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Decidir una final por sorpresa: los otros Éder

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Los mejores jugadores de la historia han sido grandes y han dejado su huella en el tiempo por su capacidad para decantar con sus goles imborrables los partidos en los que se deciden los títulos más prestigiosos.

Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Gerd Müller, Platini, van Basten, Zidane, Raúl, Eto’o, Messi… son algunos de los nombres que han sabido lo que es ganar con sus tantos y su impronta totalmente resolutiva una o varias finales para su equipo o para su selección.

Futbolistas que pertenecen al Olimpo balompédico y que poco tienen que ver con algunos otros que, de forma totalmente inesperada, se han querido sumar a ellos, apareciendo de entre la nada, para marcar el gol por el que siempre serán recordados aún cuando nadie contaba con ellos.

Y si no, que se lo digan a Éder en la reciente EURO de Francia. El paradigma último y perfecto, pese a ser delantero, de todos estos otros quince jugadores que se vistieron de héroes por un día en la mejor noche posible.

Fred Schaub (Eintracht Frankfurt), UEFA 1980

Matthäus en el campo y Heynckes en el banco lideraban aquel Borussia Mönchengladbach que había ganado la ida de la final por 3-2 y que buscaba al fin, tras haber rozado la gloria con la gran generación anterior, coronarse con un título europeo. Enfrente, el Eintracht y un delantero de 19 años que, cuatro minutos después de saltar al campo, hizo el único tanto de la vuelta para que los de Frankfurt, gracias al valor doble de los goles, alzasen su único trofeo continental hasta la fecha. La carrera de Schaub, que sólo marco tres goles con Las Águilas, tuvo sus mejores días en la segunda alemana y en Austria. 23 años después de ser el último recuerdo triunfal del Eintracht falleció trágicamente en un accidente de coche.

Duckadam (Steaua Bucarest), Copa Europa 1986

Cuando todo destinado a que el Barça lograse su primer gran entorchado continental, apareció él, el héroe de Sevilla, para reescribir la historia y levantar con su actuación la única Copa de Europa que un club rumano posee tras una tanda de penaltis memorable. Alexanco, Pedraza, Pichi y Marcos Alonso. Duckadam y su mítico bigote adivinaron y detuvieron todas las penas máximas culés, dejando en nada las dos paradas por Urruti. Su carrera acabó aquella misma noche. La versión oficial afirma que por una trombosis en las manos, la extraoficial que por problemas con el hijo del dictador Ceaucescu. Lo que nadie podrá robarle nunca es su inimaginable hazaña, esa que le convirtió en héroe en Bucarest y en villano en Barcelona.

López Rekarte (FC Barcelona), Recopa 1988

Solamente siete goles convirtió el lateral vasco en sus más de diez años en la Primera División española. López Rekarte fue uno de los primeros fichajes de Cruyff a su llegada al banquillo culé. Pese a no destacar por su faceta goleadora y a ir perdiendo presencia paulatina en sus tres años en Can Barça, tuvo tiempo en su primera temporada a salir del banquillo en la final de la Recopa en Berna ante la Sampdoria para, cinco minutos después, sentenciar el choque tras un pase profundo de Miquel Soler y con una definición propia de delantero, poner el 2-0 definitivo. La tercera Recopa y tercer título europeo del Barça llevan su sello.

Basile Boli (Olympique Marsella), Champions League 1993

El imponente zaguero desató en su época en Marsella su faceta goleadora pero nadie esperaba que en una final con futbolistas como Abedi Pelé, Rudi Völler, Rijkaard o van Basten fuese a ser él quien la decidiese con un cabezazo inapelable para Rossi justo antes del descanso que, a la postre, hizo al Olympique de Marsella el primer club francés en coronarse rey de Europa y en el primer equipo en ganar la Champions League. La trayectoria del internacional francés acabó con apenas 30 años en el Urawa japonés pero siempre irá ligada a aquel 1-0 en Múnich con el que el OM tumbó al todopoderoso Milan de Capello.

Bruno N’Gotty (PSG), Recopa 1996

Un caso similar al de Boli es el de su compatriota, coetáneo y compañero de demarcación Bruno N’Gotty. Ni Raí, ni Ronaldinho, ni Ibrahimovic. Todavía hoy, su solitario tanto en la final de Bruselas ante el Rapid de Viena es la imagen del único título europeo que alberga las vitrinas del club parisino. Una falta indirecta muy lejana, tocada en corto por Djorkaeff, la coló en la red austriaca N’Gotty con un chut raso. Dos años después se fue al Milan donde levantó un Scudetto y más tarde a un periplo inglés que lo llevaría por Bolton, Birmingham y Leicester sin volver a repetir su gesta imprevisible.

Iván Córdoba (Colombia), Copa América 2001

Apenas 30 goles en más de 700 partidos como futbolista repartidos en un cuarto de siglo en activo. Ni el propio Córdoba, por entonces ya capitán de la selección, podía imaginar que iba a ser él quien con su gol a México delante de sus compatriotas, rubricase la primera y única Copa América que ha vencido hasta la fecha Colombia. Córdoba tuvo la suerte de ganar varios trofeos más en el Inter, incluida una Champions, pero la estampa de su cabezazo imparable en la final sigue vive en el país cafetero a la espera de quien alguien le tome el relevo.

