Fútbol francés

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Didier Deschamps, o por qué rectificar es de sabios

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Miguel Ángel ROCA – Se jugaban la vida, el todo o nada en 90 minutos. El panorama mundial futbolístico estaba pendiente de ellos. Aquella fatídica eliminación ante Bulgaria -hace 20 años- sobrevolaba la mente de los más viejos del lugar. El sonado batacazo de Kiev necesitaba un importante correctivo táctico y motivacional, para -al menos- lograr 2 goles pero no encajar ninguno. Pese al indudable talento del colectivo, la misión era muy complicada y requería una labor impecable desde la cabeza pensante del bloque, el entrenador. Deschamps -que erró en la ida- respondió a las exigencias del contexto, y les bleus saltaron al campo preparados para la batalla. Preparados y sobradamente convencidos de la remontada.

Tal fue así, que Francia logró dominar todas las facetas requeridas. Dos elementos "secundarios", que entraban como novedades, fueron los grandes favorecedores de este lavado de cara. Un cambio de estilo, para dominar la posesión, acechar y exponenciar el fútbol asociativo. En otras palabras, minimizar a Ucrania para no darle concesiones con balón. Porque si bien el dúo Varane-Sakho superó las prestaciones de su predecesora pareja Koscielny-Abidal, Cabaye y Valbuena emergieron como los grandes activadores individuales del metamorfismo colectivo.

Por un lado, Cabaye fue el mediocentro posicional del que adolecieron Pogba y Matuidi en la ida, donde Nasri se encontró tan incómodo junto a ellos. El del Newcastle se erigió en la mejor opción de pase por delante de la línea defensiva, encargado de anticiparse defensivamente, atender a balones divididos e incluso atreverse con el disparo desde posiciones idóneas para ello. Firmó un partido muy completo desde ese rol, que permitió máxima libertad de recorrido para Paul y Blaise. Especialmente, fue la "perla" de la Juve la más beneficiada de ello, dado que aumentó su frecuencia para pisar área y hasta se le vió fijando centrales en determinadas situaciones asociativas.

Si Cabaye apareció como el guardaespaldas idóneo de Pogba y Matuidi, Valbuena fue el electrón libre que Deschamps necesitaba sumar en 3/4. Como más le gusta a Mathieu, y como funciona en OM, se movió por donde quiso. Aportó la inteligencia necesaria para generar superioridades zonales y agilizar el fútbol combinativo del bloque, beneficiando directamente a Ribery y Benzema. Su partido ante Ucrania es otra evidencia más de que se encuentra en el mejor momento de su carrera, en el de más regularidad y autoconfianza. Solamente una "injusticia", que éste le haya llegado algo tarde, ya con 29 años.

Asi pues, y de esta forma, Francia reaccionó, ilusionó e irá a la cita mundialista. Cumplieron lo mínimo exigible, bajo la máxima presión, y Brasil 2014 no lamentará la pérdida de una gran selección europea. Un partido, con tantas notas positivas, que pudo servir como interesante punto de inflexión futuro para Deschamps. Porque ayer, Didier, estuviste "de chapeau".

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