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Djokovic y el O2: combinación perfecta para resurgir

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No han sido días fáciles para Novak Djokovic. Este lunes, cuando abriera la app de la ATP en su dispositivo móvil, encontraría que, por primera vez desde julio de 2014, un nombre figura por encima del suyo en el ranking masculino. Su derrota ante Marin Cilic en los cuartos de final de Bercy, unido al triunfo de un enrachado Andy Murray, supuso el final del reinado del serbio, constante en el primer puesto de la clasificación durante 122 semanas, llegando a soñar incluso con acercarse al estratosférico récord de Federer de 237 semanas seguidas en cabeza del tenis mundial.

Cierto es que el nivel mostrado por Murray en los últimos meses ha sido la clave de este sorpasso en la clasificación, pero el rendimiento de Djokovic se ha visto disminuido desde que ganase Roland Garros. Un hecho lo demuestra de forma clara: desde su triunfo en París, no se ha visto las caras en una cancha de tenis con Murray. Por tanto, su bajón no ha venido por un duelo directo con el de Dumblane, sino por derrotas con tenistas de un perfil inferior -salvando, quizás, el partido ante Del Potro en Río o la final del US Open ante un inspirado Wawrinka-. La relajación del serbio le ha hecho perder encuentros ante Querrey, Bautista o Cilic, tenistas de buen nivel pero que era impensable, en 2015, que le rascasen un solo set a Djokovic.

Sin embargo, no todo es negro para el de Belgrado y tiene una oportunidad de redimirse prácticamente inmediata. En juego, acabar el año como el mejor del mundo. Algo que ya ha hecho en cuatro de los cinco cursos anteriores y que, en caso de volver a realizarlo, le igualaría con los cinco años dorados de leyendas como Connors, Lendl o su coetáneo Federer. Únicamente se quedaría a un año más de igualar a Sampras, líder en esta estadística con seis años finalizando primero en el ranking ATP. Y para ello tiene una tarea que le es familiar: ganar el Masters de Londres de forma invicta. Si lo hace, regresará al primer puesto. Haga lo que haga Murray.

Nole | Getty

Nole | Getty

Y es que aunque la dinámica del escocés sea tan positiva que le haga ser favorito en cualquier casa de apuestas, lo cierto es que el O2 Arena de la capital británica es coto privado de Nole. Allí se ha coronado en las cuatro últimas temporadas. Tres de ellas de forma invicta -lo que necesita para ser #1 a final de año-, perdiendo únicamente con Federer en el round robin de 2015, días antes de asestarle un duro golpe al de Basilea en la final. De hecho, en el mencionado partido de la fase de grupos, en el que Roger le planteó un partido perfecto desde la línea de fondo, Djokovic perdió por primera vez en tres años sobre pista cubierta. Un dato que habla por sí solo.

La pista indoor del O2 le viene como anillo al dedo a Djokovic. Su superficie, distinta a otras hardcourts del circuito, le permite deslizar los tobillos como nadie, dando a los fotógrafos acreditados el lujo de culminar imágenes que bien podrían servir de postal, o de póster, según se prefiera. Tampoco es que el serbio le ponga mala cara al viento, pero en alguna ocasión ha mencionado que prefiere jugar sin él, y en Londres no se lo encontrará. En cambio, Murray, pese a haber ganado Viena y París de manera consecutiva, no tiene el palmarés de su archirival en estas condiciones. De hecho, no ha jugado nunca la final del Masters -tres semifinales en 2008, 2010 y 2012 son sus mejores actuaciones- y ha quedado eliminado en la fase de grupos en los dos últimos cursos.

Para más inri, el sorteo ha sonreído de manera muy clara a Djokovic. Sus tres rivales del round robin llegan, por una u otra razón, lejos del estado de forma que les hizo clasificarse para el torneo. Por nombre, el más peligroso debería ser Raonic, pero desde que llegara a la final de Wimbledon no ha vuelto a jugar una final y la lesión en la pierna sufrida en Bercy le hace ser duda para Londres. Monfils, por su parte, está fuera de cobertura desde su turbulenta semifinal de US Open ante Djokovic y se ha perdido algún que otro torneo importante, con lo que su rendimiento de una incógnita. Y Thiem ha pagado caro su exigente calendario, jugando más torneos de los convenientes, y llega pidiendo a gritos las vacaciones. ¿Faltaba algo? Ah, sí. Ninguno de estos tres le ha ganado a Djokovic.

Parece que el tenis le quiere devolver al serbio todo lo que este le había dado en los 18 meses anteriores a su bajón de rendimiento en forma de un panorama idílico en el Masters. Si lo que necesita es ritmo y confianza, ahí tiene Nole una fase de grupos para rodarse y ponerse a punto -lujo que Murray, con tres lobos feroces en su grupo, no se puede permitir-. Las dos ocasiones anteriores en las que Djokovic perdió el #1 (con Federer en 2012 y con Nadal en 2013), lo recuperó en pocos meses. ¿Será de nuevo precoz en este sentido? Que comience el espectáculo y que Londres dicte sentencia.

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