Fútbol holandés

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Dan Crowley, esperando al heredero de Wilshere

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Hoy, Jack Wilshere es un sobrante del Arsenal. Un mediocentro con unas condiciones bárbaras que hace poco más de un lustro era el niño bonito de la Premier League, ese por quien se peleaban todos los equipos grandes y todos los que querían serlo a base de dinero. Las lesiones han lastrado la carrera de un tipo que apenas tiene 25 años pero que se ha llegado a convertir ya en un jugador casi residual para los gunners. Wilshere, aquel superdotado que debería llevar a Inglaterra donde hace 50 años nadie la lleva, no tiene casa fija, nadie quien le quiera y aunque hay muchos que apostarían por él con los ojos cerrados, su caché aún no ha decrecido tanto como sí lo ha hecho su juego y su intermitencia.

Si habláramos de baloncesto, Jack Wilshere sería Derrick Rose, aquel MVP más joven de la historia a quien las rodillas han obligado a ser un jugador más allá de lo secundario y con una merma psicológica capaz de derribar a los más fuertes de mente. El miedo. Wilshere se convirtió en un jugador indispensable para el Arsenal en la temporada 2010-2011, con apenas 18 años. Pero rápido arrancaron las lesiones, que le tuvieron fuera de combate la temporada siguiente y mermado en menor medida en la dos de después hasta dejarle en apenas tres partidos en la 2013-2014. En total, Wilshere ha estado más de 1000 días lesionado en los últimos 8 años de su vida (desde que debutara), lo que supone estar fuera de combate en más de un tercio de los días de actividad futbolística.

Pero esta entrada, aunque lo parezca, no va del jugador del Arsenal, que este año termina contrato y cuyo destino es incierto, sino de otro que, cuando Wilshere era la esperanza gunner, crecía a pasos agigantados en las inferiores del Arsenal y a quien todos conocían como ‘The next Wilshere’. Daniel Crowley (3 de agosto de 1997, Coventry) llegó al Arsenal con 15 años tras haber jugado desde infantil en el Aston Villa. Cuando el chico llegó a la disciplina de los de Londres su impacto fue tal, que hasta el propio Wilshere quedó asombrado con lo que estaba viendo. Era como mirarse a un espejo, un calco de sí mismo. Y no dudó en compartir en sus redes sociales, que “Dan Crowley es el mejor proyecto de jugador que hay en el Arsenal en años”.

La primera vez que vi jugar a Dan Cowley fue en enero de 2015 y quedé ciertamente impresionado. Fue en Youth League, en un partido de octavos de final ante el Atlético de Madrid. Ganaron los españoles gracias a un gol de Amath (hoy en el Getafe) en un partido que disputaron jugadores de la talla de Theo Hernández, Zelalem o Alex Iwobi. Pero lo que hizo Crowley aquella tarde-noche en la capital madrileña trascendió a todo lo demás. Crowley era realmente una fotocopia de Wilshere, en todo. Físicamente eran un calco, con el mismo estilo de correr, misma altura, hasta en el rostro. Con el balón tampoco había diferencias. Mismo estilo de juego, misma manera de controlar el balón, de medir los tiempos, de pasar y ofrecerse. Uno lo veía desde la grada y no sabía si era el hermano pequeño de Jack, o él mismo que había bajado a echar una mano al juvenil.

Dan Crowley entonces era El Nuevo Wilshere porque el real era muy bueno. Y si el Wilshere de verdad es la esperanza inglesa, que hubiera un tipo que estaba siguiendo sus pasos era una esperanza doble. Porque el reinado podía ser eterno. Crowley creció a pasos agigantados en sus tres años en las inferiores del Arsenal, siendo el rey de la medular en un estilo de juego de passing game que ciertamente se le acoplaba como anillo al dedo. Había nacido para jugar en ese preciso lugar, y en ese preciso momento. Crowley, bajito, pequeñito y físicamente de apariencia débil, debía usar su instinto, su inteligencia y su velocidad para anteponerse a los rivales que se medían a él. Y prácticamente siempre salía victorioso. Le pegaban por todos lados, pero eso a él no le importaba.

De la mano de Wenger el chico progresó a un ritmo vertiginoso. Entrenando con el primer equipo del Arsenal desde muy pronto. Fue líder de la selección inglesa Sub16, Sub17 y Sub19. Incluso llegó a ir convocado con el equipo juvenil de la República de Irlanda, debido a que tiene ascendencia de allí, pero acabó decantándose por jugar con los pross.

