su socio ideal. Gonzalo Higuaín y él forman una de las mejores duplas del fútbol europeo y la Juventus se beneficia de ello. Entre los dos suman 31 goles, 21 del Pipita y 10 de Dybala. Su compatriota, que llegó en verano por 90 millones, es el acompañante perfecto para que Dybala explote sus virtudes. Ambos, coincidieron también en la selección. La primera llamada del combinado nacional le llegaría a finales de 2015 y allí conocería a su ídolo Leo Messi, del que algunos le consideran su sucesor.

Pero la vida del delantero no fue un camino de rosas. A los 15 años se llevaría su mayor varapalo al conocer la muerte de su padre, una de las personas más influyentes de su vida. Meditó dejar el fútbol, sin embargo, sacó fuerzas y continuó su carrera. De eso hace ocho años ya. Ahora, con 23 años, es un de los mejores jugadores del mundo y su padre a buen seguro estaría orgulloso de él. Con media Serie A en el bolsillo, Dybala quiere dar el paso definitivo mostrándose al mundo entero en la Champions League. La Copa de Europa es uno de los objetivos de la Juventus y sin duda, el argentino suspira conquistarla.

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