Ciclismo

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Doble homenaje a Alpe D’Huez

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Enrique Julián Gómez – No podía ser de otra manera. La etapa reina de la edición centenaria del Tour de Francia tenía que acabar en la cima más carismática, la cumbre indefectiblemente unida al devenir del Tour, donde su gana o se pierde la Grande Boucle. Alpe D´Huez.

“Quien sale de Alpe D´Huez de amarillo, gana el Tour”, una máxima que se ha cumplido las 27 veces que se ha ascendido el coloso alpino, exceptuando a Pedro Delgado y Laurent Fignon en 1987 y 1989, y que habla a las claras de lo decisiva que es esta cumbre. La montaña de los holandeses, así conocida por el dominio casi absoluto de la armada oranje en los ’70 y ‘80, nacionalidad que mantiene el record de victorias, y por la ingente cantidad de aficionados de los Países Bajos que pueblan las laderas de Alpe D´Huez.

21 curvas de herradura para ascender 1.100 metros de desnivel, desde el pie en Bourg D´Oisans hasta el altiplano donde se sitúa la estación de esquí, durante 13 interminables kilómetros a más del 8% de pendiente media, con zonas constantes siempre rondando el 8-9%, sin rampas extremedamente duras pero ningún mínimo descanso hasta los últimos metros.

21 curvas de herradura que jamás habían sido ascendidas dos veces el mismo día, novedad que se introduce en esta histórica etapa reina del centenario. Desde el primer ascenso en 1952, Alpe D´Huez siempre ha sido final de etapa, debido a la inexistencia de una vertiente de descenso. Vertiente que este año se ha habilitado tras el paso del corto e intenso Col de la Sarenne, apenas unos kilómetros de ascensión tras coronar Alpe D´Huez para enlazar con el descenso y volver de nuevo a Alpe D´Huez para ascender de nuevo camino ya de meta.

Un descenso de la Sarenne que viene con gran polémica detrás, debido a su enorme peligrosidad. Un asfalto en mal estado, rugoso, malamente adaptado, con pendientes de vértigo y curvas imposibles, que puede convertirse en una trampa letal en caso de cumplirse los pronósticos de lluvias y tormentas. Los ciclistas, con Tony Martin a la cabeza, ya protestaron por este descenso. También los lugareños, que ven como esta calzada dificulta sus tranquilas actividades de pastoreo. La sombra de la modificación de la etapa ya ha circulado sobre el recorrido, que dejaría la etapa en una única y clásica ascensión a Alpe D´Huez, una situación que irremediablemente recuerda al Monte Crostis en el Giro d´Italia 2011, cuando la imponente montaña friulana fue anulada el día antes de disputarse la etapa debido al peligroso descenso, y eso que la carretera estaba mucho mejor adaptado, con protecciones de esquí incluidas en las curvas, de lo que está el descenso de la Sarenne.

Una doble ascensión a Alpe D´Huez, con ese terrible descenso de por medio, y la probabilidad de lluvia, pueden dar lugar a un sinfín de tácticas para los ciclistas. Contador, pese a la inferioridad mostrada hasta ahora, no cejará en su empeño de darle la vuelta a la carrera ante un Froome que querrá dar el enésimo golpe a la carrera para dejarla sentenciada. Lo que está claro es que un ascenso a Alpe D´Huez, más si es por partida doble, solo puede ser sinónimo de ataques, movimientos, exhibiciones o pájaras, pero siempre para goce y disfrute del espectador en la montaña más mítica de los Alpes en el Tour de Francia.

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