Kuffour (Bayern Múnich), Intercontinental 2001

El Bayern de Hitzfeld venía de ganar en los penaltis la Champions al Valencia tras la increíble debacle del Camp Nou de la que una de las imágenes que han quedado para la posteridad son los puñetazos de impotencia que Kuffour le propinaba al césped. Precisamente el central ghanés fue quien decidió en la prórroga la segunda Intercontinental de los bávaros con su gol al Boca de Riquelme y Bianchi tras el barullo formado en el área por una mala salida en un córner de Óscar Córdoba. Kuffour no olvidará jamás lo que sintió en Barcelona pero al menos aquel día en Tokio pudo resarcirse, para sorpresa de todos.

Charisteas (Grecia), Eurocopa 2004

Cuatro goles en la Bundesliga había marcado Charisteas aquella temporada con el Werder Bremen. Un nueve que nunca superó la barrera de los diez goles en ninguna de las ligas que disputó y que se convirtió en el gran protagonista del verano de 2004. Su gol a Portugal en la final de la EURO en la que los lusos ejercían de anfitriones, culminó una epopeya griega que ni el más optimista presagiaba. Todos recordamos a Charisteas como el killer que permitió el milagro defensivo de Rehhagel. Un killer que, sin embargo, sólo lo fue las tres semanas que duró el torneo.

Dudek (Liverpool), Champions League 2005

La mejor imitación de Bruce Grobbelaar que se haya visto jamás la realizó dos décadas después otro portero del Liverpool para ganar, también, una Copa de Europa en la tanda de penaltis. El arquero polaco, que nunca destacó en demasía dentro de su demarcación, se marcó una actuación prodigiosa haciendo el spaghetti con la que detuvo los lanzamientos de Pirlo y Shevchenko y culminó la remontada red en una de las finales de Champions más alucinantes de la historia. La llegada de Reina le relegó al banquillo y precedió a su fichaje por el Real Madrid, donde hizo más de lo mismo.

Belletti (FC Barcelona), Champions League 2006

La lluvia de París, el gol de Campbell, la expulsión de Lehmann, el empate de Eto’o, las paradas de Valdés, las asistencias de Larsson y el inolvidable disparo del lateral brasileño que acabó colándose entre las piernas de Almunia para culminar la remontada y ser el símbolo de la segunda Copa de Europa culé. Quién podía pensar que con Ronaldinho o Deco en el césped, un futbolista que no realizó ni un solo tanto en liga en sus tres años como jugador del Barça podía decidir el más ansiado título y pasar así a la posteridad. Así es el fútbol.

Fabio Grosso (Italia), Mundial 2006

Dos goles resumen la carrera de un lateral que jugaba en el Palermo y que dos años atrás estaba jugando en la Serie B. Fabio Grosso ya había amenazado con entrar en la historia del Calcio en las semifinales de aquel Mundial con su gol decisivo a Alemania un minuto antes de que se llegase a los lanzamientos de penalti. Y cumplió del todo su promesa para convertirse en héroe en la final, donde su definitiva pena máxima le dio a Italia su cuarta Copa del Mundo. Tras ello se fue al Inter, Lyon y Juve pero nunca pudo acercarse a quien fue entonces. Era imposible.

Adriano Gabiru (Internacional SC), Mundial de Clubes 2006

Todo el mundo recuerda la final del Mundial de Clubes de 2006 como el primer síntoma claro de la decadencia del gran Barça de Rijkaard y Ronaldinho pero es más difícil recordar quién fue el encargado de asestar el golpe en la final de Yokohama. Fue este centrocampista ex del Atlético Paranaense, desde donde llegó a jugar dos partidos con la canarinha en 2003, el que batió al campeón de Europa y conquistó el único cetro intercontinental del club de Porto Alegre. Después, su pista se perdió en varios equipos de menor categoría de Brasil.

Danilo (Santos), Libertadores 2011

Aunque el actual jugador del Real Madrid sí destacó en su última campaña en el Oporto por prodigarse en acciones de gol, no es un futbolista que haya destacado nunca por dicha característica. Sin embargo, en 2011, su gol siguió al de Neymar y otorgó al Santos la ventaja necesaria para batir a Peñarol por 2-1 en el partido de vuelta tras el 0-0 de Uruguay con un disparo cruzado. En un equipo con el actual crack del Barcelona, Elano o PH Ganso fue el lateral derecho con la zurda el que decantó definitivamente el título continental casi medio siglo después de que Pelé conquistara las dos Libertadores anteriores de forma consecutiva.

Götze (Alemania), Mundial 2014

Minuto 113 de la final de las finales. Götze, suplente aquella noche en el Maracaná, había concluido su primer año en el Bayern y empezaba a dar muestra del bajón de su rendimiento alejado de Jürgen Klopp y Dortmund. Y, sin embargo, él fue el que impidió la definición por penaltis, tras haber salido al campo en el minuto 88, el que extendió la gran obsesión permanente de Lionel Messi y quien conquistó la cuarta Copa del Mundo para Alemania con un gol que en Argentina tampoco podrán olvidar nunca.

Coke (Sevilla), Europa League 2016

La noche más increíble de la vida deportiva de Jorge Andújar Moreno haga lo que haga en el resto de su carrera. Suplente durante gran parte de la temporada, Emery se lo inventó en un doble lateral diestro adelantado y el resultado de la variante táctica no pudo ser mejor. Gameiro empató la contienda tras el descanso pero fue Coke quien destrozó al Liverpool con dos acciones más propias de Garrincha con las que se convirtió en el héroe por partida doble de la final de Basilea que posibilitó la tercera Europa League consecutiva y la quinta de su historia. Casi nada

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