EURO 2016

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David contra Goliat

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Islandia tiene, según el censo de 2016, 332.529 habitantes, menos que Bilbao y  muchísimos menos que Marsella o Paris, ciudades en las que su selección nacional jugará en los próximos días.

El combinado nórdico se ha convertido en este 2016 en el país con menos habitantes en entrar en una Eurocopa, superando a la sorprendente Letonia que viajó a Portugal en 2004. Un logro histórico para un país sin gran tradición futbolística (su deporte nacional es el balonmano), pero cuya evolución en los últimos años ha sido imparable. Todo empezó en 2011.

La generación dorada

Islandia, contra todo pronóstico, se clasificó para el Europeo sub-21 del 2011 eliminando a la potente selección alemana por el camino. En aquel equipo estaban varios de los titulares de la actual escuadra: Sigurdsson, Sighortsson, Bjarnsson, Gunnarsson, Gudmunsson o Finnbogason. Una generación de talentos que nutriría a la absoluta de la calidad y la experiencia internacional que les faltaba (muchos de los jugadores actuales acumulan experiencia en países como Inglaterra, España, Holanda o Italia, algo impensable hace unos años).

Pero el talento no surgió de la nada. El gobierno, ambicioso, decidió invertir en formación. El frio invierno imposibilitaba la práctica del futbol durante largos periodos de tiempo, por lo que se construyeron campos cubiertos para que los chavales jugaran a su deporte favorito durante todo el año. Se mandó a los entrenadores a cursos en el extranjero con el fin de que ampliaran sus conocimientos y los aplicaran en las escuelas locales. Poco a poco, este trabajo fue dando sus frutos; frutos que siguen recogiendo hoy en día.

 

Lo de la generación dorada no fue casual. El equipo sub-21 estuvo a punto de clasificarse para el Europeo 2015 (perdió ante Dinamarca en el play-off final por el valor doble de los goles fuera de casa) y va segunda en su grupo de clasificación para el de 2017 (a dos puntos de Francia, con un partido menos, y por delante de escuadras con más tradición como Ucrania y Escocia). El talento brota de forma constante.

Tándem de entrenadores

La llegada en 2011 de Lars Lagerback y Heimir Hallgrimsson supuso un punto de inflexión en la historia balompédica islandesa. El antiguo seleccionador sueco (2000-2009) llegó a la pequeña isla en 2011, formando un tándem con un desconocido entrenador islandés conocedor del futbol local. El país nórdico había tocado fondo, ocupando la posición 131 del ranking FIFA (peor posición de su historia). Valiéndose de una excelente camada de jugadores, aportaron solidez a un colectivo hasta entonces vulnerable, haciéndoles capaces de competir de tú a tú con cualquiera. La mentalidad cambió y el equipo empezó a acumular victorias.

En la fase de clasificación camino a Brasil, el equipo terminó segundo por detrás de Suiza y por delante de Eslovenia, Noruega, Albania y Chipre. En el play-off final cayeron ante la potente Croacia. El primer paso estaba dado, Islandia luchaba por acceder a los grandes campeonatos.

 

En el camino a Francia los islandeses fueron un paso más allá. Encuadrado en un grupo complicado con rivales tan potentes como Holanda, Turquía y República Checa, los pupilos de Lagberback no dieron opción a la duda. Tras ganar 6 de los primeros 7 partidos, el equipo se relajó cosechando dos empates en casa ante las débiles Letonia y Kazajistán. Pese a ello, la clasificación ya estaba en la mano. Remarcable el hecho de ganar los dos partidos ante Holanda, equipo al que no habían derrotado nunca y vigente semifinalista del último Mundial. Habían hecho historia.

Darán guerra

Islandia está ilusionada. Un total de 26.985 (según datos de AS) hinchas han viajado a Francia con el deseo de ver a su país hacer historia. Un 8% del país viajará al sur de Europa en busca de sol y buen futbol.

 

Liderados por el talento del genial Gylfi Sigurdsson y el liderazgo del veterano Gudjohnsen (nexo de unión entre la vieja y la nueva Islandia) los nórdicos no tienen nada que perder. Encuadrada en el grupo F, tendrá que enfrentarse a las potentes Portugal y Austria (ojo con ellos) y a una esperanzada Hungría que busca reverdecer viejos laureles.

Con el apoyo de todo un país y la ilusión de un debutante, Islandia viaja a Francia con la intención de dar guerra. Son un país minúsculo enfrentándose a los monstruos del continente, pero la historia del futbol nos ha enseñado que no hay imposibles, que hay veces en las que David vence a Goliat.

 

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