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Dolgopolov tumba a Nadal, aquella loca segunda fila

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Gonzalo DE MELO – Están los consolidados, las promesas y, alejados de los focos, los tenistas kamikaze. Dolgopolov es uno de ellos. Tenistas del todo por el todo, que no entienden de especulación ni de moderación en ninguno de sus golpes, pueden llegar a sumar más de cincuenta errores no forzados y, sin embargo, ganar el partido.

Ese fue el guión del ucraniano ante Nadal. Pegarle a todo y contra todo. Y ante el riesgo de perder casi siempre por un resultado abultado, a Dolgo le salió cara. Solo esta vez, y por primera vez.

49 errores no forzados, pero también 36 winners. En las dos estadísticas, que suelen calibrar el devenir de un partido, Dolgopolov dobló a su rival. Rafa cometió 23 errores no forzados, y solo conectó 17 winners en las dos horas y diecinueve minutos que duró el partido. La locura se comió a la contención.

Y es que el tenista de Kiev forma parte de ese pequeño grupo de kamikazes de la raqueta, protagonistas de sorpresas sonadas como las de Indian Wells o por palizas impropias de tenistas profesionales.

A él se suman mentes que deberían ser donadas a la ciencia como la de Fognini, Gulbis o Janowicz. Saltar a la pista es sinónimo de atacar, atacar y atacar. No hay lugar para los golpes defensivos y mucho menos para el pasabolismo.

Con ellos se corre el riesgo de cogerlos en un día de inspiración. Rafa ya lo probó (y sufrió) en Río, y en California se ha visto superado por un bulldozer que lo ha arrollado.

Ninguno de ellos, probablemente, llegue jamás a luchar por un Grand Slam. Ni tan siquiera para estar entre los diez mejores del mundo. Pero aseguran espectáculo (del bueno y del malo) y el riesgo propio del que vive al límite dentro de la pista.

Si estás cansado de los mismos nombres y protagonistas (que no deberías estarlo con el nivel que hay en la actualidad) recuerda que tienes a una segunda fila de tenistas que están como una regadera pero que, cuando quieren, juegan como los ángeles.

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