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Anhelo latente

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En la Suzanne Lenglen el día abre soleado y ventoso. El ciclón se gesta a los pies de París. Su tenis resuena por los costados de Roland Garros y su grito, nacido del seno más profundo de una ambición abierta de par en par, se clava en los oídos como un punzón.

Su derecha es una delicatessen digna del mejor paladar tenístico, el revés atesora una fiabilidad racheada pero efectiva con un buen apoyo, el físico respeta y la cabeza no falla hoy. No, no falla ni frente a Djokovic. Quién lo diría en otras tardes…Al serbio no lo rescata, por el momento, ni Agassi.

Dominic Thiem le pierde el respeto a las matemáticas y desafía lo imposible. Es el nuevo funambulista del skyline mundial tenístico. No le teme al vértigo. Presto para algo grande, el austriaco maniata al de Belgrado de una manera incontestable y le manda a repensar la estrategia para volver a salir victorioso de un torneo.Su aguerrida propuesta le sale redonda en una mañana gris para Djokovic. No se encontró. Últimamente tiene que buscarse demasiado para reaccionar. Es sintomático.

El pupilo de Bresnik no baja los brazos, en ningún momento, y le endosa un 6–0 en el tercero al, hasta ahora, número dos mundial. Pocas veces un set final habló tanto sobre lo que parece translúcido en la cabeza de Djokovic. Pocas veces Thiem se sintió tan cómodo disfrutando en viejos dominios serbios.

“No jugué un estilo de juego diferente. Solo tuve una estadística de errores-aciertos positiva y nunca fue el caso antes frente a Djokovic. Fácilmente podría haber perdido el primer set y esa fue la clave de mi victoria contra él para luego tener un buen comienzo en el segundo parcial. Es fantástico estar en las semifinales de nuevo y, por supuesto, el viernes tendré al rival más difícil aquí en Roland Garros. Será el cuarto partido contra él en cuatro o cinco semanas. Él (Nadal) está, de nuevo, en su mejor forma”, comentó Thiem ante los medios.

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“¿Me siento listo para ganar un Grand Slam? Difícil cuestión. Cuando he ganado a un top, siempre he jugado un mal partido al día siguiente. Así que espero que pueda mejorar eso. Es duro ganar un Grand Slam. Obviamente ahora batí a Novak. El viernes está Nadal. En la final hay otro gran jugador. Eso es por lo que es un Grand Slam; porque es una hazaña tan difícil…”, añadió.

La cita ahora es el Himalaya trasladado a París. La Chatrier tiene demasiada Historia escrita con líneas españolas. Nadal vive estos días a años luz de la tierra. Thiem pisa el suelo y camina a lo suyo. Barcelona y Madrid vivieron finales dispares pero con un mismo ganador. La ciudad de la luz toma ahora el testigo quien sabe si para iluminar el futuro o resplandecer viejas narrativas.

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