África

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El cuento de hadas de Bakery Jatta

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El fútbol está lleno de historias de todo tipo. Casi podría decirse que cada futbolista, cada entrenador, incluso cada aficionado, tiene su propio relato con el que cautivar a un audiencia minoritaria o de masas, todo depende de la trascendencia mediática del personaje en cuestión.

Hoy les traigo un relato de actualidad y que, más que una historia, parecería un cuento cuyo verdadero final aún está por escribirse, pero que de momento no puede ser más feliz para un muchacho que apenas hace una semana que alcanzó la mayoría de edad. Bakery Jatta, que ese es su nombre, era un completo desconocido hasta hace poco más de 6 meses, cuando el HSV decidió invitarle a realizar una prueba de dos días con el primer equipo. Aquel frío 4 de enero la plantilla regresaba a los entrenamientos tras la pausa invernal y se preparaba para un stage de diez días en las cálidas costas de la Riviera turca.

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Ese primer entrenamiento no habría tenido mayor trascendencia de no ser por los elogios recibidos por Jatta de parte de aquellos que pudieron seguir sus evoluciones. No fuimos pocos los que nos apresuramos a recabar información acerca del chico, pero para nuestra sorpresa el infalible Google no sabía absolutamente nada acerca de él. Al día siguiente el propio HSV anuncia de manera escueta en su cuenta oficial de Twitter que era delantero y que procedía de Gambia, y que de nuevo se iba a ejercitar con el plantel profesional. En esa segunda jornada las sensaciones positivas dejadas por Bakery Jatta fueron aún mejores, y en esta ocasión los piropos procedían tanto de los jugadores como del propio cuerpo técnico, con Labbadia a la cabeza. “El chaval ha hecho un trabajo digno de elogio, máxime si tenemos en cuenta que nunca antes había jugado en un equipo…”.

“Me he divertido mucho realizando esta prueba con el HSV.
Tenía la sensación de ser parte del equipo”

Todos alababan sus magníficas condiciones físicas y técnicas, así como una madurez impropia de un muchacho de apenas 17 años. La sorpresa para todos llegó cuando se supo que Jatta no era el típico jugador juvenil procedente de algún equipo amateur del país en busca de una oportunidad para llegar a un club grande, sino que estábamos ante un refugiado africano que un año atrás había huido de su país en busca de una vida mejor, y que tras recorrer más de mil kilómetros había acabado en Bothel, cerca de Bremen, donde había sido acogido en su academia por un antiguo boxeador, Lothar Kannenberg, quien dirige un proyecto encaminado a integrar en la sociedad a chicos en las circunstancias de Bakery por medio del deporte.

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Bajo la tutela de Kannenberg, el chico recibía escolarización durante las mañanas, incluyendo clases de alemán, y por las tardes desarrollaba una variada actividad física que incluía desde ejercicios en el gimnasio hasta la práctica del fútbol en un modesto conjunto local, el Bremer SV. Fui aquí donde Bakery rápidamente llamó la atención de todos, tanto que el Werder Bremen decidió hacerle una prueba en un partido en el que un equipo integrado por canteranos del club jugaron frente al segundo equipo del Hannover 96. Los técnicos del Werder quedaron impresionados con Jatta, pero en contra de los deseos del muchacho, solo le ofrecieron un precontrato.

Esa circunstancia llevó al empresario Efe-Firat Aktas, persona de confianza de Lothar Kannenberg y muy vinculado al fútbol, a ponerse en contacto con su amigo Dietmar Beiersdorfer, presidente ejecutivo del HSV, quien rápidamente movió los hilos para hacer que el jugador gambiano pudiera realizar una prueba en el campo anexo al Volksparkstadion bajo la atenta mirada del entrenador Bruno Labbadia. Tras esos dos días, en el cuerpo técnico del Hamburgo no había la más mínima duda. “Ese chico sabe jugar…”, diría el propio Labbadia. Y al contrario que su gran rival el Werder Bremen, el HSV si estaba dispuesto a firmarle un contrato de inmediato. Sin embargo, surgió un problema burocrático: según los estatutos de la FIFA, la condición de refugiado de Jatta, unida a su minoría de edad, le impedían firmar un contrato profesional antes de cumplir los 18 años.

