Champions League

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Cardiff parece más Real

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Hay partidos que hay que saber jugar, conocer cómo afrontar. Y el Real Madrid es una máquina engrasada y perfecta especialmente en una competición: la Champions League. Desde este factor intangible se comienza a explicar la victoria madridista en el encuentro de ida de semifinales ante el Atlético de Madrid.

Sin embargo, los componentes que explican un resultado amplio como el de anoche se manifiestan también visualmente. Las 11 Copas de Europa madridistas se exhibieron en la grada en los prolegómenos, premonición de la noche mágica que se avecinaba en el templo madridista. Desde el principio, el Real Madrid demostró tener un propósito, una idea, un objetivo que desarrollar sobre el césped que no era otro sino dominar desde la posesión y el control del encuentro. Un dominio sustentado en el equilibrio aportado por Casemiro, fundamental en labores de recuperación y eficaz en la distribución. Un mando alimentado por un Kroos ejemplo de perfección e inteligencia en el juego y sostenido por un Modric estelar cuya lectura de los ritmos necesarios en cada momento del juego volvió a resultar determinante.

De esta forma, con la seguridad ofrecida por un mediocampo enchufado, dirigió el conjunto madridista el destino del partido hacia la superioridad en la primera media hora. Una supremacía convertida en ventaja en el marcador en el minuto nueve, cuando Cristiano, sublime durante los 90 minutos, depositaba en la red un centro chut errático de Casemiro. Para entonces, Isco ya había entendido y asimilado su rol. El malagueño se movió entre líneas, ofreció apoyos y contribuyó al buen juego de su equipo sin el brillo mostrado en otras ocasiones, aunque no por ello siendo menos importante para el juego de su equipo, al que además apoyó enormemente con un sacrificio digno de elogio en las coberturas y en el repliegue para minimizar riesgos en las contras del conjunto colchonero. Isco sustituyó al ‘Expreso de Cardiff’ por lesión y contribuyó a encaminar a su equipo hacia una final que haría especialmente al galés.

 

La superioridad merengue fue tal durante los primeros 45 minutos que parecía tornar en desesperanza cuando la primera parte agonizaba, como si se temiera haber dejado con vida a un rival totalmente superado por las circunstancias. Más aún cuando Carvajal debía abandonar el terreno de juego, de nuevo lesionado. Sin embargo, la pareja formada por Ramos y Varane fue un muro de concentración durante los 90 minutos y no dio opciones en la renaudación a la esperanza rojiblanca.

El paso por vestuarios pareció equilibrar la balanza en el juego. Quizá un espejismo, puede que alimentada por un cambio de itinerario en el planteamiento del equipo local. El Atlético disfrutaba de mayor posesión, mas no encontraba el camino a la portería rival. El Real Madrid se sentía cómodo, aunque el desgaste comenzaba a hacerse notar, especialmente en la figura de un Isco sacrificado por el equipo, que dejó su lugar a Marco Asensio, ovacionado, entendiendo el Bernabéu la tremenda aportación del de Arroyo de la Miel al buen nivel ofrecido hasta entonces por su equipo.

Si Isco fue despedido entre aplausos, Asensio fue recibido con la expectación propia de quienes son conscientes de que un jugador cambiará el ritmo del encuentro. El mallorquín no defraudó y fue clave desde su inclusión, aportando frescura, descaro y profundidad a un equipo que olía sangre y conocía la vía para hincar el diente. Y así, con la constante amenaza de Marcelo, más comedido que en otras ocasiones en sus incorporaciones al ataque, Benzema hizo tangible su participación fijando a Godín y asistiendo a Cristiano para que el portugués fusilara a Oblak. La diferencia en el marcador se ajustaba a los méritos de ambos y obligaba al Atlético a arriesgar en busca de un gol que ofreciera esperanza para la eliminatoria.

En ningún momento los de Simeone consiguieron inquietar la portería de Keylor, al que no exigieron nunca, y Zidane lo tuvo claro. Era el momento de Lucas Vázquez, un jugador que siempre aporta, un estilete a la contra sacrificado a su vez en tareas defensivas. El gallego interpretó a la perfección la situación y aprovechó una contra para llegar a línea de fondo y servir en bandeja a Cristiano para que éste, participativo y efectivo como siempre en las grandes citas, completara su hat trick.

El Bernabéu fue una fiesta hasta el final, acompañando las combinaciones de su equipo con ‘olés’ que simbolizaban una noche perfecta en el templo madridista de un equipo impecable en su competición favorita. El Real Madrid dominó los tiempos, eligió el ritmo adecuado para cada fase del encuentro y controló todos los aspectos del juego de inicio a fin, obteniendo el mérito de minimizar a un rival que ha demostrado con creces poseer un nivel muy superior al mostrado en el Bernabéu.

Fue una noche excelente para el madridismo, para sus jugadores y su afición. En la excitación de la victoria, no debería pasar desapercibida la aportación de Zidane a una noche mágica, la contribución de un entrenador que realizó una lectura perfecta de las necesidades de su equipo efectuando las sustituciones y variaciones adecuadas a cada momento. Una visión constatada con el momento clave del partido: la salida de un Isco exhausto por el esfuerzo y la entrada de un Marco Asensio fundamental para certificar la goleada.

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Cardiff parece ahora más Real que Atlético, y lo aparenta especialmente por el estado de forma en el que se encuentra toda su plantilla, un mérito más que añadir a la nómina de su entrenador, que ha sabido dosificar esfuerzos entre sus componentes para llegar al momento álgido de la temporada en plenitud de facultades. Quedan 90 minutos. Nada es imposible. El Calderón deberá confirmar si en Gales veremos al Real o, quizás, al Atlético.

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