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Cristiano Ronaldo reclama el oro con otra exhibición

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El Real Madrid consiguió ante el Celta su 18 victorias en Liga. Solo el Barça de Rijkaard tenía en su haber esa cifra. Por aquel entonces ya estaba Messi, la superestrella vecina. Ahora es Cristiano quien dirige la apisonadora del Madrid. Una maquinaria precisa, bien calculada. Carlsen, el ajedrezista escandinavo, nos dio algunas pistas. Todo se mueve en el tablero donde el Madrid quiere o necesita. Cristiano Ronaldo es el rey, el último en fusilar rivales, y alrededor tiene peones engalonados. Al final el resultado siempre es parecido: Cristiano se carga a quien tenga enfrente.

Incluso cuando el Madrid ha perdido la belleza grupal de otros partidos. La lesión de Modric le ha quitado sal al juego del Madrid, pero el equipo aún mantiene el sabor. Hoy, además, no estaba Isco. Fue la oportunidad para Illarra. El vasco dejó buenas sensaciones, que coincidieron con un partido en ocasiones gris de Kroos. Eso significa que dos controles se le escaparon. Imaginen dónde estaba el nivel. Aun así, sirvió para dominar el partido, no siempre la posesión, y sumar una victoria más.

La entidad del rival añade intensidad a la proeza. El Celta venía con la etiqueta de “matagigantes”; ganó en el Camp Nou y empató frente al Atleti. La etiqueta no es circunstancial, únicamente señala una realidad: el equipo gallego tiene garra y calidad en ataque pero se diluye en defensa. Les dignifica su intención por elaborar fútbol, por disputarle el protagonismo al rival. Presentarse así en el Bernabéu se convierte por momentos en un acto valorado, el orgullo de ver al pequeño lanzar puños contra el grande, pero suele acabar ahí. Retar al Madrid a ver quién es más alto, más rápido y más fuerte es una temeridad. Y las temeridades se pagan.

Otro asunto es Cristiano Ronaldo. Los goles se le caen de los bolsillos y los periódicos franceses se apuntan el nombre para próximas galas. Sus cifras son descomunales, casi desproporcionados. Cuesta inventar un calificativo que no se haya usado ya. Es difícil transmitir por palabras la grandeza de su figura. A veces el diccionario se queda corto para estas tareas. Quizás lo mejor sea dejar que los datos hablen: 23 goles en 14 partidos. Elijan ustedes el eslogan.

El resto fue, más o menos, lo natural. Hemos visto en otras ocasiones la misma escena: el rival tiene orgullo pero la falta pólvora. Y la falta de pólvora se agrava cuando los árbitros no favorecen. Undiano Mallenco le señaló el penalti a Jonny por intuición. Cristiano se internó en el área y el jugador del Celta intentó darle al gol casi seguro un toque más sensual, la caricia antes del fusilamiento. Cuando el portugués se dejó caer, a Undiano le pareció lo que a muchos: Cristiano no desaprovecha una ocasión así. Ha debido de ser penalti. No lo fue, pero el Madrid marcó. El segundo gol vino precedido de un robo de Arbeloa, que tuvo que salir al campo por la lesión en el gemelo de James, y Cristiano rompió un balón rocambolesco que le cayó franco para el golpeo. Ya con el Celta asimilando que su paso por el Bernabéu sería, como tantos otros, testimonial, llegó el hat-trick de Cristiano. Insisto, 23 goles. Un solo jugador. 

El Madrid sigue avanzando por donde pasa a ritmo de récord. Aunque todo es mucho más fácil teniendo de amigo a Cristiano Ronaldo, el Madrid parece hoy la máquina más fiable del mercado. El ensamblaje de Ancelotti es meritorio, cada pieza que falta se reemplaza por otra de igual o mejor nivel. Es el equipo compacto, el todos a una. Y luego Cristiano, claro, pero para eso hacen falta muchos más adjetivos. Adjetivos que aún están por inventar.

 

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