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Camp Nou: cuando el descuento sentenció al Bayern de Múnich

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El Camp Nou en la actualidad tiene el placer de ver en acción a Leo Messi, pero en 1999 acogió una de las finales más épicas y de resultado más inesperado que se recuerdan en el fútbol europeo. El estadio del FC Barcelona acogía la Final de la Champions League 1998/99, con Manchester United y Bayern de Múnich como clubes finalistas. Un duelo que ya se había visto aquella temporada en Liga de Campeones, ya que ambos equipos se habían enfrentado en la Fase de Grupos.

Ocurrió el 26 de Mayo de 1999. Un duelo que dejó marcada las vistas de miles de aficionados, tanto de los ganadores como de los perdedores, ya que los últimos instantes del encuentro produjo una de las sentencias más duras y contundentes que se recuerda. Los ingleses lloraron de alegría, de éxtasis, pero los alemanes lloraron de tristeza, de profunda decepción.

El Bayern de Múnich, que era entrenado por aquel entonces por el alemán Ottmar Hitzfeld, conseguía una alegría inmensa cuando en el minuto 6 conseguía adelantarse, 0-1, con el gol de Basler. Daban el primer golpe sobre la mesa. La grada de aficionados bávaros relucía en alegría, brillaba con luz propia ante el cielo de la ciudad condal. Pero el destino les tendría guardado y preparado uno de los recuerdos más tristes que recordarán siempre.

Todo el partido ganando, con ventaja, sabiendo que un gol del rival no les haría perder, sino forzar la prórroga. Habían conseguido adelantarse pronto, con el golpe moral a su favor. Todo el partido con ventaja, hasta que llegó aquel fatídico tiempo de descuento que, minutos después, dejaría a los jugadores del Bayern de Múnich totalmente decaídos, sobre el césped, abatidos, tras el golpe más duro de sus respectivas carreras deportivas.

En sólo 3 minutos, el Manchester United acabaría dándole la vuelta al partido. Aquella Copa de Europa se marcharía a Manchester de forma épica, sobre la bocina, marcando 2 goles en el descuento, cuando más duele, cuando más afecta a los rivales. Primero, empataban en el minuto 91 gracias al gol de Sheringham. En el descuento forzaban la prórroga, renacían de sus cenizas. Pero lo mejor estaba por llegar. Una vez dentro del partido, tras empatar, llegaría el shock absoluto, llegaría la locura, cuando Solskjær, el delantero conocido como “asesino con cara de niño”, noqueaba al Bayern de Múnich colocando el definitivo 2-1.

Sólo habían pasado 3 minutos. Un corto periodo de tiempo que heló, que desquebrajó miles de corazones. El Manchester llegaba al minuto 90 perdiendo, tras haber ido perdiendo casi todo el partido, desde el minuto 6. Y sí, acabarían ganando con dos goles similares, con remates dentro del área pequeña, ante la atónita mirada de los jugadores rivales, que estaban viviendo despiertos una auténtica pesadilla.

Las grandes dimensiones del Camp Nou permitieron que el ambiente en el estadio fuera grandioso, con 90,245 personas en sus gradas, representando a cada uno de los finalistas, convirtiéndose en testigos directos de una de las finales más épicas de la Historia. Aquella noche quedó para el recuerdo la locura inglesa tras el 2-1, quedó para el recuerdo la imagen del colegiado italiano Pierluigi Collina animando personalmente a unos jugadores del Bayern de Múnich que se encontraban abatidos, sin fuerzas, sobre el césped.

Aquel Manchester United dirigido por el escocés Sir Alex Ferguson acabaría logrando el triplete aquella temporada. Al título europeo se le sumó la Premier League y la FA Cup. En aquella plantilla de Old Trafford ya destacaban nombres como David Beckham, Ryan Giggs, Gary Neville, Dwight Yorke, Peter Schmeichel o Solskjær, que entraron, así, en la historia del club por ser protagonistas de una de las mejores temporadas de la historia del Manchester United.

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