Fútbol italiano

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Derby de Verona, cuando el barrio superó a la ciudad

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Temporada 2001/2002 en Italia. La Juventus revolucionaba el mercado con la venta de Zidane y las llegadas de Lippi, Buffon, Thuram y Nedved, al Inter llegaba Cúper y la Roma defendía título, un Scudetto que se definiría en el tragicómico y recordado “5 maggio”. Pirlo y Ancelotti iniciaban la última etapa gloriosa del ahora decadente Milan, Hubner goleaba para el Piacenza, Baggio regalaba sus últimos coletazos de talento en Brescia, la antigua Fiorentina exhalaba su último aliento y un barrio de una ciudad de provincias se rebelaba contra el equipo de su ciudad y se revelaba como uno de los grandes animadores del Calcio.

Chievo, cuyo nombre latino significa “colina del bosque místico”, es un pequeño y antiguo burgo de poco más de 2.000 habitantes a las afueras de Verona en la ribera del río Adige. Absorbido por el crecimiento de la ciudad, todavía maniene su propia idiosincrasia e identidad. Allí surgió en los años ’20, por iniciativa de un pequeño grupo de apasionados del deporte del balón un equipo que jugaba sus partidos en las categorías inferiores del fútbol regional en el modesto campo parroquial del barrio situación que duró hasta 1986. Un par de décadas antes, Luigi Campedelli, propietario de la empresa de pantettone, pandoro y otros dulces típicos navideños Paluani, se convirtió en patrón del club, introduciéndolo en las categorías profesionales del Calcio. A su muerte, en 1990, su hijo Luca Campedelli tomó su herencia -en la empresa y en el club- y bajo su gestión los clivensi hicieron historia escalando hasta la élite, la Serie A.

Precisamente en 1990, coincidiendo con el inicio del ascenso de ese anónimo equipo del barrio desde Serie C2, el equipo de la ciudad, el Verona -con el nombre Hellas como referencia desde que un grupo de chavales del Liceo Classico fundó el club propuesta de su profesor de griego- comenzaba su decadencia. Desde los años ’30 los scaligeri, honor a la familia Della Scala que dominó la ciudad y una parte de Italia en los siglos XIII y XIV, además de ser mecenas de Dante Alighieri, ya eran unos fijos en Serie B y en 1957 debutaron en Serie A. Desde finales de la década de los ’70 el equipo vivió su época dorada, con tres finales de Coppa Italia y el Scudetto de 1985 con los Bagnoli, Elkjer Larsen, Briegel, Galderisi o Fanna. El club quebró y se mantuvó a duras penas a caballo entre Serie B y Serie A durante los duros años ’90. En 1999 había conseguido bajo el mando del ahora seleccionador italiano Cesare Prandelli su penúltimo ascenso.


El Verona campeón del Scudetto 1984/85 | HELLASTORY.net

Así se llegaba a la temporada anteriormente referida. El Verona había mantenido con gran sufrimiento la categoría en Serie A unos meses antes, tras vencer en el desempate a la Reggina. Por su parte, el Chievo, bajo el auspicio de Delneri y su inseparable 4-4-2, había conseguido el ansiado ascenso a Serie A, culminación de la escalada desde el fútbol del barro al de los focos. No solo eso, si no que ya en la cima, la adaptación del simple y rudimentario juego del Chievo fue inmediata, hasta el punto de que el Chievo llegó como líder en noviembre, hace justo 12 años, al primer derby de Verona en Serie A.

Hasta entonces se habían disputado apenas ocho derbis, siempre en Serie B, con un equilibrado balance de tres victorias para cada uno. En Serie A solo se han disputado los de esa temporada, último precedente que separó sus caminos hasta ahora. En el primero, el Chievo se adelantó con goles de Eriberto -luego se descubrió que se llamaba Luciano, retirado el verano pasado en el mismo equipo clivense- y Eugenio Corini, que ya había anotado para el Verona en uno de esos derbis anteriores y acaba de ser renombrado, tras su despido en verano, entrenador del Chievo. Sin embargo, los scaligeri remontaron con tantos de Oddo, Lanna y Camoranesi -también jugaron unos jóvenes Mutu y Gilardino– con la guinda de la imagen del entrenador Malesani celebrándolo de rodillas ante la curva.

En el partido de vuelta, ya en primavera, el Chievo consiguió su ansiada victoria en el derby con un doblete de Federico Cossato, un clásico de la mejor época del equipo. Un resultado que fue una palada más para cavar la tumba del Verona, que descendió en la última jornada tras perder con el Piacenza y se perdió durante una década en las catacumbas del Calcio. Todo lo contrario del Chievo, que aprovechó el impulso de su debut -finalizó quinto- para labrar una estancia como gran y único representante veronés y véneto en Serie A que todavía continúa, clasificación para Champions League -después de las decisiones de Calciopoli en 2006- incluída.

De todas maneras, los tifosi del Verona nunca han considerado muy relevante esta reciente rivalidad, con un equipo que carece de toda la historia y masa social -más de 15.000 espectadores poblaban el Bentegodi con el Verona en Serie C1, más de los que veían al Chievo en Serie A- que poseen los scaligeri. Rivalidades más encendidas y violentas mantienen con el Vicenza, ciudad vecina, y con los equipos de la Italia meridional, mención especial para el Napoli. Pero han tenido que sufrir durante años el tener que mirar hacia arriba para observar a sus “hermanos pequeños”.

Este es el encanto de un derby al que ambos equipos llegan en situación antagónica a esa temporada 2001, el Verona como revelación, el Chievo como colista. El barrio vuelve a ver cómo la ciudad le hace sombra de nuevo, después de una década de rebeldía. Una trama que no podría tener mejor escenario que Verona. El Bentegodi no es la Arena y quizás Shakespeare desecharía esta historia, pero el arte y el drama también tienen su hueco en el Calcio

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