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Deyna, el gran talento polaco

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Ignoro si los quesos de Franciszek Deyna tenían algún tipo de enzima o proteína especial para que su hijo Kazimierz tuviera innatas las cualidades que demostró a lo largo de su carrera como emblema de Legia o City, entre otros, o a lo largo de los dos mundiales que lo vieron ser uno de los mejores en una Polonia que sorprendió a propios y extraños. Sin duda, fueran o no las bondades del queso que producía la industria de su padre o no, Kazimierz Deyna dejó en esas dos Copas del Mundo reflejos de lo que era el talento del Este en el panorama futbolístico mundial y nos permitió conocer, más allá de aquellos que ya lo vieran brillar defendiendo colores en la liga polaca, a un jugador que hoy seguiría siendo espectacular. Un adelantado a su tiempo, que pudo cambiar el sino de uno de los mundiales más espectaculares y recordados de la historia del balompié.

Nacido en Starogard Gdański, una localidad de la norteña provincia polaca de Pomerania, un 23 de octubre de 1947, Deyna dio sus primeros pasos y patadas en el Włókniarz local. Pronto, las miradas de los curiosos del fútbol en numerosos clubes descubrieron sus cualidades y pronto Deyna dejaría su localidad para viajar a la gran Łódź, para poder jugar un solo partido con el ŁKS, por problemas con su fichaje. Tras ese único partido, el Legia Warszawa lo “reclutó” (en ese entonces, equipo del ejército polaco) y tuvo que ser parte en ese mismo año del equipo de Varsovia, en el que permaneció desde 1966 hasta 1978, año en el que el Manchester City contrató (tras llevar cuatro años con grandes ofertas de Bayern, Milan o Madrid, entre otros y ser rechazadas por las autoridades polacas) el talento de este futbolista polaco. La Premier League inglesa puede impresionar al más grande de los aficionados… pero no lo hizo con Deyna y su paso por el equipo citizen no fue del gusto del polaco y emigró de un país angloparlante a otro, para enfundarse la camiseta de los Sockers de San Diego, equipo que jugaba en la NASL yankee, en 1981 y en el pasaría otros seis años, antes de firmar por los vecinos de los San Diego Legends, en el que pudo jugar solo dos años, antes de que en 1989, Deyna falleciera en un accidente de tráfico. Su carrera como internacional, también brillante, permitió ver a una Polonia, en sus 97 internacionalidades, digna de ser recordada.

Aquella Polonia llegaba al Mundial de 1974 tras no haber podido participar, solo dos años antes, en la Eurocopa de Bélgica, en cuya fase de clasificación solo pudo ganarla Alemania Federal, que luego sería campeona, y Turquía, a quien con anterioridad llegaron a ganar como locales por cinco goles a uno. Polonia quedó segunda y no se pudo clasificar para el campeonato, tras desplegar un fútbol exquisito, pero solo era el comienzo de un grupo que a los mandos de Kazimierz Gorski conseguiría ser una de las sensaciones del Mundial de Cruyff y Beckenbauer. En esa Polonia, destacaban varios nombres, Lato, Gadocha… y Deyna. Tres futbolistas que dejarían su sello en un Mundial que jamás sería olvidado en el país de las “águilas blancas”.

MISTRZOSTWA SWIATA POLSKA

Debutaron contra la Argentina de Kempes (la que en el Mundial siguiente ganaría el Mundial), para ganarla por tres goles a dos. Ese partido, en el que Polonia daba un golpe en la mesa solo fue el inicio, anticipaba que el equipo no se quedaría ahí con las sorpresas y que su juego daría que hablar. Cero a siete contra Haití, dos a uno contra Italia (sí, la de Zoff, Capello o Mazzola), cero a uno contra Suecia, dos a uno contra Yugoslavia (la que eliminó a España en el clasificatorio, con gol de Katalinski)… Un recorrido claro para poder considerar a Polonia como la gran sorpresa del increíble Mundial de 1974. En segunda ronda esperaba la anfitriona, Alemania Occidental, para enfrentarse a Polonia. Tras un partido muy disputado, pasó a la final Alemania, tras gol del “Torpedo” Müller, en el minuto 76. Sin duda, fue la caída de un equipo que había marcado una época en un Mundial que sería difícilmente olvidado. En el partido para el tercer y cuarto puesto, contra Brasil (con gente como Rivelino, Jairzinho o Leao…). Un tercer puesto que no sería jamás mejorado. Solo cuatro años después, Polonia quedaría eliminada en cuartos de final en el Mundial de Argentina 1978. Otro record conseguido en un período de solo 4 años, en parte, gracias a Kazimierz Deyna.

Deyna era un jugador distinto. Jugaba con los dos pies con una facilidad pasmosa. Zurdo por preferencia, la necesidad o la situación le hacían poder mostrar una calidad en el manejo de la derecha con la soltura de un diestro. Jugador con calidad para crear juego y salvar líneas rivales con movimientos rápidos y estéticos que dejaban fuera la increíble agilidad de un futbolista que a los ojos se asemejaba al contemporáneo Cruyff o al más reciente Sócrates. Calidad, técnica, regate, cambio de ritmo… y disparo. Sin duda su capacidad de disparo le coloca como uno de los mejores lanzadores de la época, con goles de estética muy refinada, como el marcado ante Hungría en septiembre de 1972, uno de tantos que dejan clara la increíble calidad el futbolista. Sus cuatro goles en los dos Mundiales en los que participó (1974 y 1978) le hicieron ser un jugador imprescindible en su selección (siempre con el 12 a la espalda) y en todos los clubes donde jugó.

En 1989, un camión en California consiguió hacer lo que pocas defensas durante dos mundiales y más de veinte años de carrera consiguieron: frenar las estilistas carreras del 12 polaco. Un cruel desenlace para la vida y carrera de uno de los mayores talentos deportivos de la historia de Polonia y principal artífice de su mayor logro como selección en los mundiales de fútbol. Un duro frenazo a la carrera de un hombre que pudo cambiar la historia de su país en el fútbol. Un hombre que junto a una gran selección estuvo cerca de ser finalista en un Mundial. Kazimierz Deyna se fue antes de tiempo, pero nos quedan sus quiebros y fintas. No se nos han de olvidar.

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