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Champions League: hay un entrenador en ti

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Juanan MOTA – Todas las personas tenemos dentro de nosotros a un político que haría mejor las cosas que los que se turnan en el poder, y también tenemos un deportista y un entrenador dentro de nosotros. Como deportistas vemos los fallos continuos de nuestros ídolos.

Que si Alonso se ha salido en una curva y ha perdido una posición, no entendemos como se ha podido salir ahí, no había peligro.
Que si Nadal no sabe sacar a más de 190 km/h. y claro así no hace ‘aces’ y no puede obtener puntos fáciles.

Que si Gasol no sabe defender, es un blando, sólo vale para meter canastas fáciles, que si los rebotes que coge son ‘porque le caen en las manos’.
Estos comentarios, los habrán oído en el bar, en la oficina, con sus amigos, sus familiares o al menos los habrán leído en twitter de expertos personajes en estos ámbitos. Como Alain Prost, Bjorn Borg o Dikembe Mutombo.

Seguramente, llámenme atrevido, lo que hayan leído u oído provenga del experto que se encuentra en el 5ºA de su edificio, y ya sabemos que su vecino del 5ºA se levanta todas las mañanas para irse al Jarama a correr con su bólido, o entrenar con Sergi Bruguera para mejorar el revés o ir a Magariños a defender a Nacho Azofra.

Todos, hemos criticado una alineación del entrenador de turno y hemos variado la opinión en función del resultado, porque claro, si saca trivote rocoso y ganas fuera de casa, pues fenomenal, ¡qué baño táctico!. En cambio si el mismo trivote tiene controlado el partido y encajas un gol, eres un defensivo, no has querido ganar el partido y ya, eres el peor entrenador del mundo, y tú, desde el sofá comiendo palomitas y con un tercio de cerveza fresquito, eres el Brian Clough del siglo XXI.

El trabajo que tiene un entrenador de preparar física, táctica y psicológicamente a un grupo es brutal, imagínense como nosotros, meros aficionados al fútbol, nos levantamos cada mañana con un cosquilleo en el estómago cuando juega nuestro equipo un partido importante, imagínense la presión de un entrenador y su grupo de trabajo para preparar a unos profesionales que se juegan el todo o nada en 90 minutos.

Una eliminatoria que dura 180 minutos en un continuo cambio de piezas por parte de entrenadores que sólo buscan maximizar daños al rival y minimizar daños que pueden ser definitivos en una ida de competición europea.
En el recuerdo de Mourinho, estaría el 4-1 de Dortmund del 2013, que le dejó con pocas opciones para la vuelta, que las tuvo. Este año pensó que lo mejor para su equipo era defender y no conceder espacios a Diego Costa e intentar en algún balón largo a Torres o alguna jugada a balón parado el gol para el Chelsea.
Simeone buscó el ataque estático con la entrada de Diego Ribas en el ataque posicional, abriendo el campo con los laterales y buscando la cabeza de Raúl García siempre entre Cole y Terry.

Ancelotti buscó las transiciones rápidas en la primera parte y en la segunda mitad intentó presionar la salida del balón del Bayern Munich para evitar que los alemanes estuvieran tanto tiempo con el balón como en la primera mitad.
Pep Guardiola fue fiel a su estilo, posesión y movimiento entre jugadores, aunque no fue efectiva ante la buena defensa madridista.

Cuatro estilos, cuatro planteamientos distintos, mucha riqueza táctica, y sí, para que negarlo fútbol poco vistoso, el aficionado casual de las grandes citas futboleras se horrorizaría en alguno de los dos encuentros.

Decir que quedan 180 minutos, como mínimo, para la próxima semana, para que desde su sofá preferido disfrute de la mejor competición del mundo de clubes, la Champions League.

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