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Craig Sager, héroe sin balón

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“Les pregunté a los médicos qué opciones tenía, cuánto iba a vivir, cuánto me quedaba, si había cura… Me dijeron que cada persona es totalmente diferente, que con la leucemia no se podía establecer un patrón. Entonces les dije que sabía todo eso pero que tenían que decirme cuánto tiempo me quedaba realmente, y me contestaron que lo normal era que de tres a seis meses. Quiero ser el primero que venza esas estadísticas. Les dije que iba a hacer historia en medicina, que me quedaba mucho por hacer y que yo sería ese tipo que viviría cinco años”. Craig Sager, en ‘Real Sports’, programa de la HBO (marzo de 2016).

La historia de Craig Sager es la de un guerrero que no se da jamás por vencido. Es ese gladiador que sale al circo romano sabiendo que puede ser su última actuación en el Coliseo, pero que se niega a claudicar; que mira directamente a los ojos de las fieras, o a sus enemigos y les dice: “aquí estoy, en inferioridad, con todas las de perder; pero sigo en pie y no me voy a arrodillar, no voy a daros ese gusto. Acabar conmigo no va a ser empresa fácil, porque yo voy a pelear hasta mi último aliento. Porque soy un luchador. Y porque rendirme no entra en mis planes”.

Lo hemos visto tantas veces en televisión que parece casi de la familia. Sus chaquetas de colores y sus entrevistas a los entrenadores a pie de pista se hicieron famosas en el mundo entero. Nos caía genial este tipo y no sabíamos muy bien por qué. Extravagante y casi siempre sonriente. Igual adivinábamos que era feliz desempeñando su labor, trabajando en lo que le gusta. Un sabio dijo una vez “dedícate a lo que te gusta y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”. Creo que la vida laboral de Sager sigue a estrenar. Pienso firmemente que ha conseguido el propósito que tantos ansiamos. Y me alegro por ello.

El maldito cáncer, ese hijo de puta sin forma definida, como lo describía Borja Pardo aquel día que Johan Cruyff, el mito, nos abandonaba. Ese cabrón llamado cáncer. A Craig Sager le detectaron una  leucemia mielocítica aguda que le hizo perderse los playoffs de 2014 y casi toda la temporada siguiente. Empezaba una batalla que le llevaría 11 meses. Su hijo se ofrecería como donante de médula ósea y el 5 de marzo de 2015 el United Center de Chicago daría la bienvenida de nuevo al reportero más querido de la competición. Sager volvía al colegio, como él mismo diría entonces, con 25 kilos menos y ropa nueva porque su anterior fondo de armario había quedado inservible. Ese día se permitió un lujo; dejó la objetividad de lado y confesó su amor por un equipo, aunque su vestimenta ya había hablado por él: “Tengo mucho amor por mis Chicago Bulls. Normalmente no muestras mucho favoritismo por uno u otro equipo, pero ya que Chicago significa tanto para mí y estar de vuelta aquí, he tenido que mostrar mi cariño a los Bulls y a Chicago”. En el videomarcador del pabellón, su homenaje. Y en las gradas, la gente de pie.

Ese día las palabras de Sager no pudieron ser más esperanzadoras: “Nunca he tenido un mal día mentalmente, nunca. Fui siempre muy optimista, positivo, creí en mis doctores. Algunos días fueron peores que otro físicamente, pero siempre sentí que si hacía lo que me decían estaría bien. Ha tomado más tiempo del que pensé, porque tuve una infección muy grande y acabé con neumonía y cuando combinas neumonía con leucemia la gente empieza a hablar de probabilidad de muerte. No presté ninguna atención a eso. A lo mejor fui un poco ingenuo, pero no quería pensar en cosas negativas. Solo dije, ‘quiero volver’”. Sonaba a victoria.

Pero ese trastorno malnacido siempre busca contraatacar. Poco después, la recaída. Una que le privaría de seguir lo que restaba de la temporada 14/15. Y Sager, fuerte otra vez. Un segundo trasplante de células madre para poner contra las cuerdas a la enfermedad. Esta vez parecía que el objetivo se había logrado, que Sager dejaba atrás a esa puñetera dolencia. De modo que legaría al principio de la 15/16, y lo haría además para lograr algo que está al alcance de muy pocos, hacer sonreír a Gregg Popovich, quien una vez más, fue sincero con Craig. Ambos dejarían una entrevista para la historia:

Popovich: ¿Estamos en el aire?

Sager: Sí, lo estamos.

Popovich: Honestamente, he de decirte que esta es la primera vez que disfruto haciendo esta ridícula entrevista que nos obligan a hacer. Y eso es porque estás aquí. ¡Bienvenido de vuelta!

Sager: Bueno, muchas gracias. Pase muchos meses tirado en la cama del hospital esperando hacer esto de nuevo.

Popovich: Ahora hazme un par de preguntas estúpidas.

Sager: OK. Con solo cuatro minutos de cuarto sentaste a tu quinteto titular al completo. ¿Fue porque es vuestro segundo partido en dos noches o por cómo jugaron?

Popovich: Estaban jugando como la mierda, así que saqué gente diferente. Tú hubieras hecho lo mismo.

Sager: Estáis tirando por debajo del 35% en tiros de campo. ¿Estás contento con la selección de tiro?

Popovich: ¿Contento? ¿Que si estoy contento?

Sager: Creo que había oído esa respuesta antes. Me alegro de verte otra vez.

Popovich: Yo también, tío. Te quiero.

Desgraciadamente, las cosas no salieron como nos hubiera gustado a todos y en marzo de este año anunciaba que su enfermedad ya no estaba en remisión. Sin embargo, desde entonces se ha puesto manos a la obra con más fuerza que nunca en su guerra contra la leucemia. Portada de Sports Illustrated en Mayo, premio ‘Jimmy V’ a la perseverancia dentro de la gala de los premios anuales ESPY y un sueño cumplido: cubrir por fin un partido de las finales. En un gesto precioso, ESPN, cadena que tiene los derechos, ofrecería a Sager (TNT) ser parte del equipo que estaría en el Game 6, en Cleveland. Tras 34 años de trayectoria, en el evento más importante del año. Otra meta alcanzada.

Craig Sager ha cumplido 65 años este 29 de junio. Con la vista puesta en los Juegos Olímpicos de Río, tiene aún mucho por delante. Como él mismo dice: “Todavía estoy pateando, todavía luchando. No he ganado la batalla. Esto no ha terminado todavía. Pero no he perdido tampoco. Ha habido algunas victorias y reveses, pero todavía tengo que luchar. Hay una gran cantidad de trabajo por hacer”Sager es un ejemplo de superación, de lucha, de coraje. Un tipo valiente que trata deja claro que en ocasiones la ilusión es más fuerte que cualquier enfermedad. Que, aunque no logres vencerla, sí puede elegir cómo afrontarla. Manteniendo una dignidad absoluta, permaneciendo alegre. Craig Sager nos está enseñando algo a todos: si te lo propones, si luchas, si no te rindes, a veces los sueños se hacen realidad.

Ojalá sigas con nosotros mucho tiempo, Craig.

#SagerStrong

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