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Cuando éramos soldados

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Draymond Green fue el primero en asumir la derrota tras el histórico GAME 7 de 2016. Repartió halagos, reconoció méritos y se fundió en un abrazo sincero con su némesis aquella serie y culpable de su ausencia en el quinto juego de las finales, LeBron James. No hizo falta recordar al número 23 que tenía que dar la cara ante el público, con gusto cogió el micrófono, plantándose delante de la prensa allí congregada. “Like I said, i learned from it, and i’ll be better. But I’m not afraid to say that it’s my fault. I think it was“, declaró a medio camino entre la decepción y la soberbia propia del jugador de élite.

Tocaba ponerse manos a la obra para retocar un equipo histórico. ¿Qué podría faltar a la franquicia que había maravillado durante toda la temporada? 73 victorias en regular season, unos playoffs en el Oeste notables hasta el susto ante Oklahoma y una final perdida en el último minuto (53.1 segundos marcaba el reloj cuando el triple de Irving cayó sin piedad sobre el aro local). En resumen, no había que volverse loco. El bloque era compacto, y la única brecha parecía la mala gestión del cansancio durante la aburrida temporada regular.

Sin embargo, el olor a sangre procedente del Chesapeake Arena llegó a los vigentes subcampeones. Un siete pies cuya morfología y talento sólo podían haber sido concebidos para reinar necesitaba nuevos retos. Kevin Durant vivía inmerso en la duda que marcará su carrera profesional: continuar en los Thunder para ser campeón en casa o dar el salto a una franquicia con más opciones. Sonó Boston, Clippers…pero los que nos dedicamos a esto sabíamos que sólo había dos opciones reales. Firmar un año más con Oklahoma o irse a los Warriors. Mediante una carta en The Players’ Tribune titulada My Next Chapter, Kevin cambiaba de destino. Lejos de debates moralistas y oportunistas, Golden State hacía hueco al segundo mejor talento de la NBA. Para ello, dijeron adiós a Barbosa, Bogut, Speights, Ezeli y Harrison Barnes. Pachulia, West, McGee y Matt Barnes se incorporaron (este último por la lesión de Durant).

Al otro lado del muro, los flamantes campeones recibieron la noticia con asombro, pero una calma merecida tras un anillo balsámico. Un año lleno de dudas y críticas por su irregular rendimiento que encontró la redención definitiva cuando salieron de la tumba para remontar por primera en la historia un 3-1 adverso en las finales. Prácticamente no se movieron durante el verano, tan sólo dejando salir a varios jugadores secundarios bastante estimados en la plantilla pero cuyo nivel parecía insuficiente de cara el reto de revalidar el trono: Dellavedova y Mozgov. Las oficinas de Ohio se movieron bien a mitad de temporada, cuando se hicieron con Deron, Korver, Derrick Williams y los defenestrados Bogut/Sanders.

La NBA se acababa de partir en dos. En cada conferencia había, otra vez, un equipo por encima del resto, amenazando con repetir la misma final por tercer curso seguido, algo inédito en la historia de la liga. Con todo el mundo esperando el duelo final, ese que dirimiera de una vez por todas una rivalidad más propia de otra era, ambos equipos se miraban sin levantar la cabeza. Una disputa sorda, casi muda y despiadada que ha concitado la atención de un planeta al que hacía mucho tiempo que no le interesaba tanto este juego.

Cada uno daba pasos hacía la trilogía a su manera. Warriors no bajaba de la excelencia porque, sencillamente, son el mejor equipo de la historia en fase regular. No saben jugar sin concentración, los traspiés los cuentan con los dedos de una mano y su forma de prepararse para la guerra es combatiendo. Eso sí, vigilando esta vez sus fuerzas. Cleveland, por su parte, caía una y otra vez en viejos vicios del pasado a medida que pasaban los meses. Derrotas absurdas, desconexiones impropias de un equipo con tanto caché y un modo ahorro tan aburrido como preocupante.

Llegó Navidad y la NBA programó el primer duelo de la temporada entre ambos. En uno de los mejores choques del año, Durant comandó a Golden State hasta un +14 recién empezado el último cuarto. Les hizo falta verse en el alambre, de nuevo, para que los Cavaliers sacarán la mejor virtud que tienen, el orgullo. Llevaron el partido al único terreno donde realmente son favoritos, el fango. Un mes más tarde, los de la Bahía sublimaban el juego colectivo para humillar a los campeones. Tablas.

Lejos del nivel exhibido en 2016, Golden State firmaba 67 victorias, las mismas que el año del anillo. LeBron y su tropa acababan segundos tras una racha posterior al All-Star desastrosa, dejando reinar en el Este a Boston Celtics. Con la soga apretando más fuerte que nunca, ambos equipos firmaron unos playoffs espectaculares en sus respectivas conferencias.