“Juego al fútbol desde que tengo uso de razón;
mi primer recuerdo es el de asomarme a la ventana de mi habitación
y ver en frente de mi casa a dos chicos mayores jugando al fútbol.
Salí corriendo fuera pero no me atreví a preguntarles
si podía jugar con ellos…”

En cierta medida, en el HSV cundió el nerviosismo. Los medios de comunicación se habían hecho eco de la historia de Bakery Jatta y, sobre todo, de su talento para jugar al fútbol. Rápidamente comenzaron a circular rumores sobre el posible interés de otros clubes y 6 meses de espera era demasiado tiempo. En Hamburgo no querían perder a su perla recién descubierta, por lo que se intentó sin éxito acortar los plazos intentando convencer a la FIFA de que el jugador tenía más edad de los 17 años que se le daban como oficiales, pero la argucia no surtió efecto y era imprescindible esperar hasta el 6 de junio, día en el que Bakery cumplía los anhelados 18.

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Además, en ese plazo de tiempo el chico ni siquiera podía entrenar con las categorías inferiores del HSV, y mucho menos firmar un precontrato o recibir cantidad económica alguna. Se llegó a decir incluso que el cuadro hanseático le había puesto un entrenador personal, pero ni siquiera eso era posible. En última instancia, Bakery Jatta ha seguido entrenando todo este tiempo con el Bremer SV, modesto equipo del que ha dicho “estar enormemente agradecido por el trato recibido”. Eso sí, Beiersdorfer y el HSV no dejaron de negociar con sus representantes legales hasta arrancarles el firme compromiso de firmar por el HSV en cuanto fuese mayor de edad.

“En África vivía en unas condiciones muy malas,
así que sabía que tenía que asumir el riesgo de iniciar un camino duro y peligroso para alcanzar un futuro mejor”

Esta sería, digamos, la historia que todos conocen sobre Bakery Jatta, una historia que, con los lógicos matices, podrían compartir otros muchos jugadores africanos llegados a Europa. Sin embargo, esta historia esconde una realidad que la hace realmente especial. Cómo decíamos más arriba, Google no sabía nada sobre Jatta, y la razón era que jamás había jugado al fútbol en club alguno ni en su país natal ni en el de acogida: “En Gambia nunca jugué en un equipo. Algunas veces hacía una especie de entrenamiento con otros chicos, pero lo normal era jugar en la calle. No teníamos nada: hacíamos las porterías, la pelota… Por eso ahora me doy cuenta de lo afortunado que soy al poder entrenar y jugar aquí de una manera profesional. Es una oportunidad que no puedo desaprovechar”.

Huérfano desde niño, solo conoció las miserias de un país que recién comienza a ofrecer su cara más amable al incipiente turismo que empieza a llegar. Gobernado con mano de hierro por Yahya Jammeh y amenazado permanentemente por un clima de guerra civil, Bakery decidió emprender con solo 16 años un largo camino de 6.000 kilómetros que debía traerle hasta Europa. Durante más de un mes cruzó por carretera hasta el norte de África, y desde allí logró alcanzar en barco las costas de Italia. Tras atravesar el país transalpino, y luego de sortear no pocos peligros, llegó a Alemania, donde finalmente le dieron el estatuto de refugiado. “He vivido muchas cosas duras para mi edad, por lo que no quiero echar más la vista atrás. Solo quiero mirar hacia delante. Deseo vivir como lo hace la gente en Alemania, y para ello quiero trabajar duro”.

Por fin, este martes el sueño de Bakery Jatta se hizo realidad y pudo estampar orgulloso su firma en el contrato que le vincula al HSV hasta 2019. “Le estoy muy agradecido al Hamburgo por la oportunidad de poder jugar para ellos en el futuro. Me siento preparado, tanto física como mentalmente, para afrontar este gran reto. Estoy muy, muy feliz…”. Dado que no posee pasaporte comunitario, Jatta solo podrá jugar en el primer equipo, lo cual añade más dificultad a su adaptación a un campeonato tan exigente como la Bundesliga. Eso sí, ambición y ganas por llegar lejos en el fútbol no le faltan: “Deseo llegar a ser el mejor futbolista posible y poder convertirme en un ídolo para los aficionados”.

“Desde la primera vez que estuve en Hamburgo con el HSV
tuve la sensación de que este era mi sitio. Sin haber siquiera entrenado, todos me recibieron con los brazos abiertos”

Este es el primer capítulo de lo que esperamos sea una historia con un final aún más feliz: el de un joven gambiano – como el mítico jugador sevillista Biri Biri– que llegó a Alemania como refugiado tras una larga peripecia y que, sin haber jugado nunca en un equipo de fútbol, logra un contrato profesional y triunfa en la Bundesliga. Y es que los sueños, sueños son, pero a veces se hacen realidad, y más si pareces tocado por una varita mágica…

ACTUALIZACIÓN:

El 9 de septiembre de 2016, Jatta debuta con el filial del Hamburgo y marca dos goles.

 

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