Aunque si hay algo que a Crowley nunca le gustó y siempre le pesó como una losa, fue precisamente la comparación con Jack Wilshere, que ha tratado de rehuir toda su corta carrera, aunque sea francamente imposible no hacerla. Un símil que puede haber condicionado un poco su salto a la primera escena, porque cuando Dan Crowley parecía preparado para el fútbol profesional, Wilshere empezó a esfumarse de la primera escena y ese crecimiento que ambos habían hecho de la mano, cada uno en lo suyo, ahora parecía seguir el camino de manera inversa.

Su cesión al Oxford United fue un auténtico fracaso. Apenas jugó seis partidos en media temporada, donde anotó dos goles, pero nunca se le vio con el ritmo adecuado para jugar con los chicos mayores. “Sé que en Oxford las cosas no iban bien, la gente decía que era un wonderkid fallido, que me iba a quedar en nada”, señalaba. “Estoy agradecido con la comparación con Wilshere, pero no quiero ser comparado con él ni con nadie”, se refería sobre esa losa que le ha pesado durante sus primeros años en el mundillo. “Si te subes a la cresta de la ola y te dejas llevar por lo que dice la gente, nunca serás un buen futbolista. Yo quiero ser yo mismo, construirme a mí como futbolista y trabajar, porque si no te quedarás enfrascado toda tu vida en el equipo filial”, añadía.

Por eso, Crowley aceptó una cesión de más calado en una Primera División europea. Fue en el Go Ahead Eagles, de la Eredivisie holandesa. Un sitio donde poder explotar su fútbol de toque, donde el nivel físico no es tan exigente y donde él podría desarrollarlo a la vez que iba ganando experiencia para con el balón. Allí, en Holanda, Crowley se asentó durante los seis meses que estuvo, convirtiéndose en el jugador favorito de la grada. En media temporada, rápido se hizo con la batuta del centro del campo, con los galones del equipo y con la posesión del balón. Era como jugar con las categorías inferiores del Arsenal, pero haciéndolo al fin en la Eredivisie.

Por eso, cuando la temporada terminó, Dan Crowley nunca volvió al Arsenal. El futbolista, que terminaba contrato, no quiso renovar con los gunners para sorpresa de todos. Para su trayecto como profesional era mejor crecer en un lugar como Holanda antes que en el Arsenal, donde ciertamente estaba avocado al equipo reserva o a una cesión en un Segunda División. Crowley, a quien le tantearon varios equipos holandeses, eligió el Willem II, un equipo de la zona media-baja de la tabla que se interesó por sus servicios desde el primer día. “Quiero ser futbolista profesional. Quiero jugar en la Premier League y si no puede ser en el Arsenal, será en otro sitio, pero ahora mismo esto es lo mejor para llegar un día a la Premier”.

Alejarse de los focos para rehuir de todas todas la comparación con Wilshere. Crecer y crear su propio futbolista. Porque Dan Crowley, a quien en Inglaterra hoy consideran un proyecto fallido de jugador tras su espantada, aún tiene 20 años y está en disposición de ser todavía parte de la plantilla Sub21 de los pross. De hecho, está en el momento en el que empezaría a ser lógica su llamada. Su hacer con el Willem II, de momento, está siendo irregular. Crowley ha disputado siete de los 13 partidos que ha jugado el equipo de Tilburgo, cuya andadura en la Eredivisie está siendo con altibajos y está teniendo que lidiar con problemas de cambios de sistema y con alguno que ha afectado anímicamente al equipo, como el problema de salud que ha superado recientemente Fran Sol.

Solo el tiempo dirá si la decisión de Crowley ha sido positiva para su carrera, si el jugador acabará siendo todo lo que prometía o si quedará en el olvido como muchos otros. A su edad, Wilshere, un superdotado, ya había tocado techo y posiblemente había jugado sus mejores partidos como profesional para una caída en picado que encuentra su culpa en las lesiones. Crowley, que ha buscado más que nada esa fuga en las comparaciones, prefiere crecer desde abajo, de manera progresiva, con pasos lentos pero firmes y seguros, para llegar a ser un día un buen futbolista de la Premier League.

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