Valencia

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Cesare Prandelli, el rey de los mundanos

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Visto de lejos, elegante. De cerca, experto, fiel y convincente. “No somos los mejores pero podemos ganar a los mejores” es una de los pensamientos que copan sobre sus ideas. Cuerpo de entrenador, mente de gladiador. Más batallas que años a sus espaldas. Cesare Prandelli llegaría a Valencia como cura a la enfermedad. Un Valencia sin rumbo ni identidad es acogido por un entrenador que se atrevió a cambiar la idea de un país fiel a su cultura. Como diría Toni Vilalta, la escuela italiana es algo moñas, menos en el fútbol. Pues bien, Cesare recogió un desastre y lo hizo finalista de Europa. De la Italia de 2010 a la de 2016, hay muchos cambios y solo dos nombres, Cesare Prandelli y Antonio Conte. Una nueva concepción del balón.

Prandelli jugó con la Juve de Cabrini y Platini antes de sentarse en los banquillos del Atalanta, Parma, Fiorentina, la azzurra o el Galatasaray, única aventura lejos de la bota de Europa. 23 años en los banquillos y 59 de pensador para dotar de una identidad a un equipo sin alma. ¿Atrevido? Sí, la verdad. ¿Loco? No, cotidiano. Para Cesare, el fútbol no resulta tan importante. Uno debe saber disfrutar de los beneficios del balón; el sueldo, los viajes y sobre todo el trato con los jugadores y la amistad, necesario para expresarles su afecto “La fiscità” en términos entendidos para el entrenador.

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El italiano menos italiano, no le gusta esperar sentado. Quiere el balón, crecer desde un punto de vista mental y del juego. Conseguir resultados a través del juego, lo considera esencial. “Me encanta que en España haya una pañolada porque se gane jugando mal“. Para Cesare, el juego es determinante. “Con juveniles, uno se da cuenta que si juega mejor que el rival, la victoria a la larga es una seguridad“. Prandelli ocupó el cargo de seleccionador nacional de Italia a la conclusión del Mundial 2010. Entonces, en Sudáfrica, La Azzurra fue superada por Paraguay, Eslovaquia y Nueva Zelanda, y tampoco pasó la fase de grupos. Tras el fiasco, Prandelli sustituyó a Marcelo Lippi, el técnico que había logrado el título mundial en Alemania 2006. De su etapa como seleccionador, a rescatar el 2-1 frente a Alemania con la mejor versión vista sobre un terreno de juego de Mario Balotelli.

¿Qué veríamos en el Valencia?

4-2-3-1, 4-3-3 o hasta un 3-5-2. Lo importante es aprovechar la amplitud del campo, manteniendo siempre la distancia justa. Si no hay talento al que agarrarse y sobre el que construir algo, pues mejor construir un equipo. Lealtad, juego limpio, seriedad y compromiso social siempre le han llevado por el camino indicado. Cuando vio que su etapa había finalizado, dimitió. Hombre como pocos.

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Mestalla, a día de hoy, quiere resultados. Prandelli, camina sobre su idea para conseguir resultados. Tiempo no queda y experiencia le sobra. A destacar, su primera gran aventura lejos de Italia. En nombre, ya ha ganado a los últimos que se han sentando en el banquillo de Mestalla en los últimos años. Ahora, a través de la fiscità, dotar de identidad a un equipo con cuentas pendientes. El Valencia es grande y no merece más desastres. Prandelli tiene que curar, un quehacer mundano. Mientras, creer en la nostalgia, la única distracción posible para quien no cree en el futuro.

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