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Wilkins, Durant y la virtud de ser el mejor perdedor

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El talento no lo es todo. En la élite de cualquier deporte no vale sólo con tener un don natural para ejercer el deporte que amas, hay que ser trabajador, sacrificarse, echarle un número casi inabarcable de horas en la pista, y lo más importante, tener suerte. La suerte es el factor clave que hace de un gran deportista, una leyenda. El triple rival que escupe el aro, el tiro de tu equipo que besa la red sobre la bocina, rodearte de un buen equipo que sea capaz de llevarte a lo más alto y por supuesto, no desesperarse cuando las cosas no van bien, la perseverancia es el ADN de un campeón.

En la NBA hay muchísimos casos así, jugadores con un talento maravilloso, una capacidad de sacrificio tremenda pero que por distintas causas no han logrado jamás marcar una época en la NBA encadenando varios anillos, o en el peor de los casos, retirarse sin haber sido capaz de lograrlo una sola vez. A la mente se me vienen demasiados casos: Pete Maravich, Charles Barkley, la dupla mormona Stockton-Malone, Allen Iverson, Reggie Miller, Elgin Baylor, Steve Nash, Patrick Ewing…y uno de los más grandes ‘perdedores’ de todos los tiempos, Dominique Wilkins.

El caso del alero nacido en París es muy rescatable en pleno 2016, ya que recuerda bastante a la situación que hoy en día vive otra de las grandes estrellas de la Liga, Kevin Durant. Ambos jugadores con un talento fuera de toda duda, con una entrega y un amor propio brutal, una plasticidad cuasi orgásmica y una capacidad de ganar partidos a la altura de los más grandes de todos los tiempos. Pero al igual que Wilkins, le está tocando vivir su carrera deportiva rodeado de estrellas que brillan más que él y que están mejor rodeadas.

En el caso de Wilkins, un número 3 del Draft de 1982, vivió toda su carrera en la NBA a la sombra de las grandes leyendas de la época, en los 80’ fue ‘víctima’ de los Celtics de Bird en semifinales de conferencia en la 87-88’, con una serie mítica que se fue hasta el 7 encuentro. Aunque los logros de Wilkins eran más a nivel personal que de equipo, ya que sus Hawks muchas temporadas caían en primera ronda, su mayor logro en Atlanta fue perder ‘semis’ de conferencia por castigo divino. Sin embargo, destacaba entre la mediocridad que demostraba su equipo en playoffs, anotando de forma espectacular y haciendo muy buenas marcas. En el resto de su aventura NBA no fue capaz de lograr el anillo, ni tan siquiera acercarse a una final, sin embargo, en la memoria queda el concurso de mates con Jordan. Tuvo que irse a Grecia para alcanzar la gloria continental ganando la Copa de Europa con Panathinaikos en 1996 frente al Barça.

Montando en el DeLorean, llegamos hasta 2016 para ver como el número 2 del Draft de 2007, KD, tiene varios paralelismos con Wilkins. Haciendo honor a la verdad, Durant ha estado mejor rodeado en OKC de lo que pudo estar Wilkins jamás. Es pronto para decir que Durant jamás ganará un anillo, pero está claro que o sale de Oklahoma pronto rumbo a San Francisco, o les contará a sus nietos que fue un baloncestista de un nivel extraterrestre, MVP de la temporada, medallista olímpico, pero que jamás pudo ganar un anillo. Ya ha jugado finales, en concreto una, la de 2012. Pero esa final estaba reservada para el Big Three de Miami, LeBron, Wade y Bosh barrieron del mapa a unos OKC que le pusieron más empeño que acierto, ya que un 4-1 no puede considerarse una final peleada. Dos finales de conferencia más en 2011 vs Dallas y 2014 vs Spurs, ambas perdidas. En el horizonte no se atisba esperanza de anillo para Durant en OKC, ya que ese semidiós llamado Wardell Stephen Curry II y sus Warriors amenazan con destruir a todo aquel que se interponga en su camino al éxito, así que amigo Kevin, ¡haz las maletas que se está poniendo cara de Dominique!

Wilkins y Durant, dos bailarines con una capacidad de sobresaliente de machacar el aro y anotar, dos criaturas seráficas del mundo del baloncesto, los leyendas que nos han hecho y nos seguirán haciendo trasnochar. Una de ellas ya no puede borrar su pasado, ya no podrá alcanzar la gloria en su máxima expresión, pero el otro si, Kevin Durant, estás en una carrera contrarreloj para evitar ser un ‘maravilloso perdedor’.

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