Champions League

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Cuando escupir hacia el cielo sale bastante caro

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Roberto Jiménez, actual portero del Olympiakos griego, cedido por el Atlético de Madrid para este curso, es uno de los nombres propios de lo que llevamos de la cuarta jornada de competición en la Champions League. El cancerbero de Fuenlabrada fue un auténtico muro en el partido que su club disputó en tierras helenas ante uno de sus ex equipos, el Benfica. Roberto llevaba mucho tiempo esperando este momento, cumpliendo bien el proverbio, “el que escupe al cielo, le acaba cayendo”, como debieron de pensar en la noche del martes en muchas redacciones de Portugal.

En Lisboa no guardan un gran recuerdo del meta español. Su paso por el conjunto de las Águilas en la campaña 2010/2011, tras realizar una segunda vuelta de escándalo en el Real Zaragoza, siendo uno de los grandes salvadores del equipo maño, dejó más sombras que luces en su carrera. Avalado por Cristiano Ronaldo y Jorge Mendes, su paso por el Benfica no se prolongó más de un año, regresando de vuelta a Zaragoza, donde volvió a demostrar todo aquello que no pudo reflejar en el fútbol portugués. Su categoría.

Hombre clave en los últimos cursos en el conjunto maño, el descenso de estos la pasada campaña le abría las puertas del club que le formó, el Atlético de Madrid, donde volvería a ser cedido en uno de sus múltiples peregrinajes de su carrera. Olympiakos le esperaba. Michel reclamaba a uno de los porteros españoles con mejor currículum de los últimos años, ese que no habían sabido aprovechar en Portugal.

Circunstancias del destino, su vuelta a la Champions le guardaba un particular reencuentro con el Benfica. Ambos equipos habían quedado encuadrados en el mismo grupo, en el C, una oportunidad para la vendetta de Roberto. En Lisboa las cosas no volvieron a salir. El gafe de la portería del estadio Da Luz volvía a cruzarse en su destino. Una mala salida en un córner propiciaría el gol de Oscar Cardozo en el tramo final del choque. El empate a uno. Lo que conllevaría consigo una ristra de portadas en la prensa lusa atizando de nuevo al portero español.

Una retahíla de críticas que parecían dar al traste con el buen arranque de temporada del cancerbero en la Liga griega, donde ya se había ganado una fama por sus grandes actuaciones. Pese a todo, quedaba el partido de vuelta, una auténtica reválida para el de Fuenlabrada, como así fue. Un partido para el recuerdo. Para levantar a los aficionados de sus asientos del Georgios Karaiskakis. Roberto lo sacó todo, un auténtico pulpo bajo los palos. Desesperó a sus ex compañeros, y a las redacciones de todo un país, que ahora debían de arreglar el entuerto de todas sus críticas, como reflejan hoy sus portadas.

Sus compañeros y su míster sabían lo que significaba este partido para el guardameta madrileño. Señalado el pitido final todos corrieron a celebrarlo con él. Era su día. Su particular vendetta estaba cumplida. Su equipo ganaba el duelo contra el conjunto luso por 1-0 con gol de Manolas y con un actuación para el recuerdo de Roberto. El equipo griego daba así un paso de gigante para su clasificación para la siguiente fase.

Esto no es una respuesta, yo no hago caso de lo que se dice, de lo que se habla. Es algo que aprendí hace mucho tiempo. Para mí esto es un premio. Un premio al trabajo, al sacrificio, a la profesionalidad y nada más, hay que seguir en esta línea. No tengo que responder a nadie”, respondía Roberto al término del encuentro. El meta español se ganaba así un puesto de provilegio en el Olimpo de los dioses griegos.

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