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Charly Dörfel, el corsario de la banda izquierda

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Esta historia que les traigo hoy se inició de una forma casual, como seguramente lo habrán hecho tantas y tantas otras en el mundo del fútbol. En nuestro caso, corría la temporada 1957/58 y el destino había querido que el modesto Polizei SV Hamburg se cruzara en una eliminatoria de Copa con el conjunto amateur del Hamburger SV. Aquel día sobresalió en los locales la figura de un escurridizo extremo de 18 años que durante los 90 minutos dejó destellos de una calidad descomunal. Se trataba de Gert Dörfel, hijo de Friedo Dörfel y sobrino de Richard Dörfel, dos leyendas del HSV en los años 30 y 40. En dicho partido estaba presente el entrenador del primer equipo del HSV, Günther Mahlmann, quien a la finalización del choque se dirigió al padre del chico: “Friedo, ¿por qué nunca me habías contado que tenías un hijo con tanto talento. Estamos buscando un buen extremo izquierdo y puede que ya lo hayamos encontrado”.

¡Y tanto que lo habían encontrado! Estaban a punto de contratar al mejor exterior zurdo de la historia del club. Sin embargo, el acuerdo no tenía pinta de ser sencillo. Y es que semanas atrás, su padre había firmado una autorización para que Gert jugase la siguiente temporada en el VfB Lübeck, equipo que militaba junto al HSV en la entonces Oberliga Nord, una de las cinco circunscripciones en las que se dividía la máxima categoría del fútbol alemán. Tras una intensa negociación, el jugador fue liberado de su compromiso inicial y pudo firmar finalmente un contrato como jugador amateur con el Hamburgo. “Desde que mi padre me habló acerca del interés del HSV ya no pude sacarme la idea de la cabeza. Era mi gran oportunidad, algo así como cumplir un sueño”.

El Hamburgo compensó al Polizei SV con 3.000 marcos, dinero con el que sus antiguos compañeros fueron invitados a una animada fiesta nocturna en una bolera local. Curiosamente, el Altona 93, equipo radicado en el distrito natal de Gert Dörfel y que también disputaba por entonces la Oberliga Nord, había rechazado un año antes sus servicios por negarse  a pagarle al jugador la irrisoria cantidad de 67,50 marcos mensuales como ayuda para tomar el autobús y poder ir a entrenar. “Siempre se arrepintieron de no haberlo hecho”, diría Gert más tarde.

Los inicios

Pero vayamos al principio de todo. Gert Friedo Dörfel había nacido en Hamburgo el 18 de septiembre de 1939, recién iniciada la Segunda Guerra Mundial. En su familia, como ya dijimos anteriormente, el fútbol se respiraba por los cuatro costados. Su padre, Friedo Dörfel (1915-1980) había jugado 225 partidos (103 goles) como defensa o extremo con el HSV entre 1933 y 1948; su tío Richard, jugador de carácter temperamental y que llegó a ser capitán del equipo, defendió la camiseta con el rombo en 237 partidos (73 goles)  entre 1931 y 1939 y, terminada la guerra, otros dos años entre 1946 y 1948. Y por si fuera poco, su hermano Bernd, un extremo derecho rápido y técnico que fue 15 veces internacional, sumó 102 partidos (22 goles) con el HSV entre 1963 y 1968. A la vista está que Gert estaba predestinado a ser futbolista y a jugar en el HSV, aunque en comparación con sus “familiares”, su calidad futbolística alcanzaría las más altas cotas a nivel mundial, si bien su escaso protagonismo en el panorama internacional le restó la fama que si alcanzarían otros con menos talento.

La temporada 1958-59 la jugó con el segundo equipo del HSV. Cobraba 350 marcos mensuales y otros 50 por cada partido ganado, y aquel año ya dejó claro que su potencial no tenía límites. Debido a una operación de menisco solo pudo jugar 23 de los 30 partidos del campeonato amateur, lo cual no fue impedimento para que marcara nada menos que 25 goles desde su posición de extremo izquierdo. Con semejantes registros, al año siguiente ya estaba entrenando con los profesionales. Comenzaba su camino hacia el ansiado estrellato con apenas 19 años.

El 12 de agosto de 1959, en una soleada tarde de miércoles, el cuadro hanseático disputó un amistoso ante el famoso Manchester United de Sir Matt Busby. Aquel día, Gert Dörfel debutó con el HSV tras sustituir en el minuto 51 al lesionado Micky Neisner. A los pocos minutos, una jugada suya por la izquierda terminó en un preciso centro que Uwe Seeler cabeceó al fondo de la portería para establecer el definitivo 3-1. Era su tarjeta de presentación. Apenas tres semanas más tarde el invitado en el Volksparkstadion era el legendario Real Madrid de las cinco copas de Europa. Ante 70.000 espectadores, Dörfel mostró lo mejor de su repertorio. El brasileño Didí llegó a declarar: “Me ha impresionado el chico que jugaba por el flanco izquierdo”.

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Su debut con el primer equipo en partido oficial tuvo lugar un 30 de agosto de 1959, en la tercera jornada de la Oberliga Nord. El rival del HSV era el VfV Hildesheim, que logró dar la sorpresa e imponerse ante su público por 2-1. El tanto del Hamburgo lo hizo precisamente Gert Dörfel. Aunque siguió disfrutando de la titularidad, la marcha errática del equipo le impedía ofrecer lo mejor de su fútbol. Habría que esperar al 25 de octubre, cuando en la décima jornada el Eintracht Braunschweig visitaba el feudo hamburgués. En una soleada tarde otoñal, el HSV perdía por 0-2 hasta que “Charly” Dörfel, como ya empezaba a ser conocido por su parecido con el dibujo animado Charly Brown, sacó a relucir el tarro de las esencias y con tres goles llevó a los suyos a la victoria por 4-2. Tras aquella actuación el nombre de Gert Dörfel ocupó grandes titulares en la prensa escrita: ‘Goles por arte de magia’ (Kicker), ‘Damos la bienvenida a una joven estrella’ (Hamburger Abendecho) o ‘Charly dio la señal para el gran ataque’ (Bild), fueron solo algunos de los elogios recibidos. A partir de entonces, su protagonismo dentro del equipo no hizo sino crecer temporada tras temporada.

El binomio Uwe Seeler – Charly Dörfel

El fútbol es un deporte colectivo en el que unos sobresalen gracias a su talento y calidad individual, pero también gracias a las virtudes de aquellos a los que se tiene al lado. Y ejemplos de ellos los tenemos a montones. Que Charly Dörfel y Uwe Seeler eran jugadores con unas condiciones naturales para jugar al fútbol fuera de lo común, eso resulta indiscutible, pero ello no esconde una realidad aún más evidente, y es que ambos formaron una ‘sociedad’ perfecta. “Charly era extremadamente rápido, siempre se podía hacer una pared con él y era un gran goleador. No había ningún otro jugador que por entonces centrara con tanta perfección. Solo necesitaba echar un vistazo para saber dónde estaba yo y me la ponía justo en el lugar preciso. Daba igual que fuera en corto o en largo, al primer o al segundo palo… No sé cómo lo hacía, pero tenía ese don especial, y además lo hacía en carrera. ¡Hasta hoy no he visto un extremo izquierdo como él! Y eso que entonces no existían los marcajes en zona como hoy, sino que era sometido a duros marcajes individuales…”, comentó hace unos años precisamente Uwe Seeler.  

Y es que ambos se entendían casi con los ojos cerrados: “No necesitaba mirar hacia el medio. Antes de golpear el balón, yo ya sabía dónde estaba el ‘gordo’ para mandarle el centro”, señalaba Charly Dörfel al respecto. Pronto el cántico ‘Charly gibt die Flanke, Uwe köpft sie rein’ (Charly centra, Uwe cabecea dentro) alcanzó gran popularidad entre los aficionados del HSV. Eran la pareja atacante perfecta. Nadie se compenetraba como ellos. Dörfel era todo un talento de la naturaleza, un jugador de la calle que hacía del descaro y la irreverencia su bandera. Jamás se preocupaba por el rival que tenía enfrente, y mucho menos por su marcador. Estaba convencido de que, cuánto menos se comiera la cabeza con estos temas, mejor iba a jugar después. Y aunque tenía condiciones sobradas para finalizar las jugadas, encontró en Uwe Seeler a la prolongación perfecta de su juego y al mejor ejecutor para sus centros celestiales

