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Cuando Marcelino fue granota

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Marcelino fue desde casi el inicio de su carrera como entrenador un técnico especial. Pragmático, efectivo, con un buen manual de recursos y, por todo ello, con una gran proyección dentro de su quinta.

El hoy (por fin, que a la tercera fue la vencida) entrenador valencianista, además, parece mejorar las principales facetas que se le exige a un técnico de élite con el paso de los años en una carrera, que desde luego, ha ido ligada a la exigencia inmediata (Sporting, Recre, Racing -en dos ocasiones-, Zaragoza, Sevilla y Vila-real) ante la que el balance ha sido hasta ahora positivo. Pero lo que los más jóvenes no recuerdan es que parte de la carrera como jugador de Marcelino se desarrolló en el próximo rival del Valencia: el Levante UD.

Marcelino conduciendo el balón

No se puede negar que no llegó en un momento tan bueno en lo deportivo e institucional como el que vive ahora el cuadro granota, ya que el fútbol de 2ª y de 2ªB a principios de los noventa no era tan estimulante a nivel competitivo como lo pueda ser ahora, y que el recuerdo deportivo que dejaría en el asturiano no será el mejor de su carrera (descenso a 2ªB en su primer curso y participación testimonial en la categoría de bronce de nuestro fútbol) pero seguro que cuando acuda al Ciutat le contará a alguno de sus jugadores alguna anécdota de las que vivió como ‘8’ levantinista.

Quién sabe si, además, les cuenta la primera vez que jugó contra el Valencia como jugador levantinista. Fue en agosto de 1990, en un triangular donde también tomo parte el Hearts escocés y del que se llevó una ‘manita’ ante un Valencia que pasó por encima del Levante de José Martínez y que pudo servir de preludio de lo que fue la temporada en Segunda.

Porque a pesar de ser un habitual en el equipo titular en ese primer año (33 partidos), sólo pudo celebrar sobre el césped dos triunfos: ante el Sestao en la jornada 12 y en la 28 contra el Salamanca ambos en Orriols y por la mínima.

En 2ªB José Martínez le mantuvo en el once y logró su primer gol como azulgrana, el que inició la victoria por 1-2 en Butarque ante el Leganés, pero cuando Toni Aparicio sustituyó a Martínez, le sacó del equipo titular y no fue hasta otro cambió de entrenador (Luis Costa), cuando volvió al disputar más minutos, jugando su último partido como levantinista un 8 de marzo de 1992 ante el filial del Atlético de Madrid que se saldó con derrota.

Tras la irregular temporada en el plano individual, salió del equipo para jugar un par de temporadas en el Elche sin abandonar la categoría. Con los ilicitanos jugó también un par de temporadas pero una grave lesión de rodilla puso fin a su carrera como jugador en 1994. Tres años después comenzó con la de entrenador donde ha alcanzado una notoriedad e hitos que no llegó a lograr como jugador y que en el lado blanquinegro de la capital del Túria esperan que prolongue.

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