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Canchas de patio: De Jordan a LeBron, pasando por Kobe

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Hacía frío. El reloj marcaba las once y media algo pasadas. La alarma que indicaba el comienzo del recreo ya había dejado de sonar. Bocata en mano me dirigía a la pista de baloncesto. Allí hacíamos equipos y a jugar. No importaba el rival, solo importaba tener un balón para tirar a canasta.

Fallo, fallo…acierto. No está mal, una de tres. Recibo otra en la esquina y…..triple. Me animo, robo, salgo al perímetro, como indica uno de los pocos requisitos en las canchas del patio, entro en la zona, no la paso, bandeja….otra más. Estoy en racha. Parezco Michael Jordan, me digo para mis adentros. Ni le había visto jugar y sin embargo sabía que era el mejor.

Soy de una generación que creció con Jordan de fondo. Éramos demasiado jóvenes para ver al 23 y recordarlo, no podíamos acordarnos de su época más dulce, pero su presencia no nos fue ocultada. Era tarde para verle en plenas facultades, pero tuvimos la fortuna de seguirle un tiempo, aunque fuese lejos de casa (en sus años con Washington Wizards) y en su despedida.

En cuanto tuvimos la capacidad para lanzar a canasta, nuestros más allegados nos hablaron de él, Michael Jordan, el jugador más grande al que habían visto sobre un parqué.. Atlético como ninguno. Driblador y vacilón, sacando la lengua en tono guasón. Te engañaba con un truco de manos, y sentenciaba a posteriori el partido con una canasta sobre la bocina. Así era Jordan nos decían, y no les faltaba razón.

North Carolina su escuela. Chicago su casa. Los Bulls su tropas. La NBA su reino. Seis anillos su palmarés, y el mundo entero su admirador. Trayectoria impecable que le encumbraba, y actuaciones monstruosas que le generaban seguidores a lo largo y ancho del planeta tierra…y quien sabe si en algún otro también. En cuanto pudimos, comprobamos que Jordan no parecía humano jugando al baloncesto.

Más tarde ya empezamos a ver la NBA más a menudo, aunque fuese a través de resúmenes semanales. Seguir la actualidad de la mejor liga del mundo dejó de ser un problema, que no una aventura interesante. Nos las ingeniábamos como podíamos para enterarnos de lo que ocurría al otro lado del Atlántico. Periódicos, la radio y el siempre útil teletexto mis canales favoritos. Y entonces, nos dimos cuenta, que había llegado un nuevo elegido para relevar a Jordan.

SAN ANTONIO, TX - JUNE 05:  Tim Duncan #21 of the San Antonio Spurs reacts after a basket against the Miami Heat during Game One of the 2014 NBA Finals at the AT&T Center on June 5, 2014 in San Antonio, Texas. NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that, by downloading and or using this photograph, User is consenting to the terms and conditions of the Getty Images License Agreement.  (Photo by Andy Lyons/Getty Images)

Entre Tim Duncan, Shaquille O’Neal y muchos nombres más que empezaban a sonarnos, la figura de Kobe Bryant se erguía entre las demás. Talentoso, con descaro, canastas ganadoras y días por encima de los 40, 50 y hasta 60 puntos. Una nueva joya a la que ya queríamos imitar cuando salíamos a jugar con los colegas. Nuestros padres tuvieron a Jordan, y ahora nosotros le teníamos a él.

La ‘Mamba’ era el ídolo de muchos, una inspiración y un referente en mayor o menor medida para todos los que amábamos el baloncesto. Su nivel estaba fuera de duda alguna. Estaba destinado a dejar su huella en lo alto de la pirámide, junto a los más grandes de todos los tiempos.

Sin embargo, no voy a negarlo, yo era más de Iverson. El base de los sixers me fascinaba. Quizás fuese porque me identificaba con su posición en la pista. O quizás mi admiración venía dada por sus acciones espectaculares, pasando por encima de gigantes que a mi juicio le “doblaban en altura”, las cuales me parecían imposibles. Recuerdo que incluso centré en su trayectoria una disertación en la asignatura de Lengua. Un genio el 3 De los 76ers.