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Tanto es así que en 1992 otra leyenda del fútbol alemán como Jupp Heynckes señalaba en un reportaje de la revista Sport-Bild que “sin duda ninguna, Charly Dörfel y Uwe Seeler han sido la mejor pareja ofensiva de la historia de la Bundesliga, por delante de otras como Klaus Fischer y Rüdiger Abramczik o la que formaban Gerd Müller y Uli Hoeness”. Llegados a este punto, la duda que surge es la siguiente: ¿Hubiera sido la carrera de Seeler tan grande sin un jugador como Charly Dörfel a su lado? Difícil responder a la misma, pero si nos atenemos a los datos, parece claro que sin los magníficos balones que le ponía Dörfel desde la izquierda los registros goleadores de Seeler se habrían visto sensiblemente mermados. En su momento ya se le recriminó a Sepp Herberger la no convocatoria de Charly para el Mundial de 1962 como un fallo estratégico de primer orden, ya que privó a Seeler de su mejor socio en ataque. De hecho, fue el peor de los cuatro campeonatos mundiales que jugó.

Sin embargo, ambos eran dos personalidades muy diferentes, tanto como lo fueron sus carreras en lo que a reconocimiento popular por parte de los seguidores se refiere. Uwe Seeler, jugador salido de la cantera del HSV, siempre se caracterizó por un espíritu de lucha indomable asociado a un perfil ciertamente modesto fuera de los terrenos de juego. Ello le permitió ganarse pronto el corazón de los aficionados y también el de sus entrenadores, ya que por su carisma todos veían en él al modelo de jugador ideal tanto para el HSV como para la selección alemana. De esta manera, Seeler se hizo un merecido hueco entre las más grandes figuras de la historia del fútbol germano.

Por su parte, el extrovertido e irreverente Gert Dörfel, dotado de un talento futbolístico que rozaba la genialidad, muy por encima del de su compañero Uwe Seeler, era el mayor de los atractivos para los aficionados, e incluso también para los propios rivales, ya que su carácter afable le permitía sobrellevar con buen talante los duros marcajes a los que era sometido con demasiada frecuencia. Sin embargo, ese mismo carácter que por momentos rayaba lo “bufonesco”, no resultaba fácil de llevar para los entrenadores serios y estrictos que tanto proliferaban en los años 60. Como ya veremos más adelante, esa fue la razón de que Charly Dörfel se quedara en apenas 11 internacionalidades. Un jugador de su clase tranquilamente habría podido llegar a los 50 o 60 partidos con Alemania, amén de disputar un par de copas del mundo que seguramente le hubieran dado una trascendencia y un reconocimiento que luego, pasados los años, apenas tuvo, quedando tan solo como una vieja gloria del HSV.

En 1960 el maravilloso delantero húngaro Sandor Kocsis, uno de los mejores cabeceadores de la historia del fútbol, tanto que sus contemporáneos le apodaron ‘cabeza de oro’, comentaba maravillado tras disputar con el FC Barcelona un encuentro amistoso ante el HSV que “el pequeño extremo que juega por la izquierda es un demonio. Esos centros en plena carrera y llegando hasta la línea de fondo serían para mi cabeza tan sencillos de rematar como ir a misa…”.

Pionero de la naciente Bundesliga

El 24 de agosto de 1963 el HSV disputó su primer partido en la recién creada Bundesliga. Y en esa cita Gert Dörfel quedaría en los anales de la historia del club, no solo por integrar el primer once con el que jugó el cuadro hanseático, sino muy especialmente por ser el autor del primer gol del Hamburgo en dicha competición. Corría el minuto 86 y su cabezazo sirvió para sumar un punto (1-1) en el campo del Preussen Münster. Una semana más tarde, Charly se convertiría en el primer jugador en lograr un hattrick en la historia de la Bundesliga tras anotarle tres goles al 1.FC Saarbrücken. Sin duda ninguna, la disputa de un campeonato en el que tomaban parte los mejores clubes del país sirvió para engrandecer un poco más la figura de un jugador por el que de verdad merecía la pena pagar una entrada.

Ya por entonces Charly acostumbrada a repartir en el terreno de juego caramelos de menta entres sus compañeros y rivales, y según cuentan, tampoco era raro que obsequiara con ellos a algún aficionado situado cerca del césped, con los que incluso departía afablemente durante unos minutos ya con el partido empezado. “En muchas ocasiones no se centraba en el juego hasta cinco o diez minutos después de haber dado inicio, ya que le gustaba saludar personalmente a muchos de los espectadores y entregarles caramelos. Luego venía y hacía lo mismo con nosotros. Era un personaje realmente único…”, según su antiguo compañero Harry Bähre. Era la forma de ser de un tipo tremendamente peculiar y dotado de un sentido del humor muy poco común por aquel entonces en un futbolista.

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A pesar de que su bagaje internacional se limitaba en 1962 a apenas 6 partidos con la selección absoluta (con 6 goles marcados) y a haber alcanzado las semifinales de la Copa de Europa con el HSV, su popularidad comenzaba a crecer en el panorama europeo. Sus portentosas actuaciones ante el Burnley inglés y el FC Barcelona llevaron por ejemplo a la prestigiosa publicación francesa France Football a usar afirmaciones como “uno de los mejores extremos de nuestro tiempo” o apelativos como el de “el Gento alemán”. “Que me comparen con Gento es todo un elogio para mi”, llegó a afirmar por aquel entonces. Sin embargo, los elogios que recibía Charly Dörfel no resultaban -ni mucho menos- gratuitos. Emilio Östreicher, el manager húngaro del Real Madrid, llegó a catalogarle en 1961 como “un delantero de clase mundial”. Por aquellos años, clubes como el propio Real Madrid, la Juventus o la Lazio de Roma llegaron incluso a tantear su fichaje.

Corta trayectoria con la selección alemana

Aún con todo, el protagonismo de Gert Dörfel con la Mannschaft no estuvo a la altura de un jugador que era, con diferencia, el mejor extremo zurdo de Alemania y, posiblemente, también de Europa. En 1959 ya había debutado con la selección alemana amateur, con la que jugaría tres partidos a un nivel absolutamente soberbio. Al finalizar uno de ellos, jugado en tierras holandesas, el seleccionador aleman Sepp Herberger, presente en la grada, comentó a los periodistas: “¿Habéis visto cómo ha jugado Dörfel, su capacidad para desbordar por la banda y para asociarse con sus compañeros, su velocidad…? Cada vez que recibía la pelota, dentro o fuera del área, pasaba algo. Estoy seguro que oiremos hablar de este chico…”. Y no se equivocaba. El 3 de agosto de 1960 Charly Dörfel debutaba en Reikiavik ante Islandia con la selección absoluta. El seleccionado germano se impuso por un cómodo 5-0 y él anotó dos de los goles. Parecía el principio de una gran carrera internacional, pero nada más lejos de la realidad. Su falta de ‘química’ con Herberger primero, y con Helmut Schön después, así lo quisieron. Tanto que apenas vistió la camiseta de Alemania en 11 ocasiones…

Por su forma de ser, espontánea y siempre dada a la broma y en no pocas ocasiones, a las salidas de tono, Dörfel era un tipo que podía resultar incómodo para personalidades introvertidas y sensibles, a la vez que autoritarias, como las de los inquilinos del banquillo alemán por aquellos años. Un ejemplo de lo que decimos podría ser cuando, en 1961, en la gira previa al Mundial de Chile, sembró la intranquilidad en la delegación alemana cuando, ya en el aeropuerto, comunicó que se había olvidado el pasaporte en su casa.  Era una de sus típicas bromas. Ese tipo de extravagancias no gustaban demasiado al por entonces seleccionador Sepp Herberger, que de cara al Mundial optó por alternativas menos problemáticas como Albert Brülls o Hans Schäfer para la banda izquierda, y decidió dejar a Dörfel fuera de la cita mundialista tras haber sido una pieza clave en la fase de clasificación.

Aquello supuso para mi una decepción tremenda. Hasta entonces siempre había llevado la camiseta de la selección con mucho orgullo, pero a partir de entonces me volví muy terco”. Su frustración era tan grande que llegó a enviarle una carta al seleccionador pidiéndole que no volviera a convocarle nunca más. “Naturalmente que si hoy miro atrás, me doy cuenta de que cometí errores con respecto a aquella situación, pero ¿quién hace lo correcto cuando es joven?”. Mas de dos años después de su última convocatoria, Herberger decidió volver a llamar a Charly Dörfel precisamente para un partido que se disputaba en Hamburgo ante Brasil, vigente campeona mundial. Era mayo de 1963.

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La situación parecía reconducirse, y más tras las brillantes actuaciones del extremo zurdo del HSV, pero con la llegada de Helmut Schön al banquillo alemán los acontecimientos se iban a precipitar. A principios de 1965, durante una concentración del equipo nacional en Frankfurt, el propio Schön le cogió in fraganti con su novia en el hotel y fue expulsado de la misma. “Tres compañeros dieron el chivatazo…”, diría el propio Charly. Estaba claro que en el HSV era toda una estrella y se le permitían casi todo con el fin de evitar problemas mayores, pero en la selección las cosas eran muy diferentes. Tras ese acontecimiento, Charly Dörfel perdió por completo el poco interés que ya tenía en defender la camiseta de Alemania. Cada vez que le llegaba la convocatoria de la Federación Alemana, alegaba las excusas más inverosímiles para no tener que asistir a la misma. “Muchas veces, al terminar de entrenar con el HSV, le aconsejábamos cual era la enfermedad que debería esgrimir: la gripe, las paperas, la escarlatina…”, recuerda hoy con una sonrisa su antiguo compañero de equipo Harry Bähre.

Su última presencia en el once de la selección alemana tuvo lugar el 4 de noviembre de 1964 en Berlín ante Suecia (1-1), en un encuentro valedero para clasificarse para el Mundial de 1966. Fue su único partido malo como internacional alemán. “Herberger me quería en la selección, pero con Schön, un tipo aún más autoritario y serio, estaba claro que yo no era bienvenido. Con él, mi papel en la selección estaba condenado a fracasar”, recuerda hoy Dörfel. Y es que la presencia del extravagante extremo del Hamburgo en el combinado nacional le resultaba del todo punto incómoda a un Schön que le convocaba más por la presión de la prensa y de los propios aficionados que por propio deseo personal. Por eso, el seleccionador respiraba aliviado cada vez que Dörfel se excusaba para hacer caso omiso a sus llamadas. No hay que olvidar que por aquel entonces Charly era el mejor “11” de Europa, tal y como y como reconoció el diario francés L’Equipe al galardonarle como mejor extremo izquierdo del viejo continente.

Una leyenda del HSV

Su carrera futbolística en el Hamburger SV no fue pródiga en lo que a títulos se refiere: a nivel nacional apenas logró un campeonato de liga en 1960 y una Copa de Alemania en 1963 como éxitos más significativos. En el panorama europeo alcanzó en 1961 con el HSV las semifinales de la Copa de Europa, cayendo en el partido de desempate ante el FC Barcelona. Años más tarde, en 1968, disputaría la Final de la Recopa ante el AC Milán, título que terminarían ganando los italianos tras imponerse al HSV por 2-0. En todas estas citas Dörfel estuvo siempre a la altura, siendo pieza clave en los éxitos del equipo o, en su caso, el mejor de los suyos también en las derrotas, señal de que era un jugador extremadamente competitivo y capaz de ofrecer lo mejor de si mismo en los grandes acontecimientos.

El 25 de junio de 1960 fue posiblemente el mejor día en la carrera futbolística de Charly Dörfel. Con 20 años se encontraba prácticamente en el inicio de su carrera como jugador del HSV y esa tarde tuvo la oportunidad de celebrar todo un título de campeón de liga tras imponerse por 3-2 en el choque decisivo al teóricamente favorito 1.FC Köln. Ese partido se disputó en el Waldstadion de Frankfurt ante 71.000 espectadores. Dörfel, que hizo un partido fabuloso, marcó el gol del 2-1 con un zurdazo al primer palo y resultó decisivo en el tanto del triunfo. A la finalización del mismo fue paseado a hombros por los aficionados hanseáticos alrededor del campo, como si de la imagen de un santo en procesión se tratase. Al día siguiente, más de 100.000 personas celebraron en las calles de Hamburgo el campeonato. “Fue algo impresionante. Una experiencia así no se olvida nunca”, recuerda Dörfel.

