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Caballos sin miedo a volar: el transporte más caro de los JJOO

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Michael Rossmann (dpa) | “Los caballos no pueden tener miedo a volar porque no saben que están a 10.000 metros del suelo”: ésa es la frase favorita de Martin Atock, un empresario que se dedica al transporte aéreo de caballos y es responsable de que muchos de los animales que participarán en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 lleguen en buen estado.

En total, más de 200 caballos aterrizarán en aviones en la ciudad carioca para competir en las pruebas de hípica y pentatlón moderno. El viernes volaron los primeros caballos desde el aeropuerto de Stanstead y hoy lo harán más desde Lieja.

“El despegue y el aterrizaje son los momentos en los que hay que tener más cuidado”, cuenta Jan-Hein Swagemakers, el veterinario del equipo alemán. “Cuando el avión ya está estabilizado en el aire todo es más tranquilo y relativamente relajado”.

Normalmente, los caballos viajan de dos en dos en cajas, que son introducidas en las bodegas de los aviones con elevadores eléctricos. “Comen y beben durante el vuelo”, señala Swagemakers. “Algunos incluso duermen un poco”, añade antes de un trayecto de 11 horas y 40 minutos. “He volado asiduamente con caballos y lo llevan bien. Es menos inestable que un camión”.

La cinco veces campeona olímpica de doma Isabell Werth viajará el lunes a Río desde Lieja. “He volado muchas veces con caballos. Pero los caballos que vamos a llevar a Río aún no volaron nunca”.

 

Después de aterrizar en Río, los cuadrúpedos son transportados en camiones. “Se tarda en llegar a la zona olímpica unos 29 minutos”, dice Friedrich Johannsmann, que tiene un negocio de transporte de caballos. Johannsmann envió en marzo a Río el primero de sus cuatro camiones. “Vamos siempre escoltados por la policía delante y detrás de los camiones”, explica el empresario. Los nueve vuelos de Europa y Estados Unidos que aterrizarán en Río con caballos lo harán por la noche para que el transporte por carretera desde el aeropuerto no coincida con ningún atasco. “A esas horas las carreteras están vacías”.

Las instrucciones son concisas y hay que seguirlas al pie de la letra. Los animales no pueden tener contacto con otros caballos autóctonos de Brasil. Y los caballos de las delegaciones sudamericanas no podrán viajar a Río por carretera: lo tienen que hacer en avión. “Después de cada viaje, desinfectamos nuestros camiones de forma meticulosa. Todos los caballos tienen que llegar y volver sanos”, dice Johannsmann.

El negocio de los caballos mueve muchísimo dinero. Un caballo de saltos de clase mundial puede costar tres o cuatro millones de euros. Y el transporte tampoco es precisamente barato. Enviar a un caballo en avión a Río asciende hasta los 20.000 euros, unos costes que asume el comité organizador de los Juegos. Las federaciones, sin embargo, tienen que pagar de su bolsillo el envío de los caballos suplentes.

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