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Cristiano y el cambio mediático

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En este fútbol moderno que abarca tanto Marketing parece que ya nada puede ser normal. Todo lo común en el juego del fútbol puede perder parte de su lógica. Y motivo de ello es el disfraz que han colocado ante todo lo que parte de las estrellas del espectáculo. Por suerte, sigue existiendo el fútbol detrás de esos atuendos y máscaras que le otorgan la importancia mediática.

Minuto ‘71 en el estadio de Gran Canaria. Tras la línea de banda se anuncia un cambio, que no deja indiferente a nadie. El siete es el elegido para darle paso a Lucas Vázquez. Las cámaras no tiemblan ni un segundo. Firmes, siguiendo el recorrido del portugués abandonando el terreno de juego. Captando su incredulidad, su choque de manos forzado y buscado por el entrenador, su enfado y su famoso “foda-se”, añadido a otras palabras insultantes. Cristiano Ronaldo es TT. Las teclas se hunden a altas velocidades para formular las preguntas estrella de la rueda de prensa, bolígrafos para los que siguen con clásicas herramientas, y portadas y titulares en marcha.

Todo sucede en un periodo de tiempo corto, pero suficiente para ser transcendental. Tanto como para que esa sustitución alimente la atracción y recaude más consideración que lo que pudo aportar Lucas, y por encima del propio resultado y del digno logro convertido en empate por parte de la Unión Deportiva. Un equipo que en su segunda temporada en Primera, tras su ascenso, se encuentra rozando las posiciones de Europa League, y sigue maravillando con un estilo que refleja ese feeling incuestionable que concede mimos al balón.

Tanta repercusión que, tras el tanto de Araujo en el ‘85, algunos se atrevieron a cuestionar al DT francés, achacando que el luso no se encontraba en el campo para poder revertir el marcador. Sin hacer reflexión alguna a los 70 minutos que no atinó en diana.

Es una determinación técnica que, tras los minutos que proceden al gol que vaticina la victoria blanca, decide retirar uno de los cuatro delanteros que se encuentran entre los once. Un cambio, sin más. Pero no lo es para un jugador competitivo y con el ego de la lucha por ser el mejor del mundo. Ni tampoco lo es para todo lo que arrastra.
Probablemente palpe en ello frustración y humillación. Cristiano posee esa ambición constante de ganar y ser protagonista de las victorias. Su propia exigencia no le permite estar sin contacto con el verde.

Aunque a la tripleta se le haya encasillado con la famosa e intocable BBC, por cuestión de nombres propios y millones, parece que Benzema es el primer sacrificado. Y tiene mucha sombra. En cambio, Karim parece estar hecho de otra pasta. Por lo menos de cara a la galería parece aceptar esos relevos y suplencias. Quizás muchos no proyecten en esos momentos que Benzema ha marcado a todos los equipos de La Liga contra los que ha jugado, ni que sus estadísticas de goles por minuto son superiores en muchas ocasiones.

Como muchos otros que deben aceptar, digerir y convivir con el rol del banquillo a la espera de una oportunidad. Talentos adormecidos observando las filigranas de los titulares indiscutibles, que nunca van a ser reemplazados por ser meros astros. La capacidad y la diversidad de carácter definen que cada jugador tenga un comportamiento distinto ante lo que deben acatar. Y a veces parece que los jugadores han de ser educados de distintas formas, según su nivel de galáctico, cuando el fútbol es un deporte colectivo.

De ese mismo modo, Zidane aparenta que debe excusar sus decisiones. Como si no fuera natural ejecutar un cambio. Bajo aquella elegancia y toques de timidez que siempre le han definido, articula el motivo con ese español cargado de acento francés, alegando al partido de Champions League. Cabe recordar que el Borussia Dortmund espera al Real Madrid en el Signal Iduna Park. Ese templo que viste espectaculares tifos y se transforma en una olla a presión. El escenario de la pesadilla que causó Lewandowski, y que privó al Real Madrid de la final en Wembley. Además, el conjunto alemán está en plena forma, acechando al Bayern en la clasificación y reflejando goleadas en sus números. Mientras, los blancos siguen generando dudas con su juego y con esos puntos perdidos que manifiestan que tienen el amarillo atragantado.

Y aunque la finalidad de ofrecer descanso para el partido de Champions es una razón indiscutible, también es obvio que Cristiano no se encuentra en su mejor momento. La lesión y la falta de una pretemporada son testimonios de encontrarse todavía en la puesta a punto para encontrar esa versión que todos conocemos. Los posibles argumentos son indicadores de que Zidane quiere cuidar a su jugador. Y por qué no, quizás también mostrarle al portugués que todavía le quedan unos kilómetros para radicarse de nuevo en la cúspide. Y que, con sus debidos descansos y progresos, alejado de la ansiedad que le caracteriza, volverá otra vez a lo más alto.

Entonces, hagámonos algunas interrogaciones. Partiendo de que a ningún jugador le gusta ser cambiado y de la profesionalidad que deben mostrar a las pantallas: ¿Exigencia o arrogancia? ¿Mal comportamiento o espontaneidad de un jugador? ¿Mala imagen o transparencia emocional?

A veces, el impulso de las actitudes de Ronaldo sacrifican el potencial de sus virtudes. Pero éstas son inteligentes y sublimes, y en muchas ocasiones, llegan en el momento preciso. Sus nuevas apariciones apagan fuegos. Ese goleador innato, su mágica suspensión en el aire para rematar de cabeza o el portento físico que deslumbra en las contras. Así se genera esa liza que concentra detractores y alabadores. La parte del fútbol que reparte palomitas, abucheos y ovaciones de defensa.

Cristiano se toma todo como una carrera. Es indudable que este episodio le habrá generado más pretensión por firmar un partido y ser el galán del guión y su sinopsis. Y está claro que, a priori, dispone de 90 minutos en Dortmund.

Es sólo un cambio, pero Cristiano hace que sea mucho más que eso. Los medios de comunicación y la afición lo acrecientan. Pues sí, Cristiano puede no estar al 100%. Él mismo debe permitírselo porque es meramente arduo estar siempre al máximo nivel. Y tiene que sentir esa escucha propia a pesar de que los medios y la afición puedan no aprobarlo. Apreciar que Zizou, mago entre los magos, sólo quiere mimarle y que es el valiente hombre capaz de acomodarle en la silla del banquillo, por su propio bien y el del equipo. Al fin y al cabo, la lógica del trabajo de un entrenador.

Cristiano, sólo fueron 20 minutos. Es sólo un cambio.

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