Se habla de:

Motociclismo

article title

Cualquier tiempo pasado fue distinto

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Ha pasado más de una década desde que las motos con motores de dos tiempos y 500 centímetros cúbicos desaparecieron de las parrillas del Mundial de motociclismo, dando origen a la nueva categoría: MotoGP.

Sin embargo, los nostálgicos aparecen con extraordinaria periodicidad, hasta el punto de que no pasa un solo día sin algún comentario sobre el perjuicio que la implantación de la electrónica ha producido en el espectáculo.

Con “las carreras ya no son lo que eran” como un mantra casi invariable, evocan los tiempos de Wayne Rainey y Kevin Schwantz; la llegada de Kenny Roberts y el estilo ‘dirt track’ ahora; incluso la época en la que Giacomo Agostini y Mike Hailwood se jugaban la vida en cada recoveco de aquellas trampas mortales llamadas circuitos urbanos.

Y sí, la mayoría de sus argumentos son válidos. En las dos últimas décadas, Dorna ha trabajado con la seguridad de los pilotos y espectadores como eje prioritario, y los resultados les avalan: las tragedias se han reducido al mínimo, y las dos más recientes (Shoya Tomizawa y Marco Simoncelli) pueden achacarse exclusivamente a la mala suerte.

Para ello se ha perdido espectacularidad o, mejor dicho, se ha perdido incertidumbre. Las máquinas son mucho más fiables, los neumáticos permiten inclinaciones esperpénticas y la electrónica permite enderezar la moto cuando la caída parece insalvable. Las motos ya no tiran al piloto al suelo sin venir a cuento.

Se ha perdido la magia del ‘amateurismo’, es indiscutible. Los pilotos han pasado a formar parte de un engranaje multimillonario en el que intervienen numerosas industrias, y han desaparecido aquellos ‘colgados’ que se cruzaban Europa en una furgoneta para intentar clasificarse para la carrera del domingo con una moto preparada en el taller del barrio.

Tampoco hay apuradas de frenada imposibles. Sí, se han perdido muchas cosas. También se han ganado otras. Y algunas siguen siendo como siempre.

 

No todos los argumentos de los nostálgicos son ciertos. Durante los últimos años –quizás a excepción de los dos últimos- hubo una especie de acuerdo tácito entre los aficionados de etiquetar las carreras de MotoGP como aburridas, cuando Jorge Lorenzo o Casey Stoner (también Marc Márquez lo ha hecho alguna vez) ponían tierra de por medio desde la primera vuelta hasta acabar cruzando la línea de meta en solitario.

Curiosamente, los mismos que critican el aburrimiento que tal dominio les produce suelen ser los mismos que comparan este tipo de victorias con dos mitos del pasado. “Ha ganado a lo Rainey”, sentencian algunos. “Ha hecho una carrera al estilo Mick Doohan”, convienen otros.

La pregunta es obligada, como diría aquel: Si Lorenzo, Stoner o Márquez ganan en solitario es aburrido, pero cuando lo hacían Doohan o Rainey, ¿no lo era?

Pues ni una cosa ni otra. El error de polarizar toda opinión entre el blanco y el negro nos priva de una magnífica gama de grises. Ya el mítico Agostini vivió una época donde su MV Agusta era tan superior al resto de motos que, básicamente, para ganar le bastaba con no caerse.

Por supuesto que a todos nos encantaría, pero no hay ninguna fórmula que asegure que todas las carreras puedan decidirse en la última vuelta. Y lo hemos vivido los últimos años.

En 2010 nació Moto2, que pronto se convertiría en la categoría más emocionante por la inmensa igualdad mecánica entre toda la parrilla. Un lustro después, ha sido con diferencia la categoría más aburrida.

Por el contrario, en 2014 fue Moto3 la que puso a prueba el buen funcionamiento cardiológico de los aficionados. Y, sólo un año antes, KTM había alcanzado una superioridad tal que solamente cuatro pilotos tenían opciones reales de victoria, una carrera tras otra.

No seamos hipócritas. Ningún reglamento puede asegurar la emoción, hay demasiadas variables que escapan al control del organizador. Y en MotoGP es aún más difícil, por los intereses de las grandes marcas, con Honda a la cabeza.

Se está trabajando bien. De momento sólo Yamaha discute la superioridad del ala dorada, pero Ducati se acerca; Suzuki y Aprilia están de vuelta gracias a los incentivos ofrecidos a los constructores que se incorporan al campeonato; KTM se apuntará a la fiesta pronto y Kawasaki y BMW podrían ser los siguientes.

Esto no asegura el espectáculo, pero sí la diversidad. Nadie puede garantizar que no aparecerá el Marc Márquez de turno para hacer aburrida una carrera. Nadie puede establecer límites al talento de un piloto. De igual forma que no es incompatible disfrutar de una carrera de MotoGP actual con emocionarse con el visionado de antiguas carreras de 500cc.

Cualquier tiempo pasado no fue ni mejor peor ni peor. Fue, simplemente distinto. Y, mientras no seamos capaces de verlo así, la nostalgia del pasado nos impedirá disfrutar del presente.

 

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados