Motociclismo

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¿Cree realmente Yamaha en Maverick Viñales?

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En el Mundial de la montaña rusa, de los altibajos y de las predicciones a ciegas sobre los neumáticos, un nombre es el que más subidas y bajadas ha tenido, el de Maverick Viñales. El hombre que volaba en pretemporada, que ganó tres de las cinco primeras carreras del año, parece ahora desahuciado en la pelea por la corona. Todo ello, parece ser, por unas decisiones poco entendibles en el seno del equipo Yamaha.

La marca de los cuatro diapasones contrató al joven piloto catalán como sustituto de su tricampeón Lorenzo, que ponía rumbo a Ducati. Era la apuesta lógica, asegurándose de esta forma un brillante presente, con Viñales y Rossi con garantías de título desde el primer momento, y con un prometedor futuro, por los 22 años del de Roses, catalogado por muchos como ‘el anti-Márquez’. Además, la base de la escudería era prácticamente perfecta, considerada por muchos como la moto más completa de la parrilla, campeona en 2015, y sólo dejando escapar el título en 2016 por diversos errores de sus pilotos.

Viñales llegaba con la vitola del futuro campeón tras una espectacular temporada en Suzuki, finalizando el año en cuarta plaza, con una fantástica victoria en el circuito británico de Silverstone. Había conseguido ser veloz con una moto con apenas dos años de vida y en un equipo históricamente perdedor, que no ganaba una carrera de MotoGP en seco desde hacía más de 15 años. Por eso era el fichaje que necesitaba Yamaha para ocupar el vacío que dejaba Lorenzo.

Pero Viñales podría encontrarse con el mismo problema que generó la salida del balear de la escudería japonesa: Rossi. El italiano, que sigue persiguiendo desde hace varios años su décimo campeonato del mundo, es el santo y seña del equipo. Es el hombre que les devolvió a la élite en 2004, cuando acumulaban doce años sin saborear las mieles del título. Por ello, y por muchas cosas más, Valentino tiene ganado a una gran parte de la cúpula de Yamaha, que ven en un hipotético éxito del 46 un excelente negocio de ‘marketing’.

Y desde el invierno se comprobó que Rossi no estaba al nivel de los dos últimos años. Sus tandas largas en los tests de pretemporada le generaban un cansancio inusual en él, aunque ciertamente comprensible en un piloto de ya 38 años. Mientras Rossi sufría para entrar entre los diez primeros en las pruebas invernales, con los dos pilotos satélites, Folger y Zarco, compitiéndole de tú a tú, el joven Viñales volaba con una moto que iba sobre raíles.

Así comenzó la temporada, con Viñales arrasando en Qatar y Argentina, y ganando el primer duelo cara a cara con Rossi en la quinta cita del curso, en Francia. Acabado el primer tercio del año, el catalán tenía ya una ventaja de más de una carrera sobre el segundo (+26 sobre Dovizioso tras el GP de Italia), con Rossi a 30 puntos y las Honda de Márquez y Pedrosa a 37. Todo indicaba que Viñales era el elegido para ocupar el trono de MotoGP, pero fue entonces cuando comenzó su calvario.

Tras la carrera de Catalunya, en la que los pilotos de Yamaha acabaron noveno y décimo, el equipo dirigido por Lin Jarvis decidió tomar un cambio de rumbo: nuevo chasis, para intentar eliminar los problemas que les habían perjudicado tanto en Jerez como en Montmeló. Mientras que el español acachaba los problemas a los neumáticos que traía Michelin, Rossi señalaba que todo residía en la moto, “inconducible” desde que la probara a mediados de noviembre en Cheste.

Así pues, y tras ser probado en los tests de Barcelona, Yamaha estrenó chasis en Assen. Y, curiosamente, allí ganó Rossi, con Viñales por los suelos en un fin de semana para olvidar. “El nuevo chasis no me funciona igual que a Valentino porque mi estilo es completamente distinto. La moto nueva en Assen tenía mucha potencia pero no era la mejor para mi estilo de pilotaje. El chasis de principios de temporada me daba más confianza. Pero al final te tienes que adaptar”, comentaba Maverick tras la cita de Holanda, donde perdió el liderato del Mundial.

Desde esa carrera, Rossi ha vuelto a mostrar una versión apática, la misma que en pretemporada, incapaz de sumar podios desde entonces, y fallando, como en Brno, en las decisiones estratégicas. Viñales le ha superado, por la mínima, en esas tres citas -4º en Alemania, 3º en la República Checa y 6º en Austria-, pero dejándose muchos puntos ante Márquez, gran favorito al título. Por ello, Viñales reclama más poder y establecer el chasis que llevó a Yamaha, y a él en concreto, a ganar tres carreras al inicio del año: “Quizás, deberíamos dejar de cambiar de chasis”, aseguró tras la decepcionante carrera en el Red Bull Ring.

Con Maverick a 24 puntos y Valentino a 33 del liderato, Yamaha tiene que tomar una decisión para dejar de ceder puntos ante las Honda. Llegan dos carreras, a priori, favorables para Yamaha y no pueden desaprovechar sus ocasiones en circuitos históricamente ganadores como Silverstone o Misano. En el equipo japonés comienzan a tener miedo de que, por segundo año consecutivo, se les escape el título teniendo la mejor moto de la parrilla. O al menos, la mejor base el comienzo de la temporada.

Ahora Lin Jarvis tiene que decidir si comenzar a apostar con todo a Viñales, dándole el chasis que quiere y con esperanzas de que remonte esos 24 puntos de desventaja con Márquez, o seguir otorgándole a Rossi, su piloto franquicia en la última década, lo que quiere, aún a sabiendas de que no está teniendo la mejor de sus temporadas. Yamaha se encuentra entre la espada y la pared, con el tiempo corriendo en su contra, y teniendo que elegir una carta para ganar el Mundial.

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