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Dos espejos para Valentino Rossi

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Este domingo, con apenas unas horas de diferencia, dos reyes del deporte mundial elevaban los brazos al cielo por enésima vez en sus vidas: Usain Bolt revalidaba su título mundial de los 100 metros lisos. Roger Federer se hacía con su séptimo Masters 1000 de Cincinnati.

Dos genios muy acostumbrados al éxito, dos victorias muy diferentes a las anteriores. Diferentes por lo inesperadas. Esta vez, ni Bolt ni Federer eran favoritos.

Ese cartel lo tenían otros. El jamaicano lo tenía al lado. El suizo, enfrente. Justin Gatlin y Novak Djokovic ostentaban esa condición, con Bolt y Federer degradados a la categoría de aspirantes.

Exactamente igual que le sucede a Valentino Rossi, el piloto más laureado del motociclismo moderno, en busca de un título para el que todos señalan a Jorge Lorenzo.

Para Rossi, conquistar el décimo título ante un rival más joven y en mejor forma sería una pequeña gran proeza. Como lo fue para Usain cruzar la meta por delante del hombre más rápido del momento. Como para Roger tumbar en sets consecutivos al claro dominador del tenis mundial en la actualidad.

La hazaña del mejor velocista que recuerda la historia duró apenas diez segundos. La del considerado por muchos como el GOAT (Greatest of all times) se demoró hasta los noventa minutos. ‘Il Dottore’ busca el más difícil todavía: desafiar a la lógica del paso del tiempo durante siete fines de semana para resolver a su favor una partida que después de once movimientos se mantiene en tablas.

El objetivo es majestuoso: burlar la coherencia de la edad para ganar sin ser el mejor. El domingo, Bolt no era mejor que Gatlin. Y le ganó. Federer no era mejor que Djokovic. También le ganó. Para entender las causas hay que acudir a un componente que poco tiene que ver con la edad o el estado físico: la voracidad competitiva.

Un componente que ni se entrena ni se adquiere, y que puede conseguir invertir la tendencia en el momento clave.

Bolt llegaba a Pekín tras un año en blanco y ocho meses de dudas, acrecentadas por unas series en las que se vio muy cerca de la eliminación; mientras Gatlin venía de ganar todo lo que corría y con la sensación de estar, a sus 33 años, ante una ocasión única de batir en mano a mano a un jamaicano que jamás volverá a ser el mismo que voló durante 9,58 segundos hace seis años. Pero acabó con una medalla de plata colgada del cuello.

Tampoco Federer volverá a ser aquel ciclón que arrasaba en Australia, Wimbledon y US Open un año tras otro. A sus 34 años, su último Grand Slam (Wimbledon 2012) queda ya muy lejos. Djokovic se plantaba por quinta vez en la final de Cincinnati, el único M1000 que aún no ha ganado. Pero un balance de 56 victorias y cuatro derrotas en 2015 le ponía ante una ocasión única de hacerlo. Y, por quinta vez, se despidió del torneo previo al US Open aplaudiendo al ganador.

Como Justin Gatlin y Novak Djokovic en sus respectivos deportes; Jorge Lorenzo es, ahora mismo, el piloto más en forma de MotoGP. Lidera la general tras lograr en Brno su quinta victoria del año, pero tiene al otro lado del box a un animal competitivo dispuesto a cuestionar esa superioridad e invertir la tendencia en el momento clave.

Su nombre es Valentino Rossi, y tiene en Roger Federer y Usain Bolt dos espejos en los que mirarse. Y quién sabe si, como sucedió entre Bolt y Gatlin en Pekín, el título de MotoGP se decida en Valencia por una centésima.

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