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El periódico ‘Kicker’ le bautizó como el bicho diabólico, ya que fue el verdadero terror de las defensas. Como diría un argentino, Charly sacó a relucir aquella temporada lo mejor de su repertorio: dejaba rivales desparramados por el camino, tiraba paredes (tocar y desmarcarse) como nadie, centraba como los dioses y rompía redes como el mejor de los goleadores. Tras una grandiosa actuación ante el Borussia Neunkirchen justo una semana antes del campeonato, y en la que deleitó a los 68.000 espectadores con sus tres goles, Werner Emser, capitán del equipo rival, señaló que “es inexplicable que Dörfel no esté jugando habitualmente con la selección. Un extremo tan rápido, inteligente y habilidoso como él no lo había visto en mi ya larga carrera”.

El título conseguido en 1960 permitió al HSV disputar la Copa de Europa del año siguiente. Ese era el ‘escaparate’ perfecto para que la calidad de Charly Dörfel trascendiera fronteras. En cuartos de final el Hamburgo logró una histórica remontada ante el Burnley FC inglés, al que derrotó por 4-1 en el Volksparkstadion tras el 3-1 encajado en la ida en tierras británicas. Gert Dörfel fue el héroe de la noche, anotando el gol del 3-1 y asistiendo a Uwe Seeler en el 2-0. Ese día volvió loco a su marcador con toda suerte de regates, y a los 70.000 espectadores que llenaron el estadio. “Sabíamos que Uwe Seeler era un delantero de talla mundial, pero este Dörfel no es peor que él”, declaró el capitán inglés Jimmy Adamson al final de la contienda. Algunos dicen que aquel fue el mejor partido de su vida. “Puede ser…”, dice hoy Charly.

En semifinales esperaba nada menos que el FC Barcelona. En la ida, el HSV cedió por 1-0 ante 105.000 aficionados que llenaron el Camp Nou. A pesar de todo, Dörfel hizo lo suficiente como para que en España la prensa le bautizara también como el “Gento alemán”. Y eso que Foncho hizo todo lo que estuvo en su mano, y no siempre con las mejores artes, para complicarle la vida. “Nunca había jugado ante un jugador tan bueno como Dörfel. Y nunca antes había acabado un partido tan cansado… ”, manifestó aquella tarde el propio zaguero azulgrana. En el partido de vuelta jugado en el Volksparkstadion  el HSV ganaba por 2-0 y era virtual finalista de la competición hasta que Sandor Kocsis, en el minuto 90, lograba el gol que forzaría un desempate en campo neutral y que acabaría con el sueño hanseático. El gran portero Antonio Ramallets dijó tras aquella eliminatoria que “con Dörfel nunca sabía realmente si iba a centrar o a rematar a portería. Es un jugador increíble”.

El otro gran título conquistado por Gert Dörfel fue la DFB Pokal que el HSV logró el 14 de agosto de 1963 tras imponerse por un contundente 3-0 al Borussia Dortmund. En este partido, disputado ante 68.000 espectadores en el Niedersachsenstadion de Hannover, Uwe Seeler fue decisivo con su hattrick, pero como siempre ocurría en las citas importantes, Charly Dörfel volvió a ser el rápido y potente extremo capaz de mandar centros prodigiosos al corazón del área. Así llegaron los dos primeros tantos de Seeler.

Sin embargo, ya no habría más éxitos que celebrar defendiendo el famoso rombo, y eso también condicionaría su reconocimiento posterior. A pesar de ello, sus compañeros siempre tuvieron muy claro lo que un jugador así significó para el HSV. Harry Bähre jugó junto a Dörfel entre 1960 y 1967, por lo que su testimonio de primera mano nos permite ilustrar la verdadera dimensión de Charly Dörfel: “Futbolísticamente hablando, Charly era un auténtico fenómeno. Para mi, durante años fue el mejor extremo zurdo del fútbol europeo. Su toque de balón era sublime y sus centros muy pocos los han podido igualado. El español Gento era un jugador con mucha calidad, pero Charly era más completo y efectivo. Con las condiciones que se dan hoy en día, y con los modernos sistemas de entrenamiento y los avances médicos que hay, tengo claro que un Charly Dörfel no tendría competencia en Europa en su posición

