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Derbi de Praga: recuerdos de grandeza

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Hace relativamente poco, Praga era una ciudad que brillaba con luz propia. La capital de la República Checa fue residencia de grandes intelectuales, y a ella la admiraron arquitectos, le escribieron poetas y le cantaron cantantes (escuchar debajo). Se sobrepuso al bombardeo norte-americano de la Segunda Guerra Mundial y protagonizó la admirada Revolución de Terciopelo que propició de forma pacífica el fin del comunismo tras la caída del Muro de Berlín.

Famosa también lo ha sido siempre por el fútbol. Por el fútbol de rivalidades. Y es que a finales del siglo XIX se empezó a fraguar en el barrio de Letná uno de los derbis más grandes de Europa, el Derbi de Praga, que enfrenta a Sparta y Slavia desde 1896.

Históricamente, estos dos conjuntos del Distrito 1 de Praga han sido los gigantes del fútbol checo, pues entre los dos han dominado 49 de las 90 temporadas acumuladas entre la extinta liga checoslovaca y la actual checa. Por el contrario, aunque en su momento también fueron importantes en el panorama europeo, ahora el corazón de Europa tiene a sus dos mejores clubes apartados de la escena internacional. Sólo quedan recuerdos de grandeza.

Los inicios de los gigantes checos

Pese a que ambos clubes fueron fundados casi a la par, las diferencias entre ambos eran notorias: el Slavia fue fundado por un grupo de estudiantes de medicina con tendencia nacionalista y deseos de formación de un estado totalmente checo; mientras que el Sparta nació del ímpetu de la clase trabajadora de estar representados en el mundo del deporte.

Quizás, por esto el primer dominio en Europa Central lo estableció el Slavia de Praga. Con John William Madden -exjugador del Celtic de Glasgow- en la banda, el conjunto Sešívaní acaparó hasta 1930 las victorias tanto en el campeonato checoslovaco como en Europa. Fueron 25 años ganando con el mismo técnico. Años de felicidad en los barrios adinerados de Praga.

Sin embargo, a partir de entonces comenzó la edad dorada de sus vecinos, que fueron apodados como el Sparta de Hierro por la dictadura que comenzaron a establecer en el fútbol local y europeo, traducido en varios títulos nacionales y sobre todo con la prestigiosa y extinta Copa Mitropa, disputada por clubes de Europa Central. En ese tiempo, mientras tanto, el Slavia intercalaba temporadas en la segunda división y malos años en la élite. Todo había dado un giro de 180 grados.

De la época dorada al duro presente

Así las cosas, con la llegada de la década de los 90 las fuerzas se igualaron y ambos conjuntos pusieron a Praga en el mapa internacional. Y es que los červenobílí aprovecharon la buena camada de jóvenes promesas -como Vladimír Šmicer y Patrik Berger– para encadenar grandes temporadas en las que, a parte de la consecución de varias ligas, llegaron a unas Semifinales de la Copa de la UEFA y continuas participaciones en la Copa de Europa.

Una competición, la Copa de Europa -transformada ahora en la Champions League-, que nunca olvidará a aquel Sparta de Petr Kouba Pavel Nedvěd que se quedó a las puertas de disputar la Final continental. Algo que no le impidió ‘coronarse’ como mejor equipo checo de toda la historia del fútbol.

Sin embargo, y pese a todas las alegrías que dio el fútbol en la República Checa hace relativamente poco tiempo, la realidad a día de hoy es otra. Un fútbol decadente y con los dos equipos muy lejos de toda gloria alcanzada antaño. Hoy, los Derbi de Praga no son símbolo de grandeza, sino de un recuerdo de ella. Tomás Rosicky, que a sus 35 años ha vuelto al Sparta, tras salir en 2001 y tener una dilatada carrera en Dortmund y Arsenal, lo sabe bien.

Entre otras cosas porque el presente del Slavia, por una parte, es el de pelear por no descender, ya sea deportivamente o en los despachos -pues está sumido en una profunda crisis financiera de la que ha ido escapando por los pelos en los últimos años, teniendo incluso que vender su propio estadio a una empresa que ha accedido a alquilárselo-.

La otra cara de la moneda la protagoniza el Sparta, que aunque vive mucho más tranquilo que su eterno rival, tampoco es feliz. Los últimos años se ha visto relegado de su privilegiada posición en el fútbol nacional por un desconocido Viktoria Plzeň, lo que ha repercutido en sus participaciones en la Champions League, una obsesión para el propietario del club espartano Daniel Kretinsky. Por todo esto, el Derbi de Praga puede decirse que ha caducado.

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Y así, a día de hoy, con los dos equipos protagonistas muy lejos de ser lo que fueron, en la ciudad de Praga el fútbol ha dejado de ser actor principal en este grandioso acontecimiento para dar espacio a las aficiones. Unas aficiones que se han convertido en el aliciente y en la chispa que no deja morir al partido más importante del fútbol checo. Unas aficiones que tantas veces han decorado este increíble partido… pero que también lo han empañado con actos de violencia. Y por eso lo reitero: sólo quedan recuerdos de grandeza de este Derbi de Praga.

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