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Chapecó, la ciudad que nunca hubiera querido ser “famosa”

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De un día para el otro, por un motivo nunca deseado, Chapecó pasó a ser una de las ciudades más reconocidas del mundo. Y aunque los chapecoenses todavía no saben cómo reaccionar a ello, sí tienen certeza de algo: en vistas del terrible accidente que los puso en boca de todo el planeta, ellos hubieran preferido seguir siendo “anónimos”.

En la noche del viernes, en vísperas del velorio colectivo, el mayor evento que se celebrará en la historia de la ciudad, Chapecó estuvo paralizada. Y así seguirá durante el sábado, cuando serán velados en el estadio del Chapecoense 50 miembros de la delegación del club, todos fallecidos en el trágico accidente aéreo de Colombia.

“Vivo aquí hace 25 años, y nunca vi la ciudad tan triste”, cuenta una de las vendedoras de la zapatería Pittol, en el centro de Chapecó. “Antes las personas pasaban bromeando, riendo, ahora todo está apagado. Infelizmente, no habrá vuelta atrás”.

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La gran mayoría de los negocios de la ciudad que cerraron el viernes sólo abrirán de nuevo el domingo, o tal vez el lunes. Este sábado llegan los cuerpos de los muertos a Chapecó, y en una ciudad de 200.000 habitantes, más de la mitad estará en el Arena Condá esperando a sus héroes.

“Sensibilizada con Chapecoense, el negocio no abrirá sus puertas este 3 de diciembre”, se lee en la puerta de una tienda de celulares. “Por ocasión del velorio colectivo, no habrá atención”, figura en una casa que vende colchones. “En respeto a la familia chapecoense, permaneceremos cerrados”, dice un papel pegado a la entrada de un bazar.

Para todas las familias de Chapecó, amantes o no del fútbol, el accidente fue un golpe terrible. “Si lo que pasó tiene un impacto positivo -señala Tania a la salida de una heladería- es que seremos más humanos. A veces, uno se olvida del día a día pensando en sus problemas, no disfruta del momento, y estas cosas, de repente, te hacen ver que la vida es sólo un soplo”.

Su amiga Juliana complementa: “Este es un mazazo enorme para la ciudad, y no nos recuperaremos rápido. Pero el tiempo tiene cura para todo. Es un golpe tremendo, incalculablemente grande y aún así, y pese a todo, tenemos que seguir”.

Jardel y Jéssica, empleados de un carrito ambulante que vende churros, señalan que a los jugadores del Chapecoense les encantaba vivir en Chapecó porque, justamente, al ser una ciudad pequeña, podían caminar por la calle tranquilos, sin ser molestados.

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“El defensor Dener paraba con su auto aquí, bajaba él, su mujer y siempre pedían churros de chocolate”, recuerda Jardel, enfatizando el carácter terrenal de los futbolistas. Y agrega: “Lo que pasó nunca será olvidado: ninguna ciudad querría ser reconocida por un episodio así”.

Para Guilerme y Letícia, una pareja joven, ya nada será igual. “Somos una ciudad chica y el deporte nos hacía movernos: las familias se juntaban a ver la televisión cuando jugaba el ‘Chape’, iban al estadio, si ganaba el equipo algunos salían a festejar, enfatizan, para luego añadir que, en torno del equipo, ya se había formado cierto “ritual”.

“La pasión continuará, sin dudas, pero ya no se podrá recuperar ese brillo. Realmente le teníamos mucho cariño a este plantel”, concluyen los dos.

La ciudad está invadida por camisetas verdes y por afiches de homenaje. Y aunque el luto irrumpió en la mayoría de las casas, todavía aparecen señales de un pasado reciente que supo ser más feliz. En el centro de la ciudad, en un monumento grande se ve la imagen del arquero Danilo festejando con la leyenda: “Torcedor (hincha), gracias por batallar con nosotros este 2016. ¡Que se venga 2017!”

Pero 2017 no vendrá, o al menos no como en Chapecó lo imaginaban. “Queríamos ser conocidos por ser campeones, no por esto”, dice Márcio, mecánico, acompañado de su mujer y de su hijo. Y se lamenta: “Ahora, somos el equipo con más hinchas del mundo, por la razón más triste de todas”.

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Pensando en el velorio de este sábado, otro Márcio, empleado de hotel, rememora lo que sucedió en la semana, desde aquel lunes trágico hasta hoy, y se resigna con una sonrisa: “Sinceramente, no sé de dónde sacaré más lágrimas para seguir llorando”.

Hace una semana, Chapecó era conocida en Brasil por ser un importante polo agroindustrial, por su feria agropecuaria y por el éxito del Chapecoense, un conjunto pequeño que en 2009 estaba en la Serie D y que este año había llegado a una final continental. En Sudamérica, también, el club estaba alcanzando cierta fama.

Pero desde el momento en que el avión de la delegación se cayó en Medellín y dejó 71 muertos, la vida en Chapecó cambió para siempre. Por mucho tiempo, la ciudad no podrá dejar atrás su sino de tragedia.

“Todo está diferente ahora: nos sentimos solos, silenciosos, cabizbajos”, explica Jennifer. Y al instante, optimista, dice: “Será con mucha demora, necesitaremos tiempo, pero nos vamos a levantar”.

Y para concluir, señala: “En esta tragedia, muchos perdieron a su hijo, a su amigo, a su esposo. Los que tuvimos suerte y no teníamos ningún pariente, en cambio, perdimos a nuestro equipo”.

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