Fútbol inglés

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Viaje a los orígenes (II): de Rugby a Sheffield

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Dejamos nuestro viaje en medio del declive de las formas más primitivas del fútbol y el auge de la práctica de unas más avanzadas en colegios y universidades. Debido a las prohibiciones, las public schools se convirtieron en el lugar ideal para que el fútbol se desarrollara en Inglaterra. Pero, ¿cuáles fueron las otras causas históricas que propiciaron el arraigo del fútbol en el sistema educativo? ¿Cómo se llegó a la unificación de las diversas reglas existentes? En este segundo capítulo, viajaremos a través de la Inglaterra de la Revolución Industrial y de los avances futbolísticos que se vivían en el interior de las instituciones de Eton, Rugby o Cambridge y asistiremos al nacimiento del club más antiguo del mundo.

Revolución y orden

Como vieja costumbre, no se celebrarán más de dos partidos en la misma semana, con la obligación de jugar uno el sábado, salvo causa mayor para lo contrario.

Reglas del Fútbol, Rugby School. 28 de agosto de 1845.

El binomio deporte-ocio es prácticamente indivisible. Y el prácticamente viene incluído porque en los inicios de la era Victoriana, la clase trabajadora iba a ver como su tiempo de ocio iba desapareciendo, siendo reducido a cenizas en poco más de diez años. El impacto de la industrialización y los cambios económicos llevarían a un momentáneo apagón de la cultura deportiva existente, limitando la oportunidad y la inclinación de la clase trabajadora hacia el deporte. El crecimiento de las fábricas y la industrialización de la agricultura, trajo consigo más horas de trabajo. El movimiento de población del campo a la ciudad tuvo un profundo efecto en las áreas tradicionales donde se jugaba al Mob Football y sus variantes y, además, las diferentes clases sociales que iban a tomar el control durante la Revolución Industrial y los guardianes de la moral Victoriana iban a estrechar su cerco sobre todo aquello que oliese a football.

Por citar un ejemplo, hacia 1830, el Shrovetide Football, por entonces muy famoso en Derby, se vio acorralado por una coalición conformada por empresarios, asociaciones de abstemios, evangelistas y burguesía local. Consideraban aquel juego como algo social y moralmente corrosivo. Ya no sólo era que durante la práctica del Shrovetide se suspendía el trabajo durante dos días y se cerraban tiendas y comercios. Eran también el alcohol, el desorden público y, cómo no, la visión del fútbol como una amenaza contra sus intereses, practicado por un puñado de bárbaros cuyo fin último era la violencia colectiva y la revolución, en un contexto en el que el sindicalismo comenzaba a florecer.

Tras los muros de los colegios, todo era más sencillo. O, al menos, así lo parecía. El fútbol en concreto, y el deporte en general, fue visto desde un primer momento como el elemento esencial para el control de los alumnos dentro de la relación entre maestros y escolares. Pero el fútbol también se convirtió en la manera en la que los alumnos veteranos ejercían su control sobre los más jóvenes. Los novatos eran forzados a involucrarse en el fútbol, reducidos a encargarse de sujetar las porterías o marcar los límites del terreno de juego.

Con las reformas en las public schools que llegaron en la década de 1830, se otorgó todo el poder a los maestros y directores de centro. La organización de partidos de fútbol, al margen de su valor deportivo, cumplían una serie de propósitos. Primero, mantener a los alumnos bajo el control de los maestros y alejados del vandalismo. Si mandaban a los chicos cansados a la cama, minimizaban el desarrollo de un comportamiento problemático. También, por supuesto, se pensaba que evitaban su acercamiento a prácticas diabólicas como la masturbación o la homosexualidad. Segundo, el fútbol creció en un ambiente en el que se veneraba un culto al cuerpo, sustentado sobre unas añejas ideas de virilidad que dominaron el pensamiento de los educadores durante la época Victoriana. Además, participar en los partidos de fútbol estimulaba otras cualidades necesarias para aquellos lugares de élite tales como la cooperación, el trabajo en equipo, el liderazgo, el valor y el coraje o el autocontrol. En resumen, el fútbol en las public schools durante la era Victoriana se convirtió en la expresión máxima de los valores morales. En ese contexto, el juego empezó a evolucionar a una velocidad de vértigo.

Eso que estás jugando se llama rugby, chaval

Dos equipos, un balón y un terreno de juego rectangular dividido en dos mitades en cuyos extremos se colocaban unas porterías. En general, era lo único que tenía en común el juego de pelota que practicaban todas aquellas escuelas. Después, cada centro tenía su versión particular de reglas, por lo que los partidos en los que se enfrentaban eran bastante curiosos. O bien se acordaban una serie de reglas comunes antes del encuentro, o bien se jugaba una parte con las normas del local y otra con las del visitante. Evidentemente, aquello era un caos considerable.

En ninguna de las modalidades se prohibía utilizar las manos. Los límites se encontraban en para qué se utilizaban. Se podía recuperar el balón desde el suelo con las manos, se podía retener en ellas, pasarla a un compañero que estuviese más retrasado o bloquear un disparo a portería. Pero para avanzar era obligatorio utilizar los pies.

En 1823, un joven estudiante de la Rugby School llamado William Webb Ellis, tomó la pelota con las manos y corrió con ella hasta la portería contraria, marcando un gol. Este acto, convenientemente recordado con una placa en la escuela de Rugby pero que la mayoría de los historiadores consideran falso, es aceptado oficialmente como el nacimiento del rugby moderno. Aquel simple movimiento no solo iba a provocar una cascada de reglas oficialísimas, sino un cisma entre dos modos de entender el juego que nunca más volverían a unirse.