Los pupilos de Kerr (ahora comandados por Mike Brown debido a los problemas de espalda de Steve) han accedido a la ronda final firmando un 12-0 histórico. Ningún equipo había comenzado tan bien un playoff desde que la primera ronda es al mejor de 7, ganando 10 de esos 12 partidos por dobles dígitos. Blazers, Jazz y Spurs vieron sus opciones esfumarse tan sólo cuatro partidos después de haber empezado a plantar cara. Pese al enorme asterisco que rodea la final del Oeste contra San Antonio, Golden State es el tercer equipo en los 20 años y 53 series por el título que lleva Popovich dirigiendo a los texanos que le inflige un 4-0. Sólo Lakers en 2011 y Suns en 2010 habían conseguido hacerlo. Todo esto con un diferencial de +18, el mayor en la historia.

LEER MÁSSteve Kerr, en tierra hostil

LeBron, por su parte, ha sacado el billete para su octava final de la NBA, séptima de forma consecutiva, tras un 12-1 nada desdeñable. Cierto es que el Este arrastra una fama de blando que, en cierta medida, hace honor a la verdad. Indiana puso en problemas al campeón, teniendo bola de partido en el GAME 1 y dominando por +25 al descanso del GAME 3. Al final, para nada, pues el barrido llegó de forma inevitable. Los Raptors se volvieron a estrellar contra un LeBron majestuoso, que no dio opción alguna a los canadienses. Esperaba Boston en la serie con más morbo para los campeones. Primero contra segundo. Tras dos palizas en el Garden de manera consecutiva, Boston robó sin Thomas un partido en Ohio, para seguir peleando en el cuarto y quinto pero caer con todos los honores. Brad Stevens ha dado una clase magistral de baloncesto.

Un puñado de equipos y datos estadísticos que han servido de teloneros para la llegada de una trilogía única. Con el debate sobre si es buena o no una rivalidad tan grande, Cavaliers y Warriors se citan desde el 1 de junio en el Oracle Arena a una guerra que, quien sabe, podría ser la última (no tiene pinta).

Un Quijote redimido, un equipo de ensueño, un traidor sin culpa, un tirador de época, un prestidigitador ansioso, un todoterreno bocazas y un guapo encantador. Presentado el elenco actoral, sólo queda disfrutar de una de las mejores finales de la historia. Dentro de unos años podremos recordar con nostalgia estos años de enfrentamientos, legitimando unos duelos que ahora viven inmersos en un debate banal e interesado para desprestigiar a la NBA y, de paso, a los dos protagonistas. La vejez nos hará entender que cuando éramos soldados también fuimos felices.

Claves Warriors

1. Ritmo alto. Someter a Cleveland a un baloncesto de transiciones, un ritmo rápido donde su juego de pases puede hacer estragos en la defensa de los campeones, siempre más efectiva en estático que en recuperación. Cada vez que roben el balón, no deben dudar en correr para anotar puntos gratis. Jugar el extra pass siempre buscando al tirador o finalizar con Durant en contraataque.

2. Sistema para Curry y Durant. Tener a Durant ha abierto una vía de puntos y defensa muy importante, más si cabe cuando está siendo el mejor jugador de Warriors en estos playoffs. A ello se suma el estado de un Curry que parece haber aprendido la lección del año pasado. Con Klay en horas bajas, ajustar a la pizarra al pico de forma de estos dos se antoja fundamental.

3. Green como elemento diferenciador. Mejor reboteador, asistente, taponador y ladrón de Golden State en lo que llevamos de playoffs. Draymond es la pieza clave para traer el anillo a San Francisco. Impondrá su ley en defensa, contagiando de esa garra a los demás. En ataque, siempre peligroso en triple desde la cabecera y en canastas fáciles tras puerta atrás.

Claves Cavaliers

1.Defender o morir. Los Cavaliers ganaron el anillo en dos acciones defensivas, un tapón de LeBron y un milagro de Love sobre Curry. Con la llegada de la postemporada han dejado atrás ese terrible rating defensivo que arrastraban desde el All-Star, volviendo a coger automatismos fundamentales. Si obligan a Warriors a jugar el cinco para cinco, su defensa debería funcionar mucho mejor.

2. LeBron y el factor Love. De una obviedad a otra. LeBron tendrá que jugar como sabe, rozando la perfección. En los mejores playoffs que se le recuerdan en este lustro, el alero tiene que volver a rendir para dar opciones a Cleveland. Por otro lado, la versatilidad de Love debe ser aprovechada para hacer mucho daño. Rebote en ambos lados de la cancha, rango de tiro y capacidad de postear notable. El jugador que no tiene Warriors. Sistemas para él.

3. Aportación banquillo. Si bien es un hecho que se puede aplicar a los dos, Cleveland necesita más puntos de los secundarios. El quinteto titular es bueno, pero inferior al de Golden State, por tanto, todo lo que Korver, Jefferson, Shumpert y Deron traigan en la mochila será bueno. Tienen mejores suplentes que los pupilos de Kerr, a excepción del fantástico Iguodala, pero deberán demostrarlo sobre el parqué.

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