Motociclismo

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Carta abierta a Rossi, Márquez, Lorenzo y cía

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Señores Valentino Rossi, Marc Márquez, Jorge Lorenzo… y todo aquel que vaya a tomar parte en la carrera de MotoGP del Gran Premio de la Comunidad Valenciana:

Esto es sólo una ingenua misiva nacida del deseo de que competitividad y ‘fair play’ recuperen su coexistencia de cara a Cheste.

Porque, como tantos otros, en Sepang vi cosas que no me gustan:

No me gusta que se arrincone a un piloto.

Ni que se le ralentice sin necesidad.

Ni los pulgares hacia abajo en el podio.

En primer lugar, me van a perdonar que no entre al trapo de juzgar si la acción detonante de esta vergonzosa escalada de acusaciones y reproches fue patada, leve contacto, empujón con la rodilla o acto reflejo. Me da exactamente igual. Estamos llegando a tal extremo en el que el análisis de las causas de la situación pierde su sentido… por el miedo a las consecuencias.

No existe telemetría en el mundo que me quite la idea de que, en Sepang, Márquez actuó mal, Rossi actuó muy mal y Lorenzo dejó pasar una inmejorable ocasión de quedar como el bueno de la película, papel que volvió a recaer en el siempre político Pedrosa.

MotoGP es una competición por equipos, no por países. Para ello, se podría –y estaría genial- crear un ‘MotoGP de las naciones’ a imagen y semejanza de modalidades como el motocross y el trial; en las que durante un fin de semana los pilotos representan a sus respectivos estados sumando puntos en diversas carreras y coronando finalmente a un país ganador.

Por ahora, no es así. En MotoGP hay tres clasificaciones: pilotos, constructores y equipos. Punto.

Por lo tanto, no creo en alianzas. Ni españolas, ni italianas, ni indonesias. Creo en el ‘fair play’, en la competición, en las carreras en las que cada piloto lucha única y exclusivamente por finalizar en la mejor posición posible.

Tampoco soy un enfervorizado creyente de las órdenes de equipo, si bien las comprendo. Hay demasiado en juego como para que un piloto no ayude a su compañero a ganar un título en un momento determinado (véanse los casos de Marco Melandri y Loris Baz en el Mundial de Superbike 2014).

Pero, en este 2015, los implicados en la batalla final son, precisamente, compañeros de equipo. En principio, esto debería suponer la total ausencia de ayudas y/o trabas por parte del resto de la parrilla; y –quizás ingenuamente- espero que así sea en el Ricardo Tormo.

Mi esperanza reside fundamentalmente en la firme creencia de que todos los pilotos de MotoGP son –antes, después y por encima de dicha condición- amantes del motociclismo. Que si hoy en día forman parte de la máxima categoría de este precioso deporte es porque, muchos años atrás, se enamoraron de él y soñaron con llegar algún día hasta donde hoy están.

Y es justo ese amor la diana a la que disparo mi apelación.

Dirijo esta misiva –a sabiendas de que sus destinatarios no perderán su tiempo en leerla- a tres pilotos en concreto, y creo que es de justicia establecer y razonar los motivos.

Me dirijo a usted, Don Valentino Rossi; porque considero impropio de su persona reaccionar de la forma en la que lo hizo al envite de Marc Márquez en Sepang. Siendo plenamente consciente de lo que se juega (¡igualar a Don Giacomo Agostini, nada menos!), ni puedo ni debo justificar su actitud en aquella curva, con o sin patada. Las miradas desafiantes hacia atrás, la exagerada disminución de la velocidad de su M1… Usted sabe a lo que me refiero, eso no se hace.

Me dirijo a usted, Don Marc Márquez; porque si algo le ha caracterizado desde sus inicios es la sempiterna búsqueda de la victoria cualesquiera que fuesen las circunstancias. Y en Sepang no fue así. Entiendo que, airado por los reproches vertidos hacia su persona en la rueda de prensa previa, lo convirtiese en algo personal. Pero no hubiera existido mejor réplica posible que salir a ganar, hacerlo y demostrar que usted compite simple y llanamente por sí mismo.

Me dirijo a usted, Don Jorge Lorenzo, por dos motivos: por un lado, porque su gesto en el podio malasio afeó su intachable actuación en la carrera; pero, sobre todo, porque al ser uno de los dos candidatos al título, está en el ajo como el que más. Y, por lo tanto, porque al igual que sucede con sus dos compañeros, también está en su mano avivar el fuego o contribuir a apagar las llamas.

Además de Vale y Marc, por ser parte activa de este bochornoso espectáculo que ha trascendido más allá del motociclismo llegando a los estratos más bajos del pseudo-periodismo; y a Jorge por estar irremisiblemente en medio del mismo; también me dirijo a Dani Pedrosa, Andrea Iannone y todos los pilotos de MotoGP que, mediante su actuación en Cheste, puedan afectar de forma directa o indirecta a la resolución del campeonato.

Ustedes son deportistas. Han firmado un juramento tácito debido a su condición y, de igual forma que se alejan de sustancias para mejorar su rendimiento de forma ilícita, deben deponer actitudes similares que, de forma equivalente, puedan llegar a resultar nocivas en pista.

Y, además de deportistas, son un ejemplo. Les guste o no. Más allá de la burbuja del paddock existen hordas de seguidores dispuestos a justificar cualquier actitud de su ídolo, a creer a pies juntillas su versión y, los más ‘futbolizados’, a batirse en duelo con seguidores de sus contrincantes. Gente que no ha entendido nada, y que por supuesto no les representan, pero que sí creen estar legitimados para hacerlo. Piensen en ello.

Ah, sí. También podría dirigirme a Dorna, pero se encuentran en otra onda completamente distinta. Ellos están con las audiencias…

#YoconelMotociclismo

Y que gane el mejor.

 

Atentamente: un modesto periodista que, antes y por encima de dicha condición, se enamoró del motociclismo y un día soñó con ser un trovador de sus andanzas, y que se niega a despertar de tal sueño.

Fdo: Nacho González ‘Swinxy’

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