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Calderón, un infortunio y la pasta

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La vida eterna sólo dura un rato, o eso berreaba Fito & Fitipaldis en su “Por la boca vive el pez“. Gustos musicales al margen, lo clavó. ¿No me creéis? Preguntadle a José Manuel Calderón, quien ha pasado, en cuestión de horas, del ostracismo en Los Angeles a la oportunidad de su vida en los Warriors, para volver al limbo del anonimato un rato después. Os dibujo la escena.

En Golden State buscaban un point guard, un organizador, y a estas alturas de la temporada, con el mercado tan rastreado, se hacía muy difícil encontrar algo del agrado de Steve Kerr. En eso que surgió el nombre de Calderón, veterano en decadencia con fama de compañero leal, una figura muy apreciada en los equipos aspirantes al título de cara a crear buen ambiente en el vestuario. El ejemplo más evidente está en los Cavaliers, quien tiene a James Jones como valedor de esta etiqueta. Las incógnitas sobre qué podría aportar eran evidentes: talento con cuentagotas, físico castigado, poca experiencia en NBA en empresas mayores y, sobre todo, dos jugadores de estatus diferentes por encima suya: Stephen Curry, estrella de la liga, y Shaun Livingston, eficaz segundo espada.

Tras confirmarse que los Lakers le cortaban, por razones de proyecto y juventud, el apellido del extremeño sonó también para los Rockets, por ejemplo. Finalmente, y para deseo de ambas partes, el acuerdo entre Calderón y los Warriors cogía cuerpo. Pero el mercado de la NBA no es tan sencillo: durante las primeras 48 horas desde que los Lakers hicieron oficial su despido, cualquier franquicia con espacio salarial podría reclamar a Calderón. En ese caso, el equipo de destino se hace cargo de su salario completo (7,7 millones de dólares). Pasadas 48 horas, el jugador queda libre de firmar con quién quiera por cualquier cantidad. El equipo de destino sólo pagaría el sueldo acordado y los Lakers se harían cargo del resto del sueldo garantizado.

Mientras el base español estaba feliz con esta oportunidad única, en Washington, Gortat se quitaba del medio a Pachulia y este, en una cadena de infortunios, golpeaba con su generosa cabeza en la rodilla y tibia de un Kevin Durant despreocupado. Ni 57 segundos se habían consumido de partido y el alero se retiraba con una ostensible cojera al vestuario. Las alarmas se encendían en la NBA, pero finalmente, el parte médico arrojaba un diagnóstico más esperanzador: esguince de grado 2 en el ligamento colateral medial y una contusión en la tibia. Esto es, baja para cuatro semanas y revisión de la lesión después para ver si está todo bien. Podría incluso disputar algún partido al final de la Regular Season.

El mayúsculo infortunio trastocó los planes de Golden State, que pasó a necesitar un alero con urgencia, siendo Matt Barnes el elegido, lo que apartaba a Calderón del sueño dorado. Ha sido jugador de Golden State Warriors durante 59 minutos. La franquicia de La Bahía anunció el fichaje del base y, como se esperaba, lo cortaron casi una hora después. Al menos, recibirá los 400.000 dólares correspondientes al salario mínimo de veterano. Y, al realizarse la operación dentro del día 1 de marzo, podrá firmar por un equipo que dispute los playoffs. Si nadie reclama su contrato en las próximas 48 horas, será libre de firmar con cualquier franquicia. Suena Atlanta, pero sonaban mejor los Warriors. Qué mala es la vida cuando quiere.

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