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Dino Fiorini, el lateral de Salò

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El 15 de julio de 1915 nace en el pequeño paese de San Giorgio in Piano, a pocos kilómetros al norte de Bolonia, Dino Fiorini. Con el paso de los años cumplirá el sueño de todo joven italiano: jugar para el equipo de su ciudad. Su carrera futbolística comienza en las filas del equipo juvenil del Bologna, del que ya formaba parte a pesar de contar tan solo con 14 años. Ya nunca más vestiría otra que no fuese la camiseta rossoblù de la histórica escuadra felsinea fundada en 1909. Supongo que en los años 30 y 40 del pasado siglo haber desarrollado toda una trayectoria profesional en un solo club era algo habitual, algo que respondía a la lógica del viejo mundo. El one-club man todavía no era la rara avis que es a día de hoy en el fútbol moderno.

Sus buenas actuaciones con el filial le sirvieron para conseguir un puesto como reserva en el primer equipo. Su escalada parecía imparable. Sin embargo, la competencia en el lateral izquierdo era durísima en aquel “squadrone che tremare il mondo fa”. Pero Dino, que no dudó en ningún momento de su valía, se presentó frente a los titulares Gasperi y el futuro bicampeón mundial Monzeglio y les espetó: “Poneos de acuerdo porque uno de los dos pronto me dejará el puesto”. Su arrogante profecía se cumpliría al poco tiempo: Gasperi cae lesionado y el 11 de junio del 33, con algo menos de 18 años, Fiorini debuta en Serie A en un partido contra el Pro Patria. En el siguiente campeonato jugaría de inicio en otras cuatro ocasiones. Pero es en la temporada 34-35 cuando Monzeglio, baluarte defensivo del Bologna, acepta una oferta de la Roma y Dino alcanza definitivamente el rol de titular. En ese curso, tras un irregular torneo, el equipo lograría una decepcionante sexta posición. Poco importaba, pues se habían puesto ya los cimientos sobre los que se construirían los éxitos futuros.

Física y técnicamente superdotado, Fiorini acabaría por convertirse en el mejor terzino sinistro del país. No solo se asentó como un fortísimo defensor, sino que se incorporaba al ataque con extrema facilidad. Fue un adelantado a su tiempo, un futbolista que revolucionó su posición y presagió, con su juego, la llegada de los Cabrini, los Maldini y los ofensivos laterales brasileños. El técnico húngaro Arpad Weisz, auténtico arquitecto de aquel poderoso Bologna, hablaba así de las características de su pupilo: “Durante siete u ocho meses en la temporada, Fiorini está en una gran forma. Es capaz de correr los 100 metros en 11 segundos. Podría ser un especialista en salto de altura y de longitud. Cuando alza el vuelo para rematar un balón de cabeza es como ver una escultura. Maravilloso y perfecto es su estilo”. Dino se retiró del fútbol profesional en la temporada 42-43 dejando en las vitrinas del club de su corazón cuatro scudetti, una Copa Mitropa y el Torneo de la Exposición de París del 37.

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Pero Fiorini era de los que no se callaba nada de lo que pensaba. Célebre es su anécdota con Giuseppe Meazza. Minutos antes de un partido contra la Ambrosiana-Inter, se paró delante del mito nerazzurro y le retó: “Te marcaré yo y no tocarás el balón”. Esta controvertida personalidad, junto a su fama de mujeriego y su ajetreada vida nocturna, quizá expliquen su ausencia de las convocatorias del seleccionador nacional Pozzo. Así, en alguna historia del club lo han llegado a describir como “un potentísimo defensor que gustaba a todo el mundo y particularmente a las mujeres”. Y es que muchísimo antes de que David Beckham se convirtiese en un icono publicitario o que el siempre elegante Xabi Alonso anunciase trajes, Dino era la imagen de la prestigiosa marca de cosméticos Bourjois. Sus peinados extravagantes, como en aquella fotografía con Silvio Piola en la que aparece engominado, le han valido el apodo de “Conte Spazzola”. Mucho se podrá escribir acerca de Dino “Ferrari”, pero no que no fuese bello: ¿El primer metrosexual de la historia del Calcio?

Cuando Fiorini todavía era un niño, en los estertores de los años 10, Benito Mussolini creaba en Milán el primer fascio de combate. Estas organizaciones serían el núcleo del futuro Partido Nacional Fascista. En los años posteriores, la violencia ejercida por los camisas negras se extendió por cada rincón del país y la destrucción avanzó imparable en forma de hacha y haces. Así las cosas, Dino se posicionó del lado del fascismo y se enroló en la Guardia Nacional Republicana. Se dice que paseaba con orgullo la enseña de esta organización por las calles de su ciudad en los duros años de la guerra civil.

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Pero la vida del lateral duraría menos incluso que la de aquel partisano llamado Bruno Neri: veintinueve años. Otra vez la guerra. Aunque ideológicamente enfrentados, se pueden señalar algunas analogías entre estos dos jugadores muertos en combate. Desde luego, ninguno de los dos era indiferente ante la situación política. Ambos nacieron cerca de la ciudad de Bolonia, aproximadamente 70 kilómetros separan Faenza de San Giorgio in Piano. Los dos estuvieron bajo las órdenes de entrenadores magiares, Bela Balassa y Arpad Weisz, que acabarían teniendo problemas debido a las leyes raciales. Y por último, y desde opuestas trincheras, Dino y Bruno perdieron la vida en los montes Apeninos; uno en Gamogna, otro en Monterenzio.

El día de su fallecimiento, el 16 de septiembre de 1944, Fiorini ostentaba el grado de teniente en el 629º Comando provincial de la GNR boloñesa. Se desconocen exactamente las circunstancias de su muerte. Piero Stabellini, en su libro Dino Fiorini: chi ha ucciso il terzino del Bologna?, se muestra reacio a aceptar un hipotético enfrentamiento armado con el enemigo. Su esposa sostiene que Fiorini había intentado establecer contacto con las fuerzas partisanas para cambiarse de bando y que había sido asesinado por “error”. Se ha llegado a decir también que lo habían matado tras haber sorteado un fusilamiento seguro: ¿será acaso Fiorini el Sánchez Mazas de la novela de Javier Cercas? ¿Quién representa entonces en estas historias de fútbol y de guerra el papel de los soldados de Salamina? No se trata aquí de de juzgar la elección de sus protagonistas, pues el peso de la historia en muchos casos ya se ha encargado de dictaminar sentencia. Se trata, pues, de poner en valor las trayectorias de futbolistas que han muerto en la flor de la vida y que han disputado su partido más importante y cruel en una guerra que ha sepultado sus gestas.

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