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Catenaccio ciclista

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En realidad ya no es ninguna sorpresa para nadie. Carreras que quedan bloqueadas durante todo su recorrido hasta decidirse exclusivamente en los últimos diez minutos de competición, cuando no directamente en el último golpe de riñón. ‘Ciclismo Youtube’ fue la nada desacertada denominación que se impuso desde el cambio de rumbo de la Vuelta a España hacia los finales en alto y las rampas imposibles.

En el tríptico de clásicas de las Árdenas esa es la tónica impuesta en los últimos tiempos, refrendada en las ediciones más recientes. Poco de interés sucede durante la mayor parte del recorrido, pese a estar jalonado de cotas. Solo los puntos clave a un paso del final son decisivos, ya memorizados, como el ascenso al Cauberg en la Amstel Gold Race y el Muro de Huy en Flecha Valona.

Un vistazo a estas dos carreras en 2015: en Amstel llegó un pelotón numerosísimo a la base del Cauberg, sin ningún movimiento anterior que endureciese el transcurso del recorrido. El BMC de Gilbert echó el cerrojo y movió sus piezas exactamente donde estaba previsto, con Hermans y el propio campeón valón, aunque el triunfo final se lo llevó Michal Kwiatkowski con el maillot arcoíris en un sprint con otros 17 ciclistas.

En Flecha Valona, solo la acertada inclusión de la cota de Cherave unos kilómetros antes del final evitó un guion similar en Huy. Eso sí, en el propio muro, ya dentro de los últimos 500 metros, directamente nadie atacó. Alejandro Valverde, comodísimo y varios peldaños por encima de sus rivales, se limitó a controlar la cabeza del pelotón y con una pierna venció su tercera Flecha (una antes de su sanción, otra el año pasado), que le coloca a la altura de los mejores en esta carrera.

No es tanto una cuestión de recorrido, sino de actitud. Los mejores ciclistas poseen características similares y cuentan con los equipos más potentes para poner el cerrojo y aguantar hasta la explosión final. Los valientes como Vincenzo Nibali o el joven Tim Wellens son excepciones, un tipo de ciclista cada vez más raro al que solo le vale ganar, no un puesto de honor. El resto de movimientos destacables son protagonizados en su mayoría por terceros espadas de las principales escuadras.

Estos equipos neutralizan de este modo cualquier libertad, aplicando, si se permite el símil futbolístico, su catenaccio. Un sistema que supone que cualquier ataque sea un intento condenado a golpearse de frente contra un enorme muro. Y que esas carreras rotas desde lejos, esas clásicas intensas de luchas cara a cara durante kilómetros sean un recuerdo cada vez más vago.

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