Ciclismo

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Contador, el enemigo del sofá

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Habían pasado cinco minutos desde que Contador había alcanzado en solitario la cima del Angliru cuando sonó el teléfono. Era el tío de mi chica. El tío Kiko, a sus 80 años, transmitía la emoción de un juvenil: “¿Has visto la etapa? Era imposible no levantarse del sofá”

Claro que había visto y vibrado con la última gran función de Alberto. Como hace diez años, cuando en el Tour del 2007, inauguró su palmarés de grandes vueltas con tan sólo 24 años. Era imposible no soñar con tener un ciclista para marcar una época.

El Tour del 2010, el del solomillo y el clembuterol, frenó su ascensión. Aquel episodio le restó un Tour (llevaba tres en cuatro años, y porque no dejaron correr a su equipo en 2008) y credibilidad para muchos aficionados, que nunca más volvieron a verlo igual. Yo no sé si Contador se dopó o si su versión es real. Pero sí conozco el sufrimiento por el que pasó. Cuando en mitad de la sanción, la RFEC le absolvió (luego el TAS acabó ratificando la sanción de dos años), pude entrevistarle ese mismo día y no estaba contento, a pesar de que se iba directo a la Vuelta al Algarve para volver a competir al día siguiente. El pinteño estaba herido, desgastado, ni siquiera aliviado. Se dejó muchas energías en aquellos meses.

Por eso me sorprendió que ganara la Vuelta a España del 2012. No mostraba la superioridad anterior a la sanción, pero conquistó esa carrera gracias a su voluntad, a su querer es poder, inscribiendo el nombre de Fuente Dé en el libro de ruta de las grandes victorias, tras un ataque a más de 50 kilómetros de meta.

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No volvió a ser el mejor en el Tour, pero pudo sumarse otra Vuelta y otro Giro. Su palmarés es de ciclista de leyenda, pero lo que realmente quedará de él es su manera de correr. En un ciclismo de bloque y ataques en el último kilómetro, Contador ha sido un rebelde. Lo que realmente engancha del ciclismo son las montañas. Los mitos de este deporte nacen en las cuestas, a la salida de una curva que aumenta el desnivel anterior. Y desde el pasado domingo hemos perdido al que más aceleraba en los terrenos de la cámara lenta, al que nos levantaba del sofá por no rendirse nunca. Nadie podrá recriminarle que se guardó algún ataque. Y ése es su gran legado.

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