El final de su carrera

En 1970 comenzaría a menguar su estrella cuando Klaus-Dieter Ochs, un técnico rígido e inflexible, se hizo cargo del banquillo del HSV. “Ya he sobrevivido aquí a seis entrenadores, así que también lo haré con el séptimo”, declaraba Dörfel por aquel entonces. Sin embargo, en la temporada 1971-72 la situación de Charly Dörfel comenzaría a cambiar radicalmente. Después de más de diez años como amo y señor de la banda izquierda del HSV, iniciaba esa temporada en el banquillo ya que su entrenador prefería hacer jugar a Georg Volkert, y para más inri, los pocos minutos de que disfrutaba le tocaba jugar ¡en la banda derecha! “No tengo nada en contra de Volkert, pero a pesar de mi edad soy tan bueno como él. El Sr. Ochs ha adquirido sus conocimientos sobre el fútbol en los libros y eso no sirve para nada. Además, creo que Volkert y yo podríamos hacerlo muy bien juntos…”.

La escalada de tensión entre técnico y jugador alcanzó su punto álgido en enero de 1972 durante una gira por Asia. Dos pesos pesados del HSV como eran Willi Schulz y Uwe Seeler dejaron claro que no era de recibo el trato que se le estaba dispensando a una leyenda como Dörfel. “No es justa la manera en que se está tratando a un jugador que durante años lo ha sido todo en este club. No puede ser que ahora se le tire a la basura como a un buen vino que se ha estropeado…”, señalaba Seeler. Quede para la historia que en aquella gira asiática Charly Dörfel jugó su último partido con el HSV ante la selección de Hong-Kong. Días más mas tarde sería suspendido por el club y finalmente su contrato acabó siendo rescindido. Sin duda, una absoluta falta de sensibilidad y el peor de los estilos por parte de la entidad para poner fin a su relación con uno de los grandes ídolos de la afición durante muchos años.

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Aún así, Gert Dörfel aún vestiría en una última ocasión la camiseta del Hamburgo. Sería el 1 de mayo de 1972 coincidiendo con el partido de despedida de su inseparable Uwe Seeler. Más de 61.000 espectadores abarrotaban ese día el Volksparkstadion para presenciar el choque entre el HSV y una selección mundial en la que estaban George Best, Eusebio, Rivera o Bobby Moore. Aquel día los aficionados pudieron, de alguna manera, decir adiós a la mejor pareja de atacantes que probablemente haya coincidido en la historia de la Bundesliga. Los gritos de “¡Charly!… ¡Charly!…” cada vez que tocaba el balón fueron el mejor de los reconocimientos a sus 14 años con el rombo en el pecho (423 partidos oficiales y 144 goles marcados en todas las competiciones). “Hamburgo me ha perdido”, diría con cierta amargura días más tarde.

Posteriormente, se mantuvo activo unos años más jugando en Sudáfrica con los Highland Powers (1972/73 y 1974/75) y con el Lusitano (1975/77) antes de marcharse durante unos meses al fútbol canadiense para militar en el London City (marzo a septiembre de 1977). Entre medias, regresó a Alemania para disputar la campaña 1973/74 con el modesto HSV Barmbek-Uhlenhorst, equipo de Hamburgo que militaba en la Regionalliga Nord. Tras su retirada definitiva del fútbol consiguió un trabajo en el distrito de Hamburg-Stellingen. Sin embargo, no desapareció por completo de la esfera pública, ya que durante muchos años ejerció como payaso –entre otros- en el famoso Circo “Krone”.

Curiosidades y frases famosas

En septiembre de 1964 la compañía discográfica Poulydor le propuso grabar un disco de vinilo con el tema ‘Das kann ich Dir nicht verzeih’n’ (No te lo puedo perdonar), del que se vendieron nada menos que 20.000 copias y que ocupó los primeros puestos en las listas radiofónicas. Y es que Charly era un enamorado de la música: “A menudo me tocaba pagar multas por llegar tarde a entrenar, ya que me entretenía mirando discos en las tiendas”. Además, siempre que podía se unía a una banda local llamada “Raimondos” para interpretar temas de Elvis Presley, Buddy Holly o Paul Anka.

