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Cuando el ego institucional ahoga a los clubes

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Álvaro OLEART. Cuando dirigentes, jefes, directores de grandes instituciones, anteponen sus intereses de autoestima por delante del colectivo suelen haber resultados nada positivos para su entorno. Probablemente el poder crea un estímulo que todo apunta al ego, a ese vaso de importancia personal que tantas veces desencadena en recelos, entre otras cosas.

La misma actitud arrogante, egocéntrica y narcisista tienen algunos propietarios de clubes de fútbol. Aquellos que opinan distinto a estos propietarios acaban despedidos. Todo aquel factor que no circule en su misma dirección hará que la mano que mece la cuna tome decisiones, evitando así que las piedras del camino desaparezcan. El resultado, la mayoría de veces, suele ser catastrófico. En Inglaterra esta temporada aparecen dos claros ejemplos.

Fulham y Cardiff son matemáticamente equipos de Championship, tras perder sus respectivos partidos el pasado fin de semana. Teniendo en cuenta que los Cottagers han invertido más de 20 millones de libras esta temporada y los (ex) Bluebirds 35, ¿qué ha ocurrido? El motivo, o uno de ellos, que ha llevado a ambos clubes a la Championship es la incompetencia de sus dirigentes, Shahid Khan y Vincent Tan.

Cuando Mohamed Al-Fayed vendió el Fulham al billonario pakistaní-estadounidense Shahid Khan en julio de 2013, se olían los problemas. Como todo propietario absolutista, quiso dejar rápido su estampa. En diciembre de 2013 despidió a Martin Jol, y lo sustituyó por Rene Meulensteen. En febrero de 2014, Meulensteen fue despedido y reemplazado por Felix Magath. En casi tres meses, tres técnicos direrentes. Confirmado el descenso, los rumores de que Felix Magath no dirigirá al Fulham la próxima campaña empezarán en breve. Tres técnicos en una misma temporada son demasiados, o excesivos. Los jugadores del Fulham han dejado de saber cómo se llama su entrenador, lo cual suele ser un problema comunicativo grave. La consecuencia ha sido el descenso.

En la capital galesa ha ocurrido algo parecido, similar. Al propietario malasio del Cardiff City, Vincent Tan, desde 2010 no se le ocurrió nada mejor que cambiar los colores de los Bluebirds (como eran conocidos los jugadores del Cardiff). Ahora su uniforme ya no es azul, sino rojo. Nada tiene que ver con la ideología del club. El cambio en el color de las camisetas no es lo peor. El Cardiff contaba con uno de los mejores entrenadores británicos, como era Malky Mackay, y uno de los mejores directores de fútbol y jefe de reclutamiento (Iain Moody), antes de que Tan decidiera que había que despedirlos.

Cuando uno despide a la persona encargada de despedir y contratar dentro de un club, es síntoma evidente de que algo va mal, o va a empeorar a corto-medio plazo. Al experimentado Moody, Tan lo sustituyó por el amigo kazajo de su hijo, un chaval de 23 años llamado Alisher Apsalyamov. Moody fichó por el Crystal Palace, equipo que en parte gracias a él ha finalizado la temporada en mitad de tabla. Por su lado, Tan sustituyó a Malky Mackay por Ole Gunnar Solskjaer, un técnico sin experiencia alguna en la Premier League. Lógicamente, el Cardiff tenía muchas papeletas para ser uno de los equipos descendidos.

Lo más grave de tales decisiones es la desfachatez con la que se han llevado a cabo tales medidas. Hubo protestas en contra del despido de Mackay y del cambio de colores del Cardiff, pero Tan hizo oídos sordos. Los aficionados no importaban, ya que su visión de propietario, de empresario, alejada del fútbol real, le hacía ignorar la gravedad de la situación. Ninguno de estos propietarios se ha molestado siquiera en tener la cortesía de preguntar a los aficionados de sus clubes qué creen que es lo mejor para el futuro de Fulham y Cardiff.

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