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Carletto, hay una carta para ti

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“Querido Ancelotti:

No pretendo engañarte. A ti, que tanto sabes de esto, que conoces el fútbol mejor que tu Reggiolo natal. Al principio, cuando se confirmó que venías al Madrid tuve sentimientos contrapuestos: sabía que eras un entrenador reconocido, pero quizás tu carácter, -ay ese maldito carácter que tantos problemas nos trajo- tan sereno, calmado, distraído, me parecía poco ajustado a la empresa que tenías por delante. Quizás el error fue pensar que con mano dura se gestiona tanta variedad de egos, tantos espíritus enfrentados. Oye, todos nos equivocamos.
Tengo que reconocer que tan solo fue al principio, ese momento en el que todas las dudas salen de golpe, y pensé que a lo mejor el rastro que dejó tu predecesor era tan alargado que suplir un vacío así era una quimera para cualquier entrenador. Porque, no sé si lo sabes, pero aún hoy siguen hablando de aquel: dejó tantas cuentas pendientes que solo la verborrea tertuliana puede dar cabida a estas circunstancias. Qué te voy a contar a ti que no sepas ya sobre esto, ¿verdad?

Pero oye, tiene guasa. Hizo falta que llegaras tú, con esa percha de gentleman tan propia de aquel país de la bota de Europa, con esa ceja eternamente en alerta y esa voz áspera de fumador empedernido para demostrarme que las personas “normales” también tienen hueco en esta selva de locos. Porque no veas cómo estaba y está el patio, Carletto. Aquí el más tonto hace relojes y parece que los tranquilos y sosegados espíritus son engullidos por la presión. Pero lo dicho, me has demostrado, nos has demostrado, que siendo educado, tranquilo y sonriente los éxitos también llegan. Que este deporte, que este club al que entrenas, todo un Real Madrid con su historia detrás, no es un reto que se deba llevar con formas dictatoriales ni malos modos. En eso, Carlo, te has doctorado. Y sin darte cuenta, solo por ser tú mismo. Sin engañar a nadie.

Fíjate que da la sensación de que tienes a todos contentos. Cristiano ya no está infeliz, le has abierto las puertas del campo a un lobo salvaje. Era lo que necesitaba, ¿no? Las estrellas han de ser tratadas como tal. Has campeado el temporal de Diego López e Iker Casillas hasta convertir en normal una excentridad histórica. Porque esto es así: lo que has hecho no lo ha hecho nadie en un club como el Real Madrid. Hay que tener bemoles, compañero. Pero te ha salido bien. Al final, los dos están contentos, los dos juegan y se sienten importantes. Continúo. Has resucitado a Coentrao, has dado un toque de atención a Sergio Ramos y mira en qué forma tan apabullante está ahora y has hecho de Carvajal el lateral que necesitaba el Madrid. Isco se ha sentido importante, ya el banquillo no le asusta porque ha aceptado su rol. Y has cambiado a Di María en un polivalente jugador, le has hecho aprender de su error. No has desdeñado el equilibrio en defensa y las contras fulminantes porque sabes qué jugadores tienes y cómo debes gestionarlo. Incluso Bale, que empezó con dudas, se ha hecho todo un hombre para defender. Y todo esto, que ahí es donde quiero llegar, sin una voz más alta que la otra. Las cosas importantes, y esto lo saben muy bien, se pueden decir en un susurro. No se pierde la intensidad.

Total, querido, que ahí estás. Con ese traje siempre bien planchado, ese toque de humor para con los periodistas y esa ceja que nunca descansa; pero ahí estás. En una final de Champions, con una Copa del Rey en la mano y a la caza del milagro en Liga contra el Atlético de Madrid. Y con mucha tranquilidad, porque se te ve seguro. Tienes tanta confianza en ti mismo que sabías que, tarde o temprano, acabaría por llegar. Te has convertido en el príncipe azul de un sueño que está a un paso: la Décima. Por eso todos, ahora sí, confían en ti. Porque hay buen rollo, y eso se nota. No hay división, hay ganas de ganar y triunfar, ganas de borrar recuerdos ingratos. Y todo esto, como tú eres, con tranquilidad, sosegadamente, piano piano. 

Y es que, Carletto, ¿será verdad eso que dicen que los buenos, al final, siempre ganan?”

por Alejandro Centellas

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