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Carlos Casemiro o el equilibrio desapercibido

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Tuvo que ‘emigrar’ a Porto para que sus virtudes se hicieran visibles a los ojos del mundo futbolístico. Pese a que sus participaciones en la pretemporada madridista no pasaron desapercibidas para la más fiel afición madridista, como tantos otros jóvenes valores de la fábrica blanca, Casemiro debió demostrar en tierras portuguesas que, efectivamente, estaba más que preparado para formar parte de la plantilla merengue, y no sólo eso, sino que estaba preparado para llevar el peso defensivo de la medular de un conjunto plagado de estrellas como es el Real Madrid.

Y Carlos Casemiro regresó. Curtido en mil batallas en el fragor de la liga portuguesa y en la dificultad de las plazas europeas, el mediocentro brasileño se ganó el derecho a cumplir su sueño de formar parte del mejor equipo del siglo XX. Con una participación irregular en el inicio de la pasada temporada, el nombramiento de Zinedine Zidane como nuevo entrenador del enésimo proyecto de Florentino Pérez al frente de la nave blanca se convirtió en la gran oportunidad de un Casemiro que se ha hecho imprescindible para el técnico francés desde su llegada. Con él instalado en el pivote del equipo, los blancos lucharon la liga hasta el final y consiguieron proclamarse campeones de Europa derrotando en la tanda de penaltis a sus vecinos del Atlético de Madrid.

Sin embargo, la labor de Casemiro siempre se ha escondido a la sombra de las grandes actuaciones de las estrellas de la galaxia madridista. Cristiano Ronaldo, Bale, Modric y el héroe de la ‘Zona Cesarini‘ Sergio Ramos han estado continuamente en el escaparate mediático, mientras el bueno de Carlos ejecuta cada encuentro una labor milimétrica en el trabajo táctico y de recuperación del centro del campo del actual campeón de Europa.

En la noche de ayer, Casemiro saltó al escaparate a través del tercer gol de la noche, el de la tranquilidad para un Bernabéu que asistía a un partido de ida de los Octavos de Final de la Champions League ante el Napoles que se puso cuesta arriba desde el inicio. Un tanto de una extraordinaria belleza fruto de un golpeo perfecto, difícil de repetir. En cualquier caso, no es, sin ninguna duda, el gol su mayor virtud ni su más trascendente aportación al gran rendimiento del Real Madrid desde la llegada de Zinedine Zidane. Y ayer se produjo una nueva demostración de la trascendencia de la presencia de Casemiro en el Real Madrid.

Casemiro pugna un balón con Hamsik | JAVIER SORIANO/AFP/Getty Images

Casemiro, además de ser un portento en la faceta física, es un perfecto conocedor del juego. Como si de un veterano se tratase, domina la gran variedad de situaciones tácticas que rodean cada encuentro, posee un talento innato para la colocación sobre el terreno de juego y para la anticipación al pensamiento del rival, lo que le permite erigirse en el gran recuperador de posesiones para su equipo, el que permite la transición rápida del conjunto dirigido por Zidane y el que además elige a la perfección los momentos en que se necesita pausa.

Pero el joven centrocampista de contención brasileño no se detiene en su labor de recuperación y equilibrio táctico, sino que lo acompaña de un más que aceptable dominio del pase, tanto en corto como el desplazamiento largo, y una seguridad más que aceptable en el pase, lo que le confiere una fiabilidad destacable, no prodigándose en las pérdidas de balón.

Zinedine Zidane es consciente de la importancia de contar en sus filas con un jugador de las características de Casemiro, y es que en su época como jugador madridista Makelele fue de vital importancia a la hora de dar equilibrio a ‘Los Galácticos’. Ocurre que el brasileño es una versión mejorada del francés, un tipo excelente de equilibrio desapercibido. Un futbolista de un valor incalculable en los fantásticos parámetros de rendimiento de su equipo.

 

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