No quiero olvidarme tampoco de Vince Carter y Paul Pierce, otros talentos que durante mis primeros años como aficionado al baloncesto, no dejaba de repetir cuando me ponía a explicar, a todo aquel que me prestase atención, las diferencias entre unos y otros, y los resultados más reciente en la liga norteamericana.

Pero dejando estas batallitas a un lado, de repente pasamos a una época de esplendor aún mayor a la anterior. Salían jugadores por todos los lados. Wade, Carmelo, Paul y sobretodo LeBron. Enseguida empezaron a sobresalir. Se avecinaba un cambio de aires. James parecía destinado desde el comienzo a convertirse en el nuevo Rey de la liga, pero Kobe seguía ahí, y los niños queríamos seguir anotando como él.

‘King’ James intentaba una y otra vez su asalto al trono, pero entonces Bryant estableció una alianza con Andrew Bynum, Lamar Odom, Derek Fisher, su hermano Pau Gasol, y todos sus secuaces de los Lakers, poniendo con ella dos anillos en sus manos (2009 y 2010), acabando con toda duda de quién era el más grande, en activo. En la historia, Jordan todavía estaba un poco más arriba.

New York Knicks v Cleveland Cavaliers

No me quiero olvidar de los Spurs, cuyo mandato fue largo y anterior al de oro y púrpura, y en el cual hubo una brecha por la que se colaron primero Detroit, mis queridos Pistons (2004), y después Miami (2006), todo ello con los Suns de Nash y Stoudemire dando guerra. Que combo tan espectacular, como espectacular que nunca llegasen a ser campeones. Una de las injusticias más grandes que vi sobre un parqué.

Todas aquellas estrellas del baloncesto, eran la inspiración para muchos chavales a la hora de saltar, anotar o driblar como verdaderos jugadores de la NBA en sus ratos libres, pero las generaciones pasan, y ahora son otros los referentes.
Los más jóvenes, ya no quieren ser Jordan, ahora hablan de LeBron como el rey, y es normal, es su era. Si lo han visto jugar, no pueden decir otra cosa (por mucho que sus familiares sigan hablando de MJ), al menos, claro está, que hayan visto a Stephen Curry en estado de gracia. Es entonces cuando saltan las dudas. Vaya dos fenómenos. Como elegir entre papa o mama. No se puede. Menos en algunos sitios, donde la elección es obligada.

Los niños de Cleveland quieren ser LeBron, pero enchufarlas como Irving.
En la bahía prefieren a Curry, pero sacan musculitos a lo Draymond Green.
Más allá, por Oklahoma, no dudan en volar como Westrbrook.
Si pasamos por San Antonio, la intensidad de Leonard se refleja en cada partido, pero quieren ser leyendas como Duncan.

En una parte de los Ángeles se sacan asistencias imposibles de la chistera a lo Chris Paul, mientras en la otra, lloran la marcha de Kobe. Volando hasta Indiana, quieren asaltar el trono como Prince George, o si nos decantamos por Detroit, bien seguro que de mayores querrán ser Bad Boys en la zona como Drummond.
Y por supuesto, los nostálgicos de Chicago, no se olvidad de Jordan, pero sus hijos sueñan con ver a los Bulls campeones, de la mano de Wade, Butler y Rondo.

Muchos nombres, muchas estrellas, y muchas mas, que no son citadas aquí pero merecen la misma importancia que los aquí presentes. Lo importante no es que sean estrellas de la NBA, como en este caso, o de la WNBA o de la ACB o de cualquier otra liga, lo importante es que todas ellas den ilusión a un niño/a, y que esta, le traslade por un instante, a un remoto futuro en el que salta a un pabellón abarrotado, como hacen cada noche esos jugadores y jugadoras de los que hablan dentro del parqué, cuando son pequeños, y fuera, cuando siguen creciendo.

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