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Defensa con honor

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A Tom Dumoulin le cogió el infortunio en forma de cagalera al pie del último ascenso de la etapa reina del Giro d’Italia. Tras superar Mortirolo y un primer paso por el Stelvio -cima Coppi de la carrera-, el grupo de favoritos se disponía a afrontar Umbrialpass -la vertiente suiza del Stelvio- cuando Dumoulin tuvo que pararse, apurado, ante semejante aprieto.

El domingo, Tom Dumoulin esperó a Nairo Quintana cuando este cayó camino de Bérgamo. Algo siempre discutible, en una carrera de máxima competitividad. Sin embargo, tras el apuro de Dumoulin, fuera puntual o enfermedad, tras un pequeño parón el grupo de favoritos decidió, lógicamente, ir hacia delante.

En el momento, tenía pinta de que Dumoulin se vería abocado ya a seguir la senda de mala suerte que acabó con las opciones de triunfo sus compatriotas Bauke Mollema (Tour 2016), Steven Kruijswijk (Giro 2016) y el propio Dumoulin (Vuelta 2015) en los últimos días de carrera. Sin embargo, Tom supo responder con maestría.

Casi tres minutos de ventaja tenía Dumoulin como líder de la general. Sin embargo, Nairo Quintana, el principal favorito, no se movió antes en el primer paso del Stelvio, cuando se le esperaba y pese a tener tres compañeros en la fuga. ¿Falta de valentía o falta de piernas? Decidió a esperar al ascenso final y la suerte, una vez más, estuvo de su lado en forma de infortunio de Dumoulin.

Nibali y Quintana fueron los más fuertes en el ascenso final y en el descenso posterior camino de la meta en Bormio. Nibali terminó alcanzando a Mikel Landa -el mejor, fugado todo el día y primero en pasar en ambas cumbres del Stelvio-, y le ganó al sprint por la victoria de etapa. El colombiano mostró grandes mejoras en sus habilidades de descenso y apenas llegó una decena de segundos.

Pero el honor a la carrera lo dio Tom Dumoulin. Pese al contratiempo y en solitario durante casi 30 kilómetros, el neerlandés mantuvo una desventaja de poco más de un minuto durante casi todo el ascenso a Umbrialpass. El esfuerzo y los calambres hicieron mella al final y en el descenso. El GPS -poco fiable en el Giro- le llegó a dar más de tres minutos de pérdidas.

Sin embargo, en Bormio, allí apareció. Con la cara desencajada pero manteniendo su porte sobre la bicicleta, Tom Dumoulin cruzó la meta a poco más de dos minutos de Nibali, un tiempo que le permite mantener de manera increíble la maglia rosa de líder.

Con estas diferencias se afrontan los días finales del Giro. Quedan tres etapas de alta montaña y la contrarreloj final en Milán. Si Dumoulin mantiene su estado de forma y evita infortunios, es capaz de minimizar daños de cara a su especialidad contra el crono. Quintana y Nibali deberán sacar la valentía, poco mostrada hasta ahora, para intentar desbancar al neerlandés.

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