– Fue el primer jugador de la Bundesliga en usar un toupet (peluquín) para disimular su precoz calvicie. El mismo está expuesto actualmente en el museo del HSV. “Inicialmente lo usaba para jugar, pero al poco tiempo se convirtió en un asunto desagradable”, y es que defensores como Fritz Pott (1.FC Köln) no dudaron en amenazarle con arrancárselo de su cabeza en pleno partido. Charly se quedó sin pelo desde muy jovencito, y su prominente calva se convertiría en parte inseparable de su personalidad.

– Fue el primer jugador expulsado de un terreno de juego por mentir. El 30 de octubre de 1968, en un partido frente al 1860 München, el árbitro le amonestó por protestar una de sus decisiones. Cuando le preguntó el nombre para anotarlo, Charly le contestó: “Me llamo Meier. Si, eso es, Meier…”. En aquel entonces todavía no existían las tarjetas, así que el colegiado amonestaba verbalmente y anotaba las infracciones. Una respuesta estúpida para una pregunta aún más estúpida. Era imposible que el colegiado no supiese quién era Charly Dörfel. Su expulsión fue protestada incluso por los jugadores del equipo rival, y el colegiado hubo de abandonar el Volksparkstadion con protección policial. “Solo quise hacer una pequeña broma…”, dijo después.

– “Creo que soy el único jugador del planeta que ha renunciado a dos convocatorias con las selección nacional porque prefería quedarse a trabajar”. Por aquel entonces era habitual que los futbolistas tuviesen también un trabajo al margen del fútbol. En el caso de Charly Dörfel, tuvo diferentes empleos: comercial en la empresa “Chocolates Cadbury” (1955-1958), contable en la compañía cervecera “Holsten” (1958-62), presentador radiofónico en la emisora NDR (1962-1966) o asesor fiscal (1967-1971). Además, dirigió un negocio centrado en la importación de bebidas alcohólicas y café, y también fue vendedor de coches.

– “Yo era un jugador muy rápido y ágil. Podía acercarme sigilosamente por detrás de los rivales, como si fuera un gato, y robarles el balón de los pies…”. Y es que Charly era un jugador de apenas 1,70 de altura, listo y veloz como pocos, pero también algo frágil físicamente. Además, en no pocas ocasiones, la ansiedad generada por una cita importante le llevaba a comer de forma compulsiva antes de entrenar o de jugar, lo cual limitaba posteriormente sus prestaciones en el terreno de juego. Según él mismo cuenta, una hora antes de jugar frente al Lyon en los cuartos de final de la Recopa de 1964, “me comí una enorme salchicha con patatas fritas y cola fría, una taza de chocolate caliente y, para rematar, una gran copa de helado. Cuando comenzó el partido estaba pálido y no pude seguir jugando…”.

– Una de las cosas que más limitaba su rendimiento era el calor. “No podía jugar cuando había elevadas temperaturas. En 1960 nos enfrentamos al 1.FC Köln en la final por el campeonato alemán y en el estadio hacía un bochorno espantoso. Me pasé la mayor parte del partido a la sombra de una de las torretas de la luz para evitar el calor”.

– En referencia a los innumerables centros suyos cabeceados por su socio Uwe Seeler, en una ocasión comentó, con cierta jocosidad, que “me siento muy orgulloso de haber chutado durante 13 años contra la cabeza de este dios del fútbol. El debería estar contento de no tener secuelas…”.

Así era Gert “Charly” Dörfel. Un tipo impredecible, divertido, extrovertido, impulsivo, espontáneo, provocador y sincero a partes iguales. Un jugador que en el campo agitaba a las masas con su juego y que fuera de él parecía no tomarse nunca nada en serio. Pero por encima de todo, fue un futbolista fantástico, uno de los mejores extremos zurdos que hayan pisado jamás un terreno de juego. “Con mi talento pude haber sido internacional más de cien veces, pero siempre llevé el corazón en la lengua…”. Tal vez esa fue la razón por la que hoy no ocupa un lugar en el olimpo de los mejores de siempre. En aquel fútbol en blanco y negro de los 60, no ser protagonista de un gran título europeo o en una cita mundialista, te condenaba al ostracismo del olvido en la memoria colectiva. Sirva este artículo para reivindicar la memoria de un jugador que siempre supo arrancar una sonrisa con un balón en los pies o con su arrolladora personalidad.

“El fútbol siempre fue para mí lo más bonito del mundo

entre las cosas que menos importan”

– Charly Dörfel –

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