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Una ‘Roca’ de color violeta

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La llegada de Carlos ‘La Roca’ Sánchez a Florencia parecía una incoporación destinada a mero relleno para el fondo de armario de la plantilla de Paulo Sousa, dentro de un exiguo mercado general marcado claramente por las apuestas y las necesidades puntuales y no por las certezas ni los jugadores diferenciales. Ninguno iba a darle otra cara al equipo.

Valenciennes, un descenso administrativo en el Elche y dos años más tarde, una nueva pérdida de categoría, esta vez sobre el césped, con un Aston Villa donde nunca llegó a instaurarse como un titular irrevocable en las alineaciones de los de Birmingham. No eran, en efecto, un currículum que despertase demasiadas ilusiones entre los tifosi viola.

Sin embargo, lo que se ha encontrado el Artemio Franchi, y lo que el propio Sousa ya sabía pero no quería contar, es que Carlos Sánchez permite a la Fiorentina ahondar en la idea que ha implantado el técnico portugués desde que suplió a Vincenzo Montella: seguir tratando bien el cuero para jugar y mandar en la mitad de campo rival pero ganando mucho en cuanto a solidez defensiva por el camino. Mucho es mucho. Una tarea francamente ardua. Y en ese cometido específico el colombiano ya demostrado ser un factor clave prácticamente desde el primer día.

El partido de Carlos Sánchez en la victoria de la Fiorentina en casa frente a la Roma fue sencillamente bárbaro. Es muy posible que no fuese, ni vaya a ser nunca, el mejor futbolista viola sobre el césped pero sí se erigió como el más importante para mantener unida y férrea la estructura táctica en forma de 3-4-1-2 de su entrenador como primer o segundo iniciador, como pegamento de contacto entre las líneas de su equipo, como hilo conductor en la asociación más primeriza pero sin tener miedo a avanzar ni a verticalizar, como abrumador elemento físico y como acaparador de metros y metros hacia delante y hacia atrás.

Junto a Milan Badelj, con quien podrían parecer a priori jugadores demasiados iguales posicionalmente para una buena compenetración entre ambos en la medular, Carlos Sánchez hizo inútiles los metros de intensidad que recorrió un solitario y pluriempleado Nainggolan, a quien venció en la mayoría de los duelos individuales. Palabras mayores para estar hablando de uno de los mejores y más efectivos todoterrenos de la Serie A.

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La posición del pivote colombiano aparecía en un segundo plano al inicio de la jugada durante los primeros compases del partido pero conforme fue dando aplomo y seguridad a sus compañeros, se erigió en el rey de la medular, permitiendo al croata soltarse unos metros más arriba y amarrando sin miedo las riendas del ritmo de juego, con pases siempre intencionados y certeros hacia la zona de tres cuartos. El movimiento que, en definitiva, acabó dando los tres puntos a la Fiorentina sobre la Roma.

Un conjunto viola que acusó una dolorosa pero lógica derrota en el Juventus Stadium en la primera jornada y al que le falta por disputar la tercera jornada en Génova debido a la lluvia torrencial pero que ha ganado sus dos partidos por dos pragmáticos e ilustrativos 1-0, ambos con Carlos Sánchez como piedra de toque y factor táctico diferencial para un equipo que no hace mucho tiempo acostumbraba demasiado a partirse por la mitad.

Y es que la mezcla de poderío físico, contención, sentido posicional, capacidad de sacrificio y sobresaliente pie para las entregas permiten, además, que Borja Valero fluctúe dibujando un semicírculo de la zona del interior izquierdo hacia la mediapunta con todo la libertad como un funambulista con red en plena función.

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El español es el cerebro y eje de todos los ataques de la Fiorentina, el hombre señalado por el que deben pasar los balones en la zona decisiva para que la jugada mejore con sus toques clarividentes y pueda llegar a buen puerto. Y Carlos Sánchez posibilita que el ex del Villarreal campe a sus anchas, tan cómodo como si jugase con las manos en los bolsillos. Un contexto que Borja Valero agradece por haberlo echado tanto en falta en los últimos años y que la Fiorentina acusaba sobremanera, especialmente cuando el equipo la perdía cerca de la frontal adversaria. Un desajuste obvio que ‘La Roca’ ya está en vías de erradicar.

Su aspecto de sexto hermano Jackson ciclado y latino ciertamente impone respeto alrededor de su área de influencia tanto por arriba como por abajo pero dentro de su limitado ratio de acción casi siempre perpendicular a ambas líneas de fondo y falto de electricidad, Carlos Sánchez es un futbolista muy bien dotado técnicamente que puede ser un compañero de lujo tanto para el más proactivo Matías Vecino -a quien ya ha levantado su anterior lugar como titular- como, sobre todo, para el cerebral Badelj.

Un trío capaz de ir rotando y de mantenerse toda la temporada por encima de un diferencial 90% de acierto en pases del que no demasiados equipos pueden presumir. Casi ninguno. Rasgo básico para el dominio estable, sereno y robusto que busca y está encontrando Paulo Sousa. Para ganar en competitividad, a fin de cuentas. Para plantar cara a los grandes con las armas de siempre pero con mejores escudos. Para convertirse por fin en una ‘Roca’ de color violeta envuelta la ya habitual tela de fútbol coral, asociativo y estético que ha pasado a ser marca de la casa en Florencia. Un necesario todo en uno que ha descubierto en Carlos Sánchez a su gran facilitador.

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