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Dominic Thiem, con la gasolina justa

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En un año en el que Rafa Nadal y Roger Federer no se han clasificado, por diversas razones, para el Masters de final de temporada, es lógico que haya habido alguna irrupción en la élite del tenis masculino. De todas los nuevos nombres que han asomado los primeros puestos del ranking ATP, es el nombre de Dominic Thiem el que más tinta ha hecho gastar en torno a su posible futuro como número 1 del mundo.

Sin embargo, la mala planificación del calendario del austriaco le ha hecho llegar con la gasolina muy justa y, de hecho, su clasificación para el torneo de Londres se ha debido a la ausencia, en las últimas semanas, del propio Nadal.

Hasta el comienzo de este año, Thiem era un jugador de 22 años del que se había hablado sobre su gran potencial en tierra batida, habiendo conseguido sus tres primeros títulos de su carrera deportiva en esa superficie en la primavera-verano de 2015 (Niza, Umag y Gstaad). Sin embargo, su actuación en torneos de Grand Slam, sin haber pisado hasta entonces la segunda semana de ningún major, o su rendimiento en pistas aún más rápidas eran los factores que le apartaban de luchar por cotas algo mayores, como, por ejemplo, entrar en el top-10.

Thiem comenzó la temporada en el vigésimo puesto del ranking y, desde entonces, su progresión fue imparable durante los primeros meses de competición. Pese a que se estrelló en la tercera ronda del Open de Australia -cedió en un duro partido a cuatro sets contra Goffin-, su explosión definitiva llegó en el mes de febrero, en la gira de arcilla por Sudámerica, con la victoria ante Nadal en las semifinales de Buenos Aires como punto álgido. De hecho, se llevó el título y alcanzó las semifinales en Río. Una semana después, llegó su primer título en pista dura, lográndolo en Acapulco, batiendo a otras promesas del deporte de la raqueta como Dimitrov o Tomic.

Por entonces ya ocupaba un hueco entre los quince primeros y su presencia en el Masters de Londres dejaba de ser una quimera. Pero lo mejor aún estaba por llegar. Tras completar buenos partidos ante jugadores top -compitió bien ante Djokovic en Miami y ante Nadal en Montecarlo-, logró dar la campanada en Roma, al batir en octavos de final a un mermado Federer en dos sets corridos, para caer posteriormente con Nishikori en cuartos. El clímax llegó en Roland Garros, cuando no sólo alcanzó por primera vez los cuartos de final de un Slam, sino que también batió a Goffin en dicho partido y se plantó en semifinales, donde no pudo contra la mejor versión de Novak Djokovic.

Asentado ya en el top-10 -se colocó séptimo del ranking tras su actuación en París-, Thiem logró su primer título en hierba una semana después, con victoria ante Federer en semifinales de Stuttgart incluida. Sin embargo, ese título en tierras alemanas iba a ser el punto de inflexión en la temporada del austriaco. Acumulaba cuatro títulos en tres superficies distintas, pero también muchos partidos en sus piernas. Y aún quedaban cinco meses de competición. Eso hizo que no volviese a levantar un título en lo que quedaba de curso, apenas pisando una final más -la del torneo de Metz, perdida ante Pouille-, y llegando a sufrir lo indecible para certificar su primera presencia en el torneo de maestros.

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El austriaco llega lejos de su mejor momento de forma y en una superficie, la indoor, en la que aún no ha conseguido levantar un título. Además, volverá a encontrarse en su debut con una roca que aún no ha sido capaz de derribar -tres derrotas en tres partidos ante Djokovic-, con lo que sus duelos ante el renqueante Raonic y el impredecible Monfils marcarán su devenir en Londres. Entra en pocas quinielas, pero juega con la baza de ser el principiante y de no tener nada que perder.

Que Thiem tiene talento para pelear por Grand Slams a partir del próximo curso incluso está fuera de toda duda para muchos. Pero que necesita un mejor asesor en cuanto a planificación del calendario, también. En los diez meses de competición ha disputado un total de 27 torneos, cuando, de los integrantes del top-10, sólo se le acerca, de lejos, Marin Cilic, con 22 certámenes completados. Cierto es que tiene 23 años y su físico puede aguantar más que el de otros, pero también su patrón de juego, de largos peloteos, requiere un gran derroche de piernas, que no acompasa con su planificación del calendario.

Uno de los atractivos de la nueva temporada 2017 será precisamente ese: el planteamiento del año de Thiem. Instalado ya en el top-10 y con victorias de renombre ante jugadores de élite, debe seguir un calendario de aspirante a Grand Slam. Es decir, jugar los 4 majors, los Masters 1000, y, a lo sumo, siete u ocho torneos más de perfil menor, buscando los mejores resultados posibles -la gira de arcilla de febrero, por ejemplo-. No puede permitirse otra temporada con un calendario clásico de un top-30, porque él sí llega a las rondas finales y se planta en noviembre con más de 80 partidos en sus piernas. Que alguien le busque a Dominic un gestor en su agenda.

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