Con el asentamiento de la red ferroviaria en Inglaterra, el caos que suponía realizar partidos con diferentes tipos de normas se volvió aún más insoportable. Se hacían viajes para que las distintas escuelas se enfrentaran entre sí y podían observarse escenas que podrían parecer surrealistas pero que eran, en cierto modo, entendibles. Se tiene constancia que, en el transcurso de un partido, los chavales que habían aprendido el juego en Rugby y corrían hacia la portería con el balón en las manos, eran insultados y abucheados por los muchachos que habían crecido bajo las normas de Eton.

William Delafield Arnold, W.W. Sherley y Frederick Hutchins, tres estudiantes de la Rugby School, redactaban las Leyes del fútbol jugado en Rugby el 28 de agosto de 1845, un texto conformado por 37 normas entre las que se encontraban el uso de las manos para llevar la pelota, el off-side, el knock-on o el hacking. Dos años después, en 1847, el colegio de Eton redactaría sus reglas, que diferían de las de Rugby en algunos aspectos. El primer partido registrado que se jugó bajo las reglas de Rugby es un Rugby vs Rest Of The World -casi nada- celebrado en el Edge Hill Cricket Ground de Liverpool en diciembre de 1857.

Mientras tanto, Charterhouse y Westminster habían adoptado unas reglas  que permitían un estilo propio basado en la habilidad (dribbling game) y la escuela de Harrow ya jugaba su propia versión del juego, que se sigue practicando en la actualidad y cuyas normas se pueden leer en la web de la institución. Por su parte, la universidad de Cambridge, donde los registros de la práctica de diferentes códigos relacionados con el fútbol se remonta a 1579, pronto se dio cuenta que era necesario dar un primer paso hacia la unión.  Ante la cantidad de modos de jugar existentes y el desorden reinante en los partidos, era lo que aquel deporte necesitaba.

Henry de Winton y John Charles Thring, dos estudiantes de Cambridge, hicieron un llamamiento a los miembros de otras instituciones para definir un único código de reglas. En la reunión participaron Eton, Harrow, Winchester, Shrewsbury y Rugby. Nacía así, en 1848, el Código de Cambridge, del que no se conserva ninguna copia original, aunque existe una versión de 1856 en Shrewsbury. Dichas normas ya perfilaban algunos aspectos básicos del juego como la reanudación del partido tras cada gol, el saque de puerta y el saque de banda, la utilización de las manos para tocar el balón o la regla del fuera de juego. Era el primer paso para lograr la unificación de reglas que se buscaba. En 1862, John Charles Thring presentaría una nueva versión mejorada de aquel código, donde se reducía la cantidad de texto y el número de reglas.

Y entonces llegó Sheffield

William Prest se había mudado a Sheffield para regentar un negocio de venta de vino adquirido por su hermano. Deportista de cierto renombre, conoció a Nathaniel Creswick en el club de cricket de la ciudad. Creswick, que había nacido en Sheffield, se dedicaba al chapado en plata y, además, estaba involucrado en ayudar a diferentes clubes deportivos locales.

Hacia 1855, Prest y Creswick se juntaban con otros jóvenes del club de cricket para jugar partidos del fútbol sin ningún tipo de reglas. Dos años después, los dos amigos decidieron fundar el Sheffield FC -reconocido por la FIFA como el club más antiguo del mundo- y en 1858 redactaron las Reglas de Sheffield, considerado el primer compendio oficial de normas del juego del fútbol.

Durante un tiempo, sin nadie a quien enfrentarse, los formatos jugados por el Sheffield FC eran simplemente pachangas del tipo solteros vs casados. Todo eso cambió cuando, en 1860, en la misma ciudad, se fundaba el Hallam FC, el segundo club más antiguo del mundo. En el mismo año, ambos equipos jugaron el primer derby local de la historia del fútbol y sentaban un precedente. Hacia 1862, solo en la zona de Sheffield ya existían 15 equipos que se unirían más tarde a la Asociación de Fútbol de Sheffield (1867) y que jugarían bajo las reglas redactadas por William Prest y Nathaniel Creswick.

Aquel código de reglas aportaría muchas variantes al fútbol moderno. Entre ellas, la utilización de un travesaño de material sólido para unir los dos postes verticales que conformaban las porterías, el saque de esquina, el tiro libre tras recibir una falta y diversos sistemas de desempate, entre los que se encontraba la prórroga. Además, las Reglas de Sheffield se usaron para el primer trofeo jugado bajo normativa, la Copa Youdan, en la que participaron 12 equipos de la Asociación de Sheffield.

El Código de Cambridge y las Reglas de Sheffield serían las bases sobre las que se asentaría el código definitivo. No tardaría demasiado en llegar. Del 26 de octubre al 8 de diciembre de 1863, se produjeron seis reuniones entre las diversas escuelas y clubes surgidos al calor del Sheffield FC. El objetivo: la reglamentación de un código único del fútbol y de un órgano que rigiera el nuevo deporte. El lugar: la Freemason’s Tavern, en la calle Great Queen, en el centro de Londres.

Si te ha gustado este segundo capítulo, aquí te dejamos el primero

Viaje a los orígenes (I): de la calle a los colegios

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