Fútbol inglés

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Claudio Ranieri, el allenatore que debe ganar

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Sí, es el momento de Claudio Ranieri. De tener su ocasión entre las distinciones individuales. Un reconocimiento con alfombra roja, focos de alta potencia y el fragor de miles de aplausos.
El Comité de Fútbol para la FIFA ha incluido el nombre de Claudio entre los nominados al premio The Best FIFA Men’s Coach. En el punto de mira de las casas apuestas y, a priori, como favorito de las votaciones del aficionado. Algo que hace referencia a como Ranieri ha calado en el corazón del fútbol y ha conquistado gran parte del planeta que siente divina pasión por el balón.

Muchos nos hicimos férreos aficionados del Leicester City la pasada temporada. Con un sentir especial. Era inevitable, nos prendimos de esa historia que traía el mensaje de la esperanza, de los imposibles que se hacen realidad. Un trayecto de pequeños pasos, tomados siempre con precaución, haciendo oídos sordos de la expectación.
A la ilusión de los aficionados que han vivido parte de los 132 años de los ‘Foxes’ y apoyan a su equipo bajo el lema “Then, now and forever”, se sumaron todos aquellos que se colocaron a la cola para pedir formar parte de esa familia, en la distancia y desde cualquier lugar del globo.
Un pequeño conquistando la enorme Premier League. La competición que, con sus peculiaridades y en cuestión de estadísticas, se coloca a ojos de muchos en el primer lugar de las ligas. Un humilde coqueteando con la zona alta de la tabla. El mismo que en la pasada edición logró una milagrosa salvación y que, anteriormente, ascendió tras diez años apartado de la competición reina del fútbol inglés.

El golazo de Hazard, epicentro de los temblores de la tierra en estado de éxtasis, significó la confirmación de una liga definida por una coyuntura favorable. Las circunstancias que vivieron los gigantes fueron elementos de ello. Lo evidencia el resultado final de un Chelsea, ganador de la temporada 2014-2015, que estuvo rozando la zona de descenso y terminó décimo en la clasificación. Fueron los Spurs quienes perseguirían la estela. Sin embargo, con el último batacazo frente al Southampton, ya con la liga decidida tras lo ocurrido en Stamford Bridge, terminaron terceros.
La motivación de los jugadores y la familia que se creó en los vestuarios del King Power Stadium fueron los principales factores de la gesta. Y aquí es donde entra Claudio Ranieri, de forma relevante.

Rey, Claudio | Getty

Rey, Claudio | Getty

Claudio encajó el asombro y las críticas de su llegada a Leicester como de costumbre, con ese carácter apacible que le define generalmente. Separemos esas míticas impresiones compartidas en el pasado con ‘The Special One’. El estratega que ha llegado a descolocar hasta las mentes con más mesura del fútbol, como ya presenciamos en la famosa rueda de prensa donde Guardiola le nombró “el puto amo”.
Pero volviendo al hombre en cuestión, a ese aire de nobleza y equilibrio. Ranieri usa el humor para esquivar conflictos. Y todo ese buen hacer tan suyo se ha transmitido en el vestuario, siendo pieza clave de una gloria que sucedió para detener el tiempo y recordar que las historias maravillosas del fútbol a veces suceden.

Claudio se las ingenió con toda su esencia, una cantidad económica un tanto menor que la de otros clubes y con algunos futbolistas que ya jugaban en segunda y otros desconocidos.
Por supuesto, la victoria es mérito del reconocimiento sobre qué estilo puedes ofrecer para lograr resultados. Dejar el juego de posesión para otros y saltar al campo impregnados con la táctica del contraataque. Robando mucho balón y galopando muchos kilómetros. La combinación de entrenamientos duros y ligeros para respetar la recuperación del físico. Pero esa es otra historia, la de siempre, de preparación, pizarra y charla.
La que predomina es la de Claudio. La del líder de una manada de zorros. El protector de todas esas historias personales y de esos jugadores callejeros protagonistas de la pelota de papel de aluminio, tras terminarse el bocata. Llevó hasta las portadas a todos los que fueron convencidos de que no llegarían demasiado lejos, logrando su mejor versión.
Les enseñó que el trabajo duro no es para ganarse la vida, sino para conseguir objetivos. A asumir la responsabilidad de equipo. De esforzarse para el resto, más que por uno mismo. Nadie falla ante esa lealtad de grupo.
La anécdota de la invitación de Claudio a sus discípulos a la pizzeria, tras el reto de mantener la portería a cero, habla por si sola. Allí estaba el secreto, en una pizza. En la familia que se había creado y en un hombre que trasladaba de manera metódica la motivación y la creencia.
Un profesor, que le gusta enseñar las cosas tan bien como sabe, con empeño y buena fe.
Esa figura que de manera ineludible atesora en sus cualidades esos signos tan paternales.

En la ceremonia del festejo, Claudio pedía con su gesto adecuado el silencio del público cuando Andrea Bocelli entonaba las primeras letras del Nessun Dorma. Quería que fuera un momento perfecto e inolvidable. Y se sentía orgulloso de ser la cabeza pensante de ello.
Mamma mia! Voy a ponerlo de fondo mientras escribo. Ópera en el King Power Stadium. La ovación de las gradas al descubrir la elástica azul de los zorros vistiendo el torso de Bocelli. Volver a verlo y oír esas notas agudas eriza la piel de cualquiera.

Claudio y Andrea en el King Power | Getty

Claudio y Andrea en el King Power | Getty

La victoria de la Premier League supuso un antes y un después para Ranieri.
Aquel día Claudio quería restarse importancia con su modestia y, por otro lado, quería vivirlo como un niño. Se percibía su apetencia por levantar el trofeo.
Él también había ganado mucho. El cariño de tanta gente. Debe ser muy gratificante para un hombre que con casi 30 años en los banquillos se ha ido colocando parches y tiritas frente esa etiqueta de loser. El hombre que casi consiguió trofeos. Casi con el Chelsea, casi con la Roma. A las puertas de la final de Champions cayendo frente al Mónaco, o el bochorno con Grecia que duró cuatro telediarios.
Esta vez, sin embargo, lo hizo con un cuento de hadas. El Leicester era el foco principal de la Premier League y daba la sensación de que a nadie, excepto propios seguidores de clubes, le preocupaba si el Chelsea, Manchester United, Manchester City o Arsenal no habían andado bien para arrasar con los primeros puestos y batallar hasta el final. No era necesario que el juego del Leicester fuera una exhibición. El espectáculo se escondía esta vez tras un hombre que obró un milagro.

Esta temporada se echa mucho de menos a Kanté. El Liverpool del peculiar y revolucionario Klopp se ha colgado el cartel de líder, el Chelsea de Conte empieza a tomar forma y el Manchester City pasa por esos tropiezos manteniéndose en el estrado de la tabla gracias a sus siete victorias. Mientras, el Leicester es decimocuarto. Sabíamos que esto iba a pasar. Conocemos la complejidad de lo que se aconteció. Y es algo que ocurre cada muchos años. Nosotros, tuvimos la fortuna de vivirlo.

Hasta el 22 de noviembre está abierta la votación en línea.
Los que se agarran a la verdadera médula del fútbol quieren al romano como ganador. Porque tras ese trofeo se esconde uno de esos relatos que estuvo en boca y corazón de todos. Y mucho de ello hay que agradecérselo a Claudio Ranieri.

“Hey man, you are in The Best FIFA Men’s Coach. Dilly ding dilly dong! Come on!
Mucha suerte. In bocca al lupo, Claudio!”

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