Deporte con estilo

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Los americanismos del lenguaje del fútbol

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El desarrollo imparable del fútbol y su consiguiente proyección internacional en los medios de comunicación en lengua española han tenido como consecuencia la gestación de un lenguaje propio que actualmente es usado y conocido por todos, independientemente de la nacionalidad de quien hable o de quien escriba. El lenguaje del indiscutible deporte rey es un verdadero código universal y así se manifiesta en el periodismo deportivo, cuyas crónicas recogen términos y expresiones americanas que, en la mayoría de los supuestos, no exigen una explicación añadida porque ya forman parte del ideario colectivo global.

La cobertura mediática de acontecimientos internacionales y la masiva presencia de jugadores hispanoamericanos en los campeonatos nacionales han acelerado este acercamiento cultural y, además, han propiciado un intercambio léxico permanente que amplía y diversifica el horizonte del idioma. Entre las expresiones importadas de América que a día de hoy son moneda de cambio habitual en el hablante español se encuentran hincha (original de Uruguay) como sinónimo de aficionado o seguidor; cancha, como equivalencia de terreno de juego (al aire libre); definir (marcar un gol); o, más recientemente, clásico, interesante aportación del español sudamericano para referirse a los encuentros deportivos de gran rivalidad y que ha pasado a emplearse en lugar de derbi en los casos donde los duelos no son locales ni regionales.

Otros americanismos que se han acomodado de forma reciente en el periodismo deportivo español son dupla, término referido al ‘conjunto de dos jugadores que se complementan muy bien y realizan una buena función dentro del equipo’; premiación, voz procedente de México y Centroamérica para designar el acto en el que se entrega un premio o trofeo; campeonar, verbo que muchos sitúan en Perú pero que se emplea en toda Sudamérica como sinónimo de ‘ganar un campeonato’; delantero mentiroso, palabra muy usada en Argentina para designar al mediapunta o enganche; o cuerpear, importación del lunfardo (idioma hablado en el Río de la Plata) y que ya se ha expandido a otros deportes como el baloncesto para señalar la acción de cargar o meter el cuerpo para ganar la posición y hacerse con el balón.

Aunque en España, a diferencia de Latinoamérica, sea todavía hoy más común emplear la palabra penalti en vez de penal, árbitro en lugar de réferi (Perú, Centroamérica) o referí (Argentina), portero por arquero o regatear por gambetear, quizá sea solo cuestión de tiempo para que se empleen casi indistintamente, porque, de hecho, son comunes el argot periodístico deportivo y, lo más importante, se entienden.

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De igual forma, otras expresiones que aparecen recogidas en el Diccionario de americanismos (2010), elaborado por la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), constituyen recursos potenciales de gran valor para el periodismo en lengua española porque su uso no solo permite diversificar y enriquecer el léxico a partir de sinónimos, sino también para adaptar un discurso y hacerlo llegar a un público cada vez más amplio a través de internet y el resto de plataformas digitales.

No parece muy sensato que mientras los periodistas deportivos abrazan de una forma natural cualquier tipo de extranjerismo, tenga o no equivalencia en castellano, permanezcan aún reacios al uso de voces que proceden de nuestro propio idioma, aunque estas todavía no se hayan incorporado al Diccionario de la lengua española. Como decíamos antes, quizá solo sea cuestión de tiempo que así lo haga y que, ¿por qué no?, veamos más que aceptado el empleo de expresiones como cotejo, que en México se utiliza como equivalencia de partido o encuentro;  repechaje, término proveniente de Centroamérica y que señala la ‘última oportunidad que se da a un equipo para que continúe en una competición’; o golero, que Uruguay significa portero; de la misma forma que ya se usan con asiduidad otras como rabona, achique, volante o chilena.

En el fútbol la consecución de un español internacional no solo es una posibilidad, sino una realidad incontestable, en la que la mayoría de sus términos tienen un uso aceptado como general en la lengua y, además, se emplean en un área de distribución geográfica muy extensa que abarca a la mayor parte de los países de habla hispana. Podemos concluir que el español internacional futbolístico ya existe y constituye un fenómeno que sigue imparable en su evolución. Habrá que seguir atentos a ella.

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