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Carta abierta a los aficionados de Las Palmas

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A mis vecinos.

¡Hola gente! ¿Cuánto va a durar la fiesta? Porque tienen que estar de fiesta, digo yo. La ocasión lo merece. Por delante, dos semanas de liderato. Suena precioso, ¿eh? ¿Qué puedo decir? Disfruten, de verdad, disfruten. Sean felices con lo que están viviendo, porque el tiempo es efímero y de repente un día todo queda atrás. Disfruten y no pongan pegas a lo que pueda llegar más tarde. No se marquen metas en el horizonte, ni piensen en el destino. Solo gocen del viaje. Y déjense llevar. Por esos jugadores, por ese entrenador. Y por una manera de entender el fútbol que va más allá de resultados.

Yo no puedo hablar de más historia que la conozco por papel, pero sí de emociones por las vividas en cuerpo presente. Seguro que hoy están todos por ahí en una nube, aunque en las islas el cielo suela estar despejado. Creo de verdad que a pesar de que vayan a dormir casi quince días en lo más alto de la tabla clasificatoria, todavía no han tocado techo. Y lo digo por lo que llevo viendo de unos años para acá. La lucha por el ascenso, la materialización del mismo, y una primera campaña que, tras un mal inicio, resultó excelsa para tratarse de un reencuentro con la competición de mayor nivel de exigencia del país. Anda que si llega a durar un mes más, se me meten en Europa. De modo que sigo creyendo que lo mejor está por llegar, que aun hay margen por arriba. Yo la temporada pasada me dejé caer por el Estadio de Gran Canaria en algún que otro encuentro, por aquello aprovechar las visitas que hago a gente que tengo por ahí (sin ir más lejos, mi ahijada, uno de los amores de mi vida, es canariona), y se respira un aroma fantástico. Además, la remodelación de las grada no ha quedado nada mal. La primera vez que vi a vuestro equipo lo hice en el Insular y era una bombonera. Mi estreno en el nuevo estadio llegaría con motivo de un derbi en Segunda A. Yo, ahí, con mi camisa del C.D. Tenerife, en medio de tanto amarillo (iba con paisanos suyos, así que no se preocupen, estaba a salvo). Ese día me resultó un poco frío, no fue igual que en el antiguo coliseo. Aunque ahora, tras el arreglo, sí que los jugadores deben sentir el calor de una afición que, dicho sea de paso, empuja como pocas.

 

Pero yo les iba a contar algo de la historia, o de emociones… ¡Ya recuerdo! Está relacionado con aquello de disfrutar que les comentaba al principio. Una vez yo vi jugar a la Juventus de Roberto Baggio en el Heliodoro Rodríguez López. Fue un 8 de diciembre de 1993. Meses antes la habíamos vuelto a liar privando en la última jornada, por segunda ocasión consecutiva, al Real Madrid de consumar el título liguero. Solo que esta vez tuvimos premio: jugamos la UEFA. Y, aunque en la vuelta nos eliminaron, nos dimos el gustazo de ganar aquel partido. Un par de años más tarde repetimos experiencia, alcanzando nada menos que las semifinales del mismo torneo. Por el camino dejamos, por ejemplo, a la Lazio de Nedved. A partir de ese momento nos creímos importantes (que no digo que no lo fuésemos, solo que nos vinimos arriba fácil). Empezamos a pensar en los resultados más que en otros aspectos y, por lo que fuera, tras Valdano y Heynckes no volvimos a repetir semejantes hazañas. Cegados por nuestra propia gloria, exigíamos más cuando los tiempos de bonanza habían abandonado las islas con los vientos alisios. Incluso tras haber descendido y llegar a tocar fondo en el pozo de la Segunda División B, había quien seguía pensando que éramos un equipo grande. Y a pesar de que eventualmente hemos regresado a la élite, ya nada se ha acercado a aquella hermosa etapa de los 90. Les voy a contar un secreto ahora que pocos leen: debimos haber disfrutado cada segundo de esa maravillosa vivencia, en lugar de pedir más, y más, y luego más aun. Porque en este deporte, como en la vida, todo es cíclico.

amarillo

Hoy levanto la mirada desde aquí y veo esa isla enfrente. Imagino tanta felicidad… Es alucinante, lo que está sucediendo, y lo que queda por venir. Pero quiero, más que advertirles, aconsejarles si me lo permiten. Desde el cariño, ese que se tiene entre hermanos. No esperen un cuento de hadas como el del Leicester. Que ojalá. Y tampoco desearía idas de cabeza pensando en competiciones europeas antes de tiempo. Que, de no ser posible lo primero, ojalá eso entonces. Piensen que el objetivo es seguir estando entre los mejores, porque cuando (como nos ocurre a nosotros en Tenerife ahora) no se está (en nuestro caso desde hace tanto que duele) es cuando se valora. Créanme si les digo que el premio es poder ir al estadio cada poco a ver fútbol de primera. Y que dure. Sobre todo que dure. Por cierto, que el fútbol de primera también lo ponen ustedes, que vaya cómo tocan el esférico. Tal vez por eso se hayan dado tantos casos de fiebre amarilla recientemente en España. Es un placer para el espectador neutral ver a sus chicos jugar a esto. Diría que pocos equipos tratan tan bien el balón en Europa. Homenaje continuo al fútbol. Así que olviden los resultados, los objetivos y los deseos. Simplemente sigan disfrutando. Cada día de partido del partido del día. Da lo mismo el siguiente. No importa lo que venga, lo bonito es lo que está sucediendo. Carpe diem, que decían en aquel club de poetas.

Con afecto, se despide un tinerfeño.

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