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Donnarumma y la generación de la inmediatez

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Dentro del ámbito educativo, existe una terminología concreta que sirve para explicar las inquietudes y actuaciones de los adolescentes de hoy en día. Expresiones que contienen un fundamento pedagógico y que tratan de analizar aspectos físicos, psicológicos y sociales de los bienes más preciados de nuestra sociedad del futuro. Estos ejes del desarrollo cognitivo se modifican con los años, ya que están vinculados a la capacidad natural que tienen los seres humanos para adaptarse e integrarse a su ambiente. Así pues, se puede decir que lo que sucede a nuestro alrededor influye en nuestro desarrollo personal.

Un término cada vez más escuchado y que creo que precisa muy bien lo que quiero transmitir, es el que afirma que los jóvenes de hoy son “la generación de la inmediatez”. Los canales y vías de comunicación se han multiplicado en la última década, lo que nos permite acceder a mucha más información en un menor espacio de tiempo. ¿Para qué buscar y seleccionar información en un libro si puedo acceder a ella escribiendo las palabras clave en Google? ¿Para qué esperarme un rato en la plaza donde hemos quedado si puedo escribir a mis amigos para preguntarles donde están y por qué están tardando? Este progreso a nivel comunicativo que incrementa nuestras posibilidades ante todo lo que tenemos enfrente, debe ser gestionado con sensatez en los adolescentes. Hay que saber acompañarles, pactando acuerdos y facilitándoles alternativas válidas para no convertirse en muñecos engullidos por esta necesidad de inmediatez.

Como un montón de cosas en esta vida, este asunto también tiene transferencia en el mundo del fútbol y del deporte. Marco Fassone y Massimiliano Mirabelli, encargados de la dirección deportiva del AC Milan, daban a conocer el pasado 15 de junio una inesperada y triste noticia para la afición rossonera: el portero Gianluigi Donnarumma, base sobre la que se quería edificar el proyecto milanista de la próxima década, ha decidido no renovar su contrato con el club que le aupó a la élite, le dio la oportunidad de jugar en la Serie A con 16 años y que estaba dispuesto a ofrecerle un sueldo de 5M€ durante los próximos cinco años, pese a que solo acababa de cumplir la mayoría de edad.

Teniendo en cuenta estas condiciones contractuales, y aunque cueste de creer por el representante que tiene, parece claro que Gigio ha rechazado al club rossonero por motivos deportivos. Y es precisamente este motivo el que ha acentuado el problema, dado el contexto en el que se encuentran (o encontraban) el joven portero y el Milan, representado en los siguientes puntos clave:

  • Lo nuestro era real: la decisión de irse así puede entenderse si viene de alguien que no siente el club o que ha tenido una relación problemática los tifosi. No es el caso, ya que la historia de Donnarumma y el AC Milan parecía sacada de un cuento de hadas: una afición necesitada de nuevos referentes, un portero fichado para las inferiores y llegado al primer equipo desde el Milan Primavera, titular desde adolescente, con muestras de amor hacia el club (declaraciones y besos al escudo), ganando su primer título como rossonero en verano de 2016 y con la personalidad para marcar una época en la portería de San Siro.

 

  • El despertar de la fuerza: el portero se va justo cuando da la sensación que el AC Milan resurge de las cenizas en las que lleva instalado más de un lustro. El club está siendo uno de los refrescantes protagonistas de este mercado de fichajes. Parece que, con el dúo Fassone/Mirabelli enfrente y con la ayuda del capital chino, el club es capaz de recuperar en unos años (parte de) la grandeza que le corresponde. Pues bien, Donnarumma ha escogido irse y no ser partícipe de todo este proceso que debe devolver al Milan al lugar del que nunca debió irse: la pelea por el Scudetto y la presencia en Champions League como hábitat natural.

 

  • Más no se puede hacer: se le ha ofrecido un proyecto del que acabaría siendo capitán, referencia y quién sabe si leyenda. Se le han mostrado claras evidencias de hacia dónde va el club a nivel deportivo, con incorporaciones que supondrán un salto de calidad importante. Se le ha garantizado un sueldo nunca visto para un jugador que aún tiene que demostrar muchísimo a lo largo de su carrera. Se ha esperado a que el joven tomara una decisión, siempre respetando los plazos de una decisión así pese a saber que al lado tiene alguien tan irritante, peligroso e interesado como Mino Raiola. Pero no ha sido suficiente. Parece que Gianluigi Donnarumma quiere algo que el AC Milan podría ofrecerle en unos años, pero que no le puede ofrecer ahora. Con 18 años y toda una carrera por delante, parece que tiene prisas a nivel deportivo. Sí, Gigio es un individuo más de la generación de la inmediatez.

 

Es una magnífica casualidad que salga a la luz la decisión de Donnarumma menos de un mes después del último partido de Francesco Totti con la AS Roma, club del que nunca quiso irse pese a saber que lo ganaría todo en otro sitio. Es hasta poético que conozcamos la noticia una semana después de que Gianluigi Buffon anuncie que se retirará, muy probablemente, después del Mundial de Rusia. Lo hará en la Juventus, equipo con el que aún no ha podido conseguir la deseada Champions League y con el que pasó un año en la Serie B. Cada vez hay menos casos como estos en el mundo del deporte, lo que nos demuestra que el concepto de inmediatez está presente en nuestra sociedad en muchos más ámbitos más allá del comunicativo.

El hecho de tener tantas cosas a nuestro alcance de una forma tan fácil promueve el error por precipitación. No entrenamos lo suficiente la paciencia, que es la que nos permite dar oportunidades a aquellas cosas que se cuecen a fuego lento y que, al probarlas, te das cuenta de que están igual de deliciosas. Pensamos en subir el segundo escalón antes de asegurarnos que podemos llegar al primero. Priorizamos aquello que damos por hecho que nos dará éxitos sin tener en cuenta que aquello que nos hace felices, probablemente, también acabará dándonoslos. Nos cuesta creernos de verdad que el mayor éxito no es numérico ni estadístico, sino emocional.

Toda mi vida he sido y seré partidario del “ve a por ello”, pero siempre bajo un análisis meditado del cuándo y el cómo. Algo que no han hecho Gianluigi Donnarumma, su familia ni (qué raro, Mino) su representante.

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