Se habla de:

Europa League

article title

Competitividad limitada: una constante viola

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

La Fiorentina salió escaldada del Sánchez Pizjuán destilando, una vez más, una preocupante y extendida falta de empaque que ha terminado siendo decisiva. Un lastre inasumible en unas semifinales europeas que se hace todavía más evidente fuera de casa y ante el actual campeón del torneo. La diferencia de competitividad con el Sevilla fue una roca gigantesca que pendió sobre las espaldas de los jugadores viola durante todo el partido. Una diferencia insalvable pese al amago claramente insuficiente por parte de Montella quien, de inicio, trató de otorgar a los suyos una consistencia mayor que la habitual para evitar que el implacable, bien cerrado y veloz conjunto hispalense les pasase por encima. No sólo no bastó si no que precipitó todavía más la rotundidad de la derrota.

La adaptación incompleta de los italianos sólo se produjo en la parte de atrás, donde la Fiorentina trataba de estar más junta, temerosa de conceder espacios jugosos para que la velocidad vertiginosa de los de Emery los exprimiese. Sin embargo, los de Montella acabaron por tirar la línea prácticamente delante de los ojos de Neto con demasiada frecuencia. La falta de aptitudes trabajadas en el día a día por parte de una defensa nada acostumbrada a cerrar con entusiasmo y efectividad su área fue el segundo condimento del descalabro de la squadra toscana, que acabó siendo empujada hasta su propia línea de gol por la fortaleza vigorosa de un Sevilla lanzado por Vitolo y Aleix Vidal. Un Sevilla que ya venía acoplado al juego florentino de serie y que, para colmo, es adicto a una competición que venera tanto como lo hace la propia Europa League con los andaluces. Puro amor. Pura pasión.

Pasión. El tercer elemento diferenciador con el que el Sevilla pasó por encima de la Fiorentina. Después llegaría todo lo demás. Absolutamente todo. M’Bia y un excelso Krychowiak se comieron a los mediocentros de toque habitual de Montella. Borja Valero y Mati Fernández fueron un simple, pequeño e insulso postre de diseño para los dos “pulpos” sevillistas y acabaron persiguiendo sombras, fundidos en lo físico, blandos hasta ser transparentes hacia atrás y finalmente ofuscados con el balón en los pies tras chocar contra la pared adversaria y acabar entonces soltando pases horizontales y ralentizando cuando había que acelerar.

 

La analogía es clara. Precisamente el corte de jugadores que caracterizan al polaco y al senegalés es el estilo de una de las piezas que a Montella le falta por encontrar, o por querer encontrar e implementar, para así empezar a cincelar el carácter ganador de los suyos. Una Fiorentina que suma sólo cuatro victorias en los últimos trece partidos, que ha dejado de lado hasta casi mutilar su versión más enérgica y vertical del año, aquella que vimos cuando Salah estaba recién aterrizado en Florencia, en la que el técnico napolitano potenciaba sobre el campo la letalidad del egipcio en carrera, su gran conducción, su dinamización contagiosa, su desborde y su capacidad de asociación en plena aceleración. Lujos demasiado apetecibles como para despreciarlos sin más ni más.

En un sentido puramente táctico, es imposible, impensable, que los de Florencia se imaginen siquiera un atisbo de remontada en un partido de vuelta que supone por pura lógica, un escenario, si cabe, todavía más propicio para un Sevilla que enfrentará de buena gana a una Fiorentina constreñida a tener la pelota y a buscar como una aguja en un pajar un hueco en la férrea defensa andaluza. Con un simple pase bien dado desde campo propio a la espalda de los sobones centrocampistas de Montella, el Sevilla creará una oportunidad de peligro casi cada vez que logre cruzar la medular cual lobo agazapado y preparado de manera casi innata para lanzar el zarpazo en cuanto tenga la más mínima ocasión.

Es cierto. La Fiorentina genera, crea, llega pero el fallo mismo de ocasiones merma el porcentaje de efectividad de las siguientes como en un bucle sin fin. Una tara tan profunda como un pozo sin fondo del que no hay evidentemente un solo pero de la que Mario Gómez debería ser capaz de corregir en buena parte. Sin embargo, no es únicamente la escasa puntería cara a puerta lo que está mermando a la Fiorentina. La Viola tiene una deuda tremenda de cattiveria, de agonismo, de quite y de presencia física en el centro del campo, de encaje, de mordiente defensiva y ofensiva, de calor. Montella es un representante del juego de posesión pero no es ni mucho menos un talibán del toque, como así ha demostrado durante varias fases de esta misma temporada. Y tiene recursos para incidir en otras vías.

 

Quizá, y sólo quizá, el 3-5-2 pudiera haber sido una buena solución, no sólo contra el Sevilla, dándole de su propia medicina tratando de potenciar el contragolpe, sino como recurso siempre presente, más trabajado y del que poder echar mano sin dificultad. Ingredientes los hay, sino de élite, sí de garantías para haber podido cambiar ligeramente el rumbo sobre la marcha, especialmente tras la llegada de Salah.

Defensas de nivel notable (Gonzalo, Savic, Basanta). Mediocentros posicionales capaces de distribuir (Pizarro, Badelj). Carrileros con los que profundizar, encontrar apoyo fácil para sacarse la presión de encima y compensados (Alonso, Pasqual). Un llegador, con doble recorrido y capacidad de robo (Kurtic) que mezcle mejor y que ofrezca la complementariedad que muchas veces le falta al equipo junto a uno de los peloteros tan del gusto de Montella (Valero). Y, por supuesto, hacer de Salah, pletórico hasta hace poco y único jugador sano del plantel capaz de desequilibrar por sí mismo, el centro neurálgico del sistema, con libertad para moverse y correr, caer a los costados, atraer o lanzar y buscar, en la medida de lo posible, el último pase hacia un delantero que sea referencia y encargado principal del remate definitivo y, en consecuencia, del gol.

El fin de las posesiones insulsas y un ejercicio de pragmatismo aunque éste no sea radical, podrían ayudar a llenar el intrínseco vacío de competitividad de máximo nivel de una Fiorentina incapaz de ganar tres partidos de forma consecutiva en el campeonato italiano actual. Una compensación que parece necesaria y que llega obviamente tarde para afrontar la vuelta ante el Sevilla en el Artemio Franchi pero que puede ser útil para cerrar su pasaporte europeo en las últimas cuatro jornadas de Serie A, pese a que su calendario es el más factible de todos los que pelean por una de las plazas que dan derecho a jugar Europa League la temporada próxima. Montella, si continua al frente del equipo, tiene que empezar a saber gestionar sus activos de un modo más dúctil y polifacético y a ampliar sus miras con mayor continuidad si lo que quiere es dar el salto de calidad definitiva que en un principio la Fiorentina, de la mano de su buen técnico, parecía que iba a terminar sin